Desde la lejanía le llega a Mirone la versión de que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo estará en tierras chihuahuenses durante la tercera semana de septiembre, es decir, poco después de que termine la ronda de informes de los Gobiernos estatal y municipales.
El lugar aún no se ha confirmado, aunque desde ahora se pueden adelantar dos datos: que Juárez va “ganando” la competencia por tener a la presidenta en plan de presentadora de su II Informe y que no estará en la capital del estado.
La visita a Chihuahua es parte de una serie de giras que realizará la mandataria a lo largo y ancho del país para presentar los resultados de su segundo año de gobierno a las “fuerzas vivas” de cada entidad.
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Es aquí donde se aviva el morbo, porque es bien sabida la rasposa separación que mantiene el Gobierno de la presidenta respecto del de la gobernadora del estado, María Eugenia Campos Galván.
La expectativa girará en torno a quién de los grandes capitanes del capital chihuahuense va y acompaña a la presidenta, o quiénes se subieron ya al camión de la campaña prianista, cuyo discurso tendrá un tono recalcitrante anti-4T.
El otro dato que alimenta el morbo es si, para entonces, Morena y sus aliados ya decidieron quién será la persona bendecida con el cargo de “coordinador estatal de Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional”. La candidatura al Gobierno del Estado, para que se entienda.
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¿Será un informe o parte de una operación cicatriz?
Porque, para entonces, dos personalidades del morenismo juarense estarán en polos opuestos: uno o una, festejando su postulación, y la otra o el otro, rumiando su coraje o pensando seriamente en lanzarse por otro partido.
Hasta ahora, a la presidenta le ha ido bien en Juárez: se junta —o le juntan— audiencias nutridas y recibe aplausos del “respetable”, pero no tenía campañas encarreradas. Ni los prianistas andaban tan sueltos y vociferantes como hoy, ni los morenistas tienen candidaturas definidas.
El hecho es que, para cuando venga, lo que menos atención va a recibir serán los 26 mil millones de pesos que dice haber invertido en el estado, la tecnificación del Distrito de Riego 09 o la carretera a Bavispe. Eso ya lo sabemos.
Lo que no se sabe es en qué traza quedará su partido para ese entonces.
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Manolo Jiménez dijo que no quería meterse demasiado en la parrilla ajena y terminó dejando la carnita en el asador, pero bien que trajo el guacamole y las salsitas para la “discada” de partidos políticos anti-4T que se está armando en Chihuahua.
El gobernador de Coahuila fue cuestionado -durante su visita a Chihuahua- sobre Marco Bonilla y las posibilidades del alcalde de Chihuahua de convertirse en una de las cartas fuertes del PAN para la elección de gobernador de 2027.
“Como dicen, el respeto a la parrilla ajena es la paz”, respondió el coahuilense, antes de reconocer que Bonilla tiene algo más que buenos deseos para buscar la candidatura: tiene ya la bendición de los “notables” —¿notables?, ¿alguien todavía los “nota”?— del PRI y de las alturas del PAN.
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Sin embargo, el gobernador de un estado que algo sabe acerca de cómo les puede ir si no van aliados la puso fácil: en Coahuila ganaron cuando se gritaron “¡todos juntos ya!”, como cuando él resultó electo gobernador, pero cuando cada quien agarró su rumbo les fue tan mal que hasta el PAN perdió el registro.
¿Será que ve venir que a su partido, el PRI, le puede pasar lo mismo que a los panistas de Coahuila?
“Yo siempre he sido partidario de las alianzas”, dijo afanoso, poco antes de entrar al recinto donde Marco Bonilla presentaría su Segundo y último informe como presidente municipal, ya en su segunda gestión.
Sin embargo, no traía el mismo cassette ni la misma cancioncita que vienen entonando panistas y priistas en el estado. No necesitan hacer un amasijo con todos los partidos y plantarse ante el electorado con esa cara más disforme que una pintura de Picasso.
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El coahuilense, pieza clave de lo que le queda al PRI, habló de evitar una sopa de siglas donde nadie sabe quién es quién.
Es decir, mejor ir juntos… pero no revueltos.
Un solo candidato respaldado por dos, tres o hasta cuatro partidos, pero con cada organización conservando su identidad y haciendo campaña con sus propios colores. No suena mal: ya lo han hecho antes y les ha funcionado.
Una especie de matrimonio electoral con habitaciones separadas.
Porque, mientras el PRI y el PAN locales hacen cuentas, miden fuerzas, tantean candidatos y calculan quién gana qué con una eventual alianza, desde Coahuila llega un gobernador priista a decirles algo que quizá no quieran escuchar: la competencia entre aliados puede terminar beneficiando al adversario.
