El triunfo se obtuvo este miércoles en un ambiente extremadamente cálido en el Complejo La Tribu, ubicado en Ejército Nacional y Júpiter, donde el apoyo de “la barra de los abanicos rojos” comenzaba a sentirse desde antes que el árbitro diera el silbatazo inicial, mientras que el factor principal a tomar en cuenta eran los 36 grados Centígrados que prevalecían con un cielo mayormente despejado.
Así, La Tribu de Ciudad Juárez recibiría a los Cachorros del Fut-Car de León, Guanajuato, en el partido correspondiente a la semifinal de Zona B de la Liga Tercera División Profesional.

En la base de la pirámide del futbol mexicano la competencia se siente distinto: el clima, la cancha, la grada se siguen usando como factor intimidatorio y se juega por pasión, identidad, orgullo y demostrar que hay maneras distintas de jugar los 90 minutos del llamado el deporte más hermoso del mundo.
No hay asientos numerados ni campañas de mercadotecnia, mucho menos entradas a sobreprecio; quienes no alcanzan lugar en las gradas, se van colocando en los alrededores de la estructura metálica que delimita el perímetro del área del juego.
La mayoría de los asistentes se conoce desde hace años porque cada semana han venido a este lugar religiosamente para ver crecer a sus hijos, sobrinos o nietos, quienes no solo crecen en cuerpo, sino también en habilidades futbolísticas.
Esta es una ocasión especial, La Tribu de Ciudad Juárez ha llegado a donde ningún otro equipo juarense había llegado dentro de la categoría de bronce del fútbol mexicano.
A lo largo de la historia, no ha habido un ascenso de jugadores fronterizos por méritos deportivos de la Tercera a la Segunda División Profesional. La principal razón es el sistema de competencia en el que, cada año, más de 300 equipos buscan uno de los dos ascensos disponibles en esta división.
Desde hace un mes, La Tribu ha jugado series de matar o morir, desde dieciseisavos de final hasta llegar a las semifinales, siendo uno de los ocho mejores equipos de todo el país.
Este resultado no es obra de la suerte o que hayan tenido un torneo extraordinario, es fruto del trabajo de años que el profesor Jorge Villa ha impuesto bajo su mando al frente de la Tribu, clasificando de manera consecutiva a la fase final por séptima ocasión consecutiva.
El éxito y las victorias se han convertido en el hábito más importante de esta escuadra, que ahora busca consolidarse como la mejor escuadra de la Tercera División.

