Con las clases en línea, muchos estudiantes han dejado de realizar tareas que los maestros asignan en la sesión, anteponiendo pretextos para retardar lo inevitable: elaborar los trabajos rezagados. Con la evasiva de que no pudo entrar a clase, hasta el cuento de no tener internet. Los alumnos han preferido ocuparse en otras actividades, sobre todo, aquellas de carácter lúdico (videojuegos, Netflix, redes sociales y otras más), las cuales están absorbiendo el tiempo que se tendría que ocupar en realizar las prácticas académicas del día.
El hábito de acumular pendientes es un mal arraigado culturalmente, una acción que se transmite dentro del seno familiar, claro, siempre hay excepciones, sin embargo, romper con esta “tradición” está al alcance de cualquiera que tenga un poco de voluntad para hacerlo.
La mayoría de los docentes están conscientes de la carga de trabajo que los estudiantes tienen, y no únicamente de la responsabilidad académica, sino del peso socioemocional que los niños y jóvenes vienen acumulando desde que las restricciones para salir a parques, museos, cines, centros comerciales, etcétera, comenzaron a raíz de la pandemia. Aunque, cabe destacar que así, como hay maestros dispuestos a no sobrecargar a los estudiantes con trabajos que llevaría un tiempo significativo para realizarlos, también hay aquellos que a diestra y siniestra encargan tarea de sobra.
Volviendo al punto clave, el procrastinar no lleva a nada bueno. Ser constante y disciplinado es esencial para disfrutar a largo, mediano o corto plazo, los beneficios de haber concluido con las responsabilidades que como estudiantes se tienen.

Sigue estos útiles consejos para dejar a un lado la flojera y sacarle provecho al día:
- Da un pequeño primer paso. Si temes a una tarea por el motivo que sea, plantéate trabajar solo 5 minutos y dejarlo.
- Las rutinas ayudan. Si conviertes las tareas repetitivas y aburridas en rutinas, terminarás haciéndolas sin apenas esfuerzo.
- Toma decisiones. Muchas veces vas aplazando una tarea inconscientemente, simplemente porque no te paras a pensar en ella. Dedica un par de minutos para aclarar qué significa realmente esa tarea y toma una decisión al respecto.
- Haz un seguimiento de tu tiempo. Anota en algún sitio qué tareas realizas cada día y cuánto tiempo has dedicado a cada una.
- Gestiona tu energía, no tu tiempo. Es importante que trabajes en tus mejores momentos. Si estás agotado o de mal humor, tus probabilidades de procrastinar aumentan considerablemente. Para tener una mejor actitud, descansa lo suficiente, controla tu nutrición y haz ejercicio.
- Establece una recompensa para cuando termines esa tarea que se resiste. Motívate pensando en lo que harás después de hacerla, algo que realmente te apetezca, te relaje y no suponga ningún esfuerzo. Define tus propios incentivos.
- Utiliza una lista de tareas corta. Una lista larga puede arruinar tu sensación de control y convertirse en una fuente de estrés y frustración.
- Evita las distracciones. Cuantas más tentaciones tengas para hacer otra cosa en vez de lo que tienes que hacer, más fácil será procrastinar. Mantén el móvil, las notificaciones y el acceso a internet desconectados cuando te dispongas a afrontar tareas complicadas.
Por Carlos A. Rodríguez / profecarlos013@gmail.com
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