Casi pura vieja guardia tricolor se reunió en el Sanborns de Paseo Triunfo y ahí les llovió a los Alitos.
Se nota que ni Alejandro “Alito” Moreno ni Alejandro Domínguez, dirigentes nacional y estatal, respectivamente, están en las querencias de los viejos lobos de mar que durante muchos años y muchas elecciones operaron en Juárez toda la estructura electoral del PRI.
No todo el espacio fue para los veteranos. En la reunión también reapareció Lizbeth Alonso, la exfuncionaria municipal y excandidata que sigue trayendo la camiseta tricolor bien puesta.
“No nos pelan”, dijo alguien en la mesa cafetera para sintetizar la relación de los dirigentes del PRI con muchos de los liderazgos locales. Por eso, los Alitos son bien correspondidos en esa falta de afecto.
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Sin embargo, están puestos para entrarle a la guerra electoral y por eso atendieron la convocatoria del buen Beto Reyes Rojas, el dirigente local que ya fue regidor, líder de la CNOP y candidato a diputado.
Se juntaron muchas décadas de experiencia triunfadora, aunque también de derrotas, empezando por José Luis “El Cura” Canales de la Vega, quien cayó ante Francisco Villarreal en 1992; Carlos Morales Villalobos, perdedor ante Ramón Galindo en 1995, y Eleno Villalba, derrotado en 1998 por Gustavo Elizondo.
Recaudadores de Rentas, representantes del gobernador en turno, secretarios del Ayuntamiento, legisladores, presidentes de la poderosa Junta Municipal de Agua y Saneamiento y dirigentes de partido. De todo fueron en los planos federal, estatal y municipal, aunque hoy la gran mayoría está en la banca y varios hasta jubilados.
Eso sí: había en la mesa mucha experiencia en operación electoral y campañas políticas.
Y aunque están puestos para lo que se ofrezca, ayer no desaprovecharon la oportunidad para lanzar sus puyas contra los dirigentes que los han excluido.
“Espero que no se proponga el diputado Domínguez como candidato él, porque si no, pues se echa a perder todo”, dijo Eleno Villalba, después de que Reyes Rojas les comentó sobre la próxima reunión entre las dirigencias estatales del PAN y del PRI para abordar el tema de la alianza.
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Andaba tan filoso el también expresidente de los constructores que hasta llamó a los priistas a convertirse en “mercenarios políticos” para sacar cuatro distritos locales en la próxima elección, luego de haber tundido a los panistas por no saber operar políticamente.
Nacho Duarte, primo del exgobernador César Duarte, consideró que Alejandro Domínguez debe ponerse la camiseta tricolor de los juarenses y venir a escuchar lo que tienen que decir. También señaló abiertamente que hay muchos priistas que no quieren a Alito Moreno, el dirigente nacional.
Cuando habló del tema, otros de los presentes asintieron con la cabeza o hasta levantaron la mano al escuchar el nombre del presidente nacional. Así lo hicieron Juan José González, quien ocupó todos los cargos habidos y por haber —igual que El Cura Canales—, así como Carlos Morales Villalobos y Alfonso Muela Reyes, quienes siguen en la abogacía después de sus prolíficas carreras en la política y el servicio público.
Por lo pronto, ya pusieron sobre la mesa toda su experiencia para operar elecciones al servicio del PRI, ya sea que el tricolor vaya solo o en alianza con el PAN. Esa posibilidad la respaldan todos, aunque se quejen de lo malos que son los panistas para hacer la talacha electoral.
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Siguiendo con el PRI, a Mirone le contaron que el tricolor ya no quiere su nieve de limón. Ahora pide una malteada. ¡Qué va! Un banana split, por lo menos.
¿Diputaciones locales en municipios de vocación rural? Nopo; bueno, eso también. ¿Alcaldías en la región serrana? No está mal, pero tampoco es suficiente. ¿Regidurías en los municipios de mayor población? Bueno, eso se supone que ya está sobreentendido.
No, lo que traen ahora va mucho más allá: quieren que el PAN, partido gobernante en el estado, acepte formar un Gobierno de coalición con el PRI para el periodo 2027-2033, en caso de que esa fórmula gane las elecciones del próximo año.
¿Qué pone por prenda? Lo que dice tener en este 2026: el 11 por ciento de la votación y la condición de moneda de cambio para evitar que Morena le gane al PAN y le quite al PRIAN la hegemonía que ha tenido en el estado desde la postrevolución.
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Al menos esa es la cuenta alegre que hace el PRI y con eso cree tener lo suficiente para alegrarle el oído al panismo que, hasta ahora, se ha mostrado un tanto desdeñoso ante una probable alianza electoral de altos vuelos con sus homólogos ideológicos del partido tricolor.
Pero, ¿qué significa eso de formar un Gobierno de coalición? Si aplicamos el texto constitucional al pie de la letra, se trata de una figura que se establece después de ganar las elecciones, no antes ni durante el proceso.
El artículo 89, fracción XVII de la Constitución lo deja bien claro al establecer que ese convenio debe firmarse entre el partido ganador y aquellos que decidan acompañarlo en el ejercicio de gobierno antes de que este inicie.
Cierto, el artículo mencionado se refiere a las elecciones presidenciales, pero igual puede aplicarse a la figura del Gobierno de un estado. Y aquí viene lo interesante: un acuerdo de ese tipo debe hacerse a propuesta del gobernante en turno, no entre los partidos que disputaron el cargo.
