Aunque expertos en la materia aseguran que como sociedad vamos por buen camino, las personas con alguna discapacidad continúan sufriendo de discriminación y enfrentan muchas dificultades en una ciudad que no tiene las condiciones adecuadas para que puedan movilizarse con total seguridad.
En visita a Juárez, Luz Estela Sánchez Valverde, trabajadora social de la Dirección de Grupos Vulnerables y Prevención de la Discriminación de la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común (Sdhybc), mencionó que a través de talleres dirigidos a la población en general, buscan sensibilizar sobre las limitaciones que enfrentan las personas ciegas, sordas o con alguna discapacidad motriz.
“Todavía nos falta mucho. Efectivamente, lo vemos cuando realizamos este tipo de talleres, pero creo que vamos avanzando poco a poquito. Uno de los temas que se da dentro del taller es el proceso que ha seguido la sociedad en la búsqueda de una verdadera inclusión. Se han abierto puertas, se han realizado mejoras y la actitud de la sociedad va encaminada a una verdadera inclusión”, aseguró.
Sin embargo, aún enfrentan situaciones de discriminación en muchos lugares. Por ejemplo, cuando el equipo que la acompaña acude a ciertos restaurantes u hoteles, le niegan el ingreso a Fiesta, el perro guía que acompaña a Jaime Alberto Madrid, quien es ciego.
Inclusive, en algunos hoteles pretenden cobrarles un monto adicional porque el animal esté en sus instalaciones, lo que atribuye a una “falta de información” de las personas que atienden estos establecimientos, quienes no entienden que Fiesta es un instrumento para que Jaime pueda desenvolverse.
El mismo Jaime Alberto asegura que falta mucha accesibilidad en la ciudad y conocimiento en algunas personas sobre las limitaciones que las personas con discapacidad deben enfrentar en su día a día. Además de los hoteles y restaurantes, también le han impedido abordar vehículos de plataforma porque siempre viaja con su perro guía.
Denuncia que los automovilistas no respetan los cruces peatonales, muchas zonas carecen de rampas para las sillas de ruedas y muchas de las que existen en Juárez no cumplen los requisitos para ser realmente útiles, pues deben tener una pendiente del 6 al 10 por ciento, equivalente a un ángulo aproximado de entre 3.4 y 5.7 grados.
Sobre el llamado lenguaje incluyente o vocabulario de inclusión, Jaime dice: “En mi caso, soy ciego o persona con discapacidad visual, no somos invidentes; quien usa una silla de ruedas no es minusválido, sino persona con discapacidad motriz; tampoco existe el sordomudo, sino que los sordos no hablan porque no estudian”.
Asegura que el llamado lenguaje inclusivo no es tal y lo define como “una moda que se le ocurrió a alguien y le pegó”, pero no habla de inclusión.
“Es más importante este lenguaje de inclusión hacia las personas con discapacidad; aprender lenguaje de señas o cómo guiar a una persona ciega o en silla de ruedas porque la discapacidad sigue creciendo a pasos agigantados”, asegura Jaime.
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