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La Secretaría de Educación y Deporte (SEyD) enfrenta un problema mucho más grave que el reclamo de un grupo de egresadas de la Escuela Normal de Saucillo, quienes demandan una plaza para ejercer la profesión magisterial para la que estudiaron con tanto ahínco.
El reclamo de las personas inconformes, los plantones, las marchas y las tomas de edificios, como los que ocurrieron a lo largo de la semana, son solo un aviso de lo que vendrá en un futuro muy próximo, cuando el Gobierno del Estado deje de contratar maestros. Ese día está muy próximo.
Y que deje de contratar es, digamos, el mal menor, porque hay estados donde, de plano, ya están liquidando docentes y cerrando planteles educativos. Así de graves están las cosas.
Ya le explicaron a Mirone por qué, y aquí les va la canción completa. Spoiler: no les va a gustar la tonada a muchos.
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Las plazas docentes se otorgan en función de la matrícula que se registra en cada ciclo escolar, con base en un estimado de que a cada maestra o profe le corresponden 45 alumnos, que es el cupo máximo para un grupo de una escuela del sector público.
El problema es que, lejos de ir en aumento, la demanda ha ido a la baja, no digamos en los últimos años, sino durante el cuarto de siglo más reciente.
Año con año, según las cifras de la SEyD, la matrícula baja entre 30 mil y 45 mil alumnos, y eso, por obvias razones, se traduce en grupos más pequeños, aulas casi vacías e, incluso, escuelas desiertas.
Nada más es cuestión de ver las cifras: para el ciclo escolar 2026-2027 se inscribieron 632 mil 169 alumnos que irán al preescolar, la primaria o la secundaria. En el anterior fueron 679 mil 956. Es decir, de un ciclo a otro “perdimos” 47 mil 787 alumnos.
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¿Culpa de alguien? Difícil responder, porque esta baja deriva de un declive en la tasa de natalidad que ya resienten decenas de países en el mundo, y Chihuahua es una muestra de ello, pues, de acuerdo con cifras del Conapo y el Inegi, es una de las entidades con la menor cantidad de nacimientos por cada 100 mil habitantes.
Venimos a dar a este punto porque es ahí donde está el detalle de por qué no se pueden contratar más maestros, menos aún en la cantidad que piden los egresados de Saucillo.
Y falta todavía lo peor: si hubo 47 mil 787 alumnos menos, a razón de 45 por grupo —según los parámetros de la SEP—, quiere decir que “sobran” mil 62 profes.
¿Ya ven qué complicado está el asunto?
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Poco en broma, poco en serio, los estudiantes de diversas carreras de la UACH ya le llaman “víacrucis” al acto y efecto de ir al baño dentro de su plantel.
No les falta tino, porque deben recorrer algo así como seis o siete “estaciones” —no las catorce de la tradición católica— antes de llegar al lugar adecuado para hacer las necesidades fisiológicas que todo ser humano enfrenta varias veces al día.
Y no es cuestión de recorrido, de condición física para subir de un piso a otro, de pasarse a otro edificio o, de plano, de hacer fila frente al único baño que funciona. No. Es casi cuestión de suerte encontrar un WC que tenga agua y retretes en pleno funcionamiento.
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Estudiantes que viven ese calvario —algunos, por cierto, que enfrentaron el serio peligro de alguna “caída” antes de llegar al baño— nos cuentan que ya no piden más que los servicios sanitarios tengan agua. Lo de tener jabón para lavarse las manos o toallas para secárselas es un lujo. Hace tanto que no ven eso en sus instalaciones sanitarias que ya hasta se les hace normal.
Lo que realmente se ve extraño, cual baño de central camionera, es que el papel sanitario —cuando hay— esté colgado afuera del cuarto de baño.
El pésimo servicio sanitario no es el único detonador que está moviendo las inconformidades de los estudiantes hacia las direcciones de sus facultades y, muy en especial, hacia la Rectoría de la UACH, pero sí es uno de los que ya está haciendo crisis, de tan grave que se ha puesto el problema.
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Y mientras el recorrido por los “siete baños” continúa, la Rectoría de la UACH contesta con retórica vieja, al más puro estilo del priismo de los años setenta, que ya se “está atendiendo la situación”. ¿Cómo?
La UACH maneja un presupuesto superior a los 2 mil millones de pesos —aprobado por el Congreso del Estado—, recibe ingresos por matrículas y por el famoso Impuesto Universitario, y tiene sus planteles ubicados en colonias que cuentan con todos los servicios.
Entonces, ¿por qué no tienen agua?
Y ese es solo uno de los fierros que trae el rector Luis Alfonso Rivera Campos en la lumbre.
Espérense, porque Mirone está enterado de que ahí vienen más.
Don Mirone