Ciudad Juárez se ha convertido en el limbo para los migrantes deportados bajo el Título 42, mismos que hacían largas filas esperando su turno para cruzar el muro fronterizo hacia El Paso y solicitar asilo político.
Para ellos cruzar de manera ilegal se ha vuelto imposible, debido a la fuerte presencia militar por parte de los Estados Unidos. Alambres de púas a la orilla del río y mallas metálicas mitigaron el paso de los migrantes, quienes solían aprovechar los espacios libres del muro.

Ahora se les puede ver vagando en la zona centro o muy cerca del bordo fronterizo, solos o en grupo, a veces en los cruceros, donde limpian parabrisas para conseguir algo de dinero, aunque tampoco faltan aquellos con carteles con los que solicitan ayuda.


Roxana María Rojas, su esposo, su hijo y sus dos niñas pequeñas, una de ellas aún en brazos, llegaron hace pocos días desde Venezuela y ni siquiera tuvieron la oportunidad de cruzar el río para solicitar asilo al Gobierno estadounidense a causa de la militarización de la frontera.
“Ya no quiero regresar a Venezuela, no está en mis planes. Me gustaría hacer una vida en Estados Unidos por mis hijas, donde puedan estar tranquilas, tener una buena educación y sobre todo una buena alimentación, porque por eso salimos del país, por la alimentación, el sueldo no te alcanza”, relató Roxana.


En Venezuela ella trabajaba en una peluquería, mientras que su esposo era veterinario y exmilitar; en su camino ante una posible vida mejor, han quedado varados en Ciudad Juárez. El esposo de Roxana limpia vidrios en un crucero y ella junto a sus hijos lo acompañan en el camellón, expuestos al viento helado; sin embargo, la peor experiencia que han vivido durante su trayecto fue haber sido víctimas de robo al abordar el tren en la Ciudad de México.
Solían hospedarse en un hotel desde que llegaron hace un par de semanas, pero rápidamente se agotaron sus recursos. No les quedó otra opción más que buscar un albergue.

“Quiero pasar legal, que Estados Unidos nos abra las puertas. Queremos trabajar y hasta estudiar. Intenté entrar ilegal y no se puede, hay seguridad por todos lados. Está bien cuidado”, mencionó Roxana, además de señalar la discriminación que han padecido desde que dejaron su país.
Ciudad Juárez permanecerá como ese espacio en el que los migrantes como Roxana, su familia y muchos otros, de distintas nacionalidades, se sienten lejos de su origen y destino, vulnerables y con incertidumbre. No quieren quedarse aquí, en su limbo desértico.
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