La visita de Claudia Sheinbaum a Chihuahua fue mucho más que un resumen de los actos de gobierno de su segundo año en la Presidencia, pues el evento tuvo al menos tres componentes que probablemente no figuraban en el guion de los promotores de la gira, pero que terminaron imponiéndose en la relatoría de lo ocurrido el sábado 19 en la Plaza de la Mexicanidad.
Primero, los reclamos sociales por problemas viejos, de esos que sobreviven a discursos, campañas, promesas y cambios de partido, todo ello en una ciudad que durante los últimos 30 años ha cambiado al menos cuatro veces de signo partidista, pero que no ha podido cambiar con la misma facilidad sus rezagos.
Segundo, la disputa por la candidatura de Morena al Gobierno del Estado, con Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez aprovechando la visita presidencial para fortalecer posiciones frente a una encuesta cuyo resultado está por conocerse; dicho de otra manera, mientras la presidenta venía a rendir cuentas de 2026, varios de los presentes ya estaban haciendo cuentas para 2027.
Tercero, la reunión privada entre Sheinbaum y la gobernadora María Eugenia Campos, protagonistas durante meses de una confrontación política y mediática que había producido muchos reclamos, varios desencuentros y muy pocas conversaciones frente a frente.
Todo ocurrió bajo un discurso de soberanía, historia y autodeterminación, pronunciado frente al símbolo de la mexicanidad y a unos cuantos metros de Estados Unidos.
El escenario no pudo ser más apropiado, tampoco las contradicciones.
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La cuarta gira de Claudia Sheinbaum por Chihuahua tuvo de todo: rendición de cuentas, repaso histórico, mensaje de soberanía desde la frontera, encuentro con la gobernadora, protestas de la oposición, pasarela de aspirantes y ciudadanos con pancartas intentando meter sus problemas en una agenda copada por los grandes discursos.
El acto se llamó “Honestidad y resultados”, pero alrededor de la Plaza de la Mexicanidad se disputó algo más: el relato de lo que ocurre en Chihuahua y, particularmente, en Ciudad Juárez.
Sheinbaum aprovechó el mes patrio para recorrer la historia nacional, desde Hidalgo, la Intervención Francesa, el Porfiriato y la Revolución, hasta las transformaciones que, desde su perspectiva, desembocaron en la llamada Cuarta Transformación. No fue solamente una clase de historia, porque la presidenta trazó una línea entre aquellas luchas y su movimiento, al que vinculó con la soberanía, la libertad, la igualdad, la justicia social y la democracia.
“Los pueblos que no tienen memoria tampoco tienen brújula”, dijo.
La frase no pudo encontrar mejor escenario que Juárez, esa ciudad pegada al río Bravo donde todos los días se cruzan mercancías, trabajadores, familias, migrantes, presiones económicas y decisiones tomadas desde ambos lados de la frontera, solo que mientras Claudia hablaba de 1810, abajo del templete ya estaban pensando en 2027.
Por ahí aparecieron Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, entre simpatizantes, funcionarios y operadores. No hubo destape ni señal pública definitiva, pero sí fotografías, sonrisas, acercamientos y muchas miradas tratando de descifrar hacia dónde apuntaba la brújula presidencial.


Sheinbaum habló de Hidalgo; Andrea y Cruz parecían estar pensando en la gubernatura.
Cada quien sus héroes y cada quien sus batallas.
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Antes, estuvo Maru Campos, quien, después de meses de desencuentros, reclamos y comunicaciones poco fluidas, finalmente se sentó frente a frente con la presidenta.
En la mesa estuvieron la seguridad, el agua, el gusano barrenador y otros asuntos estatales.
El PAN, por cierto, sacó a las calles sus propias mantas para reclamar por baches, inundaciones, inseguridad, infraestructura pluvial y falta de atención de la Federación. Las imágenes fueron evidentes, aunque los problemas tengan responsables cómodamente repartidos entre los tres órdenes de Gobierno, porque ya se sabe que, cuando se trata de presumir, todos levantan la mano, pero cuando llega el momento de responder, todos señalan hacia otra oficina.
Afuera estaban quienes no llegaron por una candidatura, una fotografía o un lugar cerca del templete: familias de menores víctimas de abuso sexual, defensores de El Chamizal y del río Bravo, opositores a los centros de datos por el consumo de agua y familiares vinculados con el caso del crematorio Plenitud.



Unos llevaron lonas impresas y otros, cartones escritos a mano; adentro estaban el escenario, el sonido y la escenografía presidencial, mientras afuera estaban los nombres, los expedientes y las causas pendientes.
La presidenta habló de un pueblo protagonista de la historia, pero en las inmediaciones de la X una parte de ese pueblo llegó a pedir algo bastante más sencillo: que la escucharan.