Antes de que el partido empiece y la emoción se desborde en este recinto, hay un breve momento de calma en el que dejan de sonar en las tamboras, ya que mientras los jugadores reciben las últimas indicaciones del profe Villa, antes de salir al campo, sus madres elevan una oración al cielo:
“Te dedicamos, señor, el partido de hoy, sea cual sea el resultado. Que disfruten el juego de hoy. También te pedimos, señor, les des seguridad para que acepten las cosas que no pueden cambiar, valor para cambiar las que sí pueden y sabiduría para marcar la diferencia… ¡Vamos, Tribu!”, fue el rezo colectivo.
El estruendo de los tambores retumban en los oídos de los presentes, conforme los jóvenes juarenses, vestidos de blanco con detalles en rojo, salen a la cancha para defender su casa ante el equipo guanajuatense que también sueña con el ascenso.
Las familias y amigos de los jugadores que están en las gradas ahora son parte de una misma hinchada, una que disfruta y alienta hasta quedarse sin aliento, que insulta y presiona a la visita, así como a los árbitros, intentando ayudar a los locales a conseguir la victoria.
El partido comienza y los locales se abalanzan hacia el ataque, mientras que los visitantes, por conveniencias físicas y climáticas, hacen patente que su postura en este partido será esperar en su propio campo al equipo juarense.
Sin embargo, la defensa de la Tribu empieza desconectada, y pagan caro un error de concentración: un pelotazo hacia su área, terminó por ser rematado por Ricardo Abraham Caldera, delantero de Cachorros Fut-Car, que puso el primer gol del partido.
La anotación visitante, despertó un enojo bastante particular, no solo en la afición, sino también en los jugadores, que comenzaron a atacar con más intensidad la meta visitante.
Bajo las órdenes del capitán y maestro de esta orquesta, Jesús Alejandro Reyes, La Tribu intentó buscar los espacios por los que pudiera atacar a los guanajuatenses, pero todos sus intentos en el primer tiempo fueron en vano y, salvo alguna ocasión aislada de peligro, no lograron causar mayores estragos en la portería rival.
Tras los primeros cuarenta y cinco minutos, los juarenses se iban al medio tiempo con el resultado en contra.
No obstante, entre los presentes no se sentía preocupación por la situación. Era como si se supiera que, tarde o temprano, la Tribu se pondría al frente en el marcador.
El abuelo de uno de los jugadores, y principal guía para esta crónica, fue reacio en afirmar: “ahorita va a ver cómo sacan el juego”.
Mientras tanto, su hija Amaya Bonilla, madre de Jesús Yibram Morales y la principal encargada de animar a “la barra de los abanicos rojos”, expresó sentirse más que contenta por ver hasta dónde ha llegado el equipo.
Resaltó que esta temporada en particular ha sido más difícil que otras, ya que el equipo, comenzó con un paso irregular, con muchos jóvenes en el plantel, que tardaron un rato en encontrar su mejor versión.
Pese a ello, no solo se convirtieron en los mejores de su zona, sino también, en uno de los mejores equipos de México.
Al resto de aficionados del futbol juarense les manda un atento mensaje, puntualizando en que “hay más maneras de vivir el futbol en la frontera”; además, es enfático en invitarlos a seguir el camino de La Tribu “porque para el próximo año, nos veremos en Segunda División”.
Comenzó el segundo tiempo y continuó el mismo tenor del partido; la Tribu atacando y los Cachorros resistiendo los embates. Dicho escenario provocó un cambio de planteamiento por parte del profe Villa, quien comenzó a sacar de la banca parte de su mejor arsenal ofensivo.
Con piernas más frescas, Santiago Mena Soriano, El Pollo –como le decían en la grada– comenzó a causar estragos rápidamente en una defensa rival, a la que ya se le empezaban a observar muestras claras de fatiga por el extremadamente alto calor juarense.
Con el cabello teñido de blanco y su descaro al encarar a sus rivales, consiguió una jugada mágica: desde el fondo de la banda izquierda comenzó a quitarse rivales, entró al área enemiga y con un zapatazo de pierna derecha provocó la euforia en la grada, empatando el marcador.
El partido se convirtió en una fiesta en las gradas que, conforme pasaban los minutos, veían cada vez más cerca la tan ansiada victoria, aunque los visitantes supieron vender cara la derrota, tanto con acciones defensivas como desquiciando a los locales, haciéndolos perder tiempo con faltas o alguna que otra simulación de una lesión.

Cuando se jugaban los últimos 15 minutos del juego y en medio de una batalla en la que se peleó cada milímetro del campo, la Tribu se encontró con un tiro libre cerca del área.
Cobrado por la pierna derecha del capitán, intentó ser rematado por el delantero Bryan Alejandro Grijalva, quien se impactó en contra del portero visitante; el rebote quedó en la pierna derecha de El Pollo, quien empujó el balón a la portería, dando el gol de la victoria a la Tribu.
En medio del festejo y ante la duda de que el gol podría ser anulado por una falta el portero, la señal del árbitro central confirmó la anotación para los locales y provocó un júbilo máximo en las gradas.
El partido avanzó hasta su ocaso y la Tribu intentó aumentar la diferencia en el marcador, pero en los rostros y piernas de los jugadores se hizo notorio el cansancio y probables síntomas de insolación. Los cartones definitivos anunciaron una victoria de 2 goles a 1 en favor de la Tribu.
Ahora, el siguiente capítulo se escribirá el próximo sábado 16 de mayo en punto de las 4 de la tarde, en el Instituto Oviedo Campus Náutico, en León, Guanajuato, donde Cachorros y Tribu definirán qué equipo puede seguir soñando con conseguir el añorado ascenso a la Segunda División Profesional.
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