Andrea y Cruz consiguieron sus fotos, Maru obtuvo el encuentro y el PAN colocó sus mantas; falta saber qué consiguieron quienes llegaron con los nombres de sus hijos escritos sobre un pedazo de cartón.
Indudable es que la brújula de la clase política ya apunta hacia 2027 y la de los ciudadanos sigue en busca justicia.
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El PRI no cierra la puerta, pero tampoco abre la carta de amor que le mandan desde el PAN. Ni dice que no ni dice cuándo, como se canta en el “Son de la negra”.
Durante la sesión solemne de instalación del otrora todopoderoso Consejo Político Estatal, Alejandro Domínguez, presidente del Comité Directivo Estatal, informó a sus compañeros de partido que se sigue “trabajando” en una alianza, así, en abstracto y sin mencionar por su nombre completo a Acción Nacional.
Lo dijo con cierto dejo de desgano, como quien sabe —así lo ha expresado, le cuentan a Mirone— que la negociación comenzó tarde y que difícilmente alcanzarán un reparto de posiciones y votos como el obtenido en 2024.
Ni de cerca volverán a “sacarle” al PAN tres de las nueve diputaciones federales, ni una bancada de cuatro diputados en el Congreso del Estado.
Ante sus consejeros, Domínguez aseguró que continúan sentados en la mesa de negociación y que pronto habrán de alcanzar “nuevos acuerdos”.
Así nomás, sin ofrecer datos ni cifras, precisamente lo que más le apura conocer al priismo de base.
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Porque así como lograron “bajarle” distritos al PAN en 2024, también cedieron candidaturas en municipios donde aspirantes priistas se sentían suficientemente perfilados para ganar por cuenta propia y sin necesidad de una alianza.
Lo abierto de ese “seguimos negociando” no despejó ninguna duda ni desinflamó la ampolla que desde hace días provoca la posibilidad de una cesión excesiva al PAN, con tal de acompañarlo en la candidatura al Gobierno del Estado.
Lo que hizo Domínguez, y el PRI con él, fue informarles de entrada a su base y al PAN que ya cuentan con una estructura: un Consejo Político integrado, según sus propias cifras, por 377 consejeros. ¡De dar miedo!
Aunque, por la cantidad de consejeros que rindieron protesta y por el tamaño de la congregación —no más de 400 personas en su local de la colonia Dale, en la capital del estado—, queda claro que los priistas necesitan meterle más a las pesas y al “gym” para presumir un poco más de musculatura frente a su probable aliado.
Una cosa es anunciar que ya se tiene músculo y otra muy distinta llenar el gimnasio, digo.
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Por si no quedó claro, Domínguez ya lo dijo: se están explorando alternativas.
La frase sirve para mantener abierta la puerta, contener a la militancia, no disgustar al PAN y, de paso, evitar comprometerse con algo que todavía no está amarrado.
Lo que avanza, según le cuentan a Mirone, es una candidatura común al Gobierno del Estado, sin que ello implique, por ahora, una alianza completa para repartir diputaciones, alcaldías, sindicaturas y regidurías.
Y hasta ahí, por el momento.
El PAN manda cartas de amor; el PRI las recibe, las guarda y sigue revisando la dote.
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En las horas finales de la contienda por conseguir la precandidatura de Morena al Gobierno del Estado de Chihuahua, sus dos principales cartas, Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, le metieron fuerte al acelerador durante esta semana, buscando a los “votantes” casa por casa.
Contingentes integrados por unas 20 personas, cuidadosamente ataviadas con chaleco y gorra de color guinda, además de camiseta blanca con el nombre de Andrea Chávez, recorrieron entre el lunes y el viernes colonias de la capital y de otras ciudades del estado.
Entre los encuestadores había personas de la tercera edad que formulaban preguntas sencillas: “¿Usted conoce a Andrea Chávez?” o “¿Votaría por ella en la elección de gubernatura?”.
Carpeta y formato en mano, los promotores solicitaron el nombre y el número telefónico de sus entrevistados, aunque —le cuentan a Mirone— tuvieron el cuidado de no pedirles la credencial de elector, como suelen hacerlo otros.
Para cerrar la visita, entregaron un tabloide de ocho páginas, impreso a todo color, cuya portada lleva por título “Soberanía SÍ; injerencia NO” (sic).
Son los últimos estertores de una campaña que llega a su fin y cuyo desenlace podría conocerse en las próximas horas.
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Cruz Pérez Cuéllar, por su parte, anduvo del tingo al tango durante la semana, celebrando reuniones con personas que bien podrían ser abordadas por las encuestadoras contratadas por Morena para medir quién cuenta con mayor respaldo en el estado.
El martes estuvo en Cuauhtémoc, donde encabezó asambleas con grupos de ciudadanos que, si no son militantes de Morena, al menos simpatizantes sí. Materia de encuesta, pues.
Luego siguió en la capital, más o menos con la misma tónica: hablarles a los de “adentro” para llamarlos a defender los logros de la Cuarta Transformación, sobre todo la obra realizada por el actual Gobierno federal en la entidad.
Es un auténtico “corre que te alcanzo”, porque mientras ella y él todavía andan raspando la suela, en otras diez entidades Morena ya designó candidaturas y, a estas alturas, sus operadores están más ocupados en remendar las heridas que dejó la batalla y en evitar que los aliados se les vayan a competir por su cuenta.
En Chihuahua, en cambio, los aspirantes siguen corriendo mientras esperan que desde el centro les avisen dónde colocaron la meta.
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Como era de esperarse, tanto Cruz como Andrea y los demás contendientes que andan a la caza de una candidatura se apuntaron para recibir a la presidenta Claudia Sheinbaum durante su visita a Ciudad Juárez.
No solo hicieron fila para completar el “montón” en el aeropuerto, primero, y en la Plaza de la Mexicanidad, después, sino que también se dedicaron a inundar las redes sociales con mensajes de apoyo a Sheinbaum y críticas acerbas contra la gobernadora María Eugenia Campos, por su intento de —dicen ellos— “ponerle la agenda” a la primera mandataria del país.
Es el último jalón de la contienda y, como ya se ha visto en muchas competencias, a veces, cuando faltan apenas dos pasos para llegar a la meta, quien ya levantaba los brazos en señal de victoria descubre, sorprendido, que alguien lo rebasó en el último momento.
Andrea y Cruz aceleraron, movilizaron promotores, convocaron simpatizantes y pelearon cada fotografía presidencial; ahora solo falta saber quién calculó mejor el cierre y quién levantó los brazos antes de tiempo.
Aguas con eso.
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Por lo visto, a la Secretaría de Educación y Deporte (SEyD) le hicieron la tarea, y dos veces, ante el riesgo de salir reprobada, con tache en el cuaderno y sin recreo durante toda la semana.
Primero fue el Congreso del Estado, que aprobó dos reformas legislativas para restringir el uso del teléfono celular dentro de las instalaciones educativas y, de paso, le aventó la pelota a la SEyD para que emita el reglamento respectivo y deje en claro cómo habrá de operar el nuevo marco legal.
La reforma a la Ley de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes del Estado de Chihuahua le pasa el balón a la secretaría de marras al señalar, con toda precisión, que el uso de los benditos móviles “deberá limitarse conforme a los lineamientos que, para tal efecto, establezca la Secretaría de Educación y Deporte del Gobierno del Estado”.
¡A trabajar, pues!
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A este Mirone chirinolero le contaron que en la SEyD ni enterados estaban de que el dictamen iba a subir al pleno, mucho menos de que ya estaba “planchado” para sacarlo adelante, aun con la abstención de la bancada de Morena.
Es decir, aunque se trataba de un tema de la agenda panista, nadie cruzó cables con la dependencia que estará encargada de aplicar la nueva norma para, cuando menos, advertirle: “Agua va”.
Pero lo del viernes fue, de plano, terminarle la segunda parte de la tarea y hasta regalarle una manzana a la maestra para que no pusiera la tachota con tinta roja, pues tuvo que entrar el Consejo Nacional de Autoridades Educativas (Conaedu) para decir, con todas sus letras, que se regulará el uso del teléfono celular en las escuelas.
Punto.
El mensaje fue leído, con palomita azul y todo lo demás, porque la SEyD ya se encargó de difundirlo mediante un comunicado.
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El recado, cual papelito enviado por la maestra cuando el muchachito se portó mal en la escuela, quedó bastante claro para las madres y los padres de familia que mandan a sus hijos de primaria y secundaria equipados con teléfono celular: lo usarán de acuerdo con la reglamentación que establezca cada escuela.
Aunque todavía no existe un reglamento específico, le cuentan a Mirone que la SEyD ya explora los modelos adoptados por algunas escuelas privadas, entre ellos la instalación de casilleros con llave donde el alumno deberá guardar su móvil durante la clase o, cuando menos, apagarlo por completo mientras permanezca dentro del aula.
¿Será difícil? Claro que sí, porque son más de 5 mil planteles y alrededor de 700 mil alumnos de educación básica —preescolar, primaria y la “secu”— los que tendrán que entrar en ese redil, por no hablar de los docentes, a quienes también les tocará dejar el teléfono, cuando menos, en silencio.
¿Volverán la libreta, el lápiz y la pluma a los pupitres, así como el “macheteo” antes del examen?
En una de esas, sí, pues ahí están algunos de los países con las calificaciones educativas más altas regresando a la “antigüita”.
P. D. Cuidado, porque en una de esas también vuelve el “acordeón” de papel.
Don Mirone