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El presidente acuerda con las fuerzas políticas participantes las condiciones bajo las cuales gobernarán conjuntamente, dice la Carta Magna. Eso dejaría todo, si fuera el caso, en manos del candidato del PAN, siempre y cuando llegue a ganar la elección de gobernador.
Es decir, esto se acuerda después, no antes del proceso electoral.
Los partidos deberán registrar un programa que establezca los compromisos, las prioridades y las políticas públicas que habrán de seguirse. ¿Ya ven que no es tan sencillo?
¿Acaso el PRI se imagina que podría ser como ocurre actualmente, cuando personajes identificados con el partido tricolor ocupan diversas carteras en el Gobierno del Estado? Sí, nada más que estos son subordinados del Ejecutivo en funciones y no ocupan posiciones de partido.
Ese es el gran detalle que cambia todo el decorado y, hasta la fecha, no se ve para cuándo puedan ponerse de acuerdo, ni en ese formato ni en ningún otro de alianza.
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En vísperas de que Morena defina quiénes serán los coordinadores estatales de la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional —bonito nombre para una precandidatura—, las tribus al interior del partido guinda han endurecido sus posturas ideológicas ante la expectativa de que esos y otros cargos de elección popular caigan en manos de neomorenistas de pasado reciente.
En otras palabras, se trata de aquellos que brincan de un partido a otro sin revisar la declaración de principios ni la doctrina ideológica de su nueva “casa”, porque lo único que les urgía era tener unas siglas para contender por un puesto.
Sí, eso lo hemos visto hasta el cansancio, pero, según le contaron a Mirone, ya hay grupos dentro del morenismo que aplicarán una especie de “cuestionario 4T” para comprobar qué tan comprometidos están esos nuevos guinda-blancos con las agendas de género, inclusión y distribución del ingreso.
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Lo que le platican a Mirone es que no ha caído muy en gracia el hecho de que las altas esferas del morenismo acepten “placear” a probables candidatos que nunca han asumido las banderas de la izquierda tradicional o de la neoizquierda, que ya contemplan una serie de causas capaces de provocarle urticaria a un conservador de cepa.
Para esos sectores de la 4T más cargados a la izquierda, no bastará con que el “elegido” salga echando madres y padres de su partido anterior y exprese toda su admiración por la presidenta Claudia Sheinbaum. No: vamos a ver qué tan “zurdo” eres o no te apoyamos.
Cuidado, porque, si así la van a aplicar en estados como Jalisco, Nuevo León, Chihuahua o algunos del centro del país, podrían quedarse sin media lista de candidaturas, sobre todo entre quienes provienen del priismo rancio o del panismo más pomadoso.
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Esa “lupa”, cuentan las fuentes mironianas, la van a pasar por encima de algunos nombres que ya suenan para cargos en Chihuahua —y en otras partes del país—, con el fin de revisar qué tan progresistas son sus declaraciones de principios.
En la capital ya existen algunos movimientos que piden una especie de carta de pureza ideológica para apoyar candidaturas o, de plano, que únicamente se postule a personas con un pasado notable en las luchas sociales y la defensa de causas populares.
La van a tener difícil, porque ya andan algunos renegando de la agenda woke antes de ponerse la camiseta guinda y blanca de candidatos. Así que más vale que afinen sus perfiles ideológicos desde ahora.
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Roberto Javier Fierro Duarte es el ejecutor. Y trae la guadaña bien afilada, según le contaron a Mirone.
Resulta que el exfiscal general del Estado, quien ahora ocupa la oficina de la Secretaría de la Función Pública y es hombre de todas las confianzas de la gobernadora Maru Campos, fue quien mandó llamar a Juan Blanco para decirle que hasta ahí había llegado como jefe de Carreteras de Cuota del Gobierno del Estado.
Aunque apenas ayer trascendieron las primeras versiones, fue desde la tarde del miércoles cuando a Blanco le dieron avión, por mucho que siempre se disfracen las cosas y se hable oficialmente de renuncias.
Fierro también había sido el ejecutor y mensajero de la gobernadora cuando se le dieron las gracias a Rafael Loera, el exsecretario de Desarrollo Humano y Bien Común que terminó mal, junto con su esposa Anya Trevizo, en su relación con Palacio.
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En el centro de todo está la candente grilla por la candidatura a la alcaldía de Chihuahua, la joya de la corona panista.
Loera se desbocó literalmente en la carrera por ese espacio político y Juan Blanco, el exalcalde, se apostó con todo a favor del exfiscal César Jáuregui, quien no dio su brazo a torcer cuando las querencias de Palacio apuntaron para otro lado.
Ya la gobernadora le había mandado un misil público a Blanco el pasado 20 de agosto, cuando abordó un tema pendiente sobre las carreteras de cuota durante una entrevista en su gira por Cuauhtémoc.
“Es que anda en campaña… tiene que dejar la campaña y ponerse a trabajar. Juan, Juan, ¿dónde andas?”, dijo Maru cuando se le plantearon los señalamientos sobre las largas filas para el cobro, mientras los carriles del sistema IAVE permanecían con poca utilización.
En esos días, Mister Pizza se había dejado ver en eventos de apoyo a Jáuregui y también había mandado públicos mensajes de respaldo.
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No se han especificado nombres ni cargos, pero se habla de más recortes en la administración estatal, incluida la Secretaría de Desarrollo Humano y Bien Común.
En pocas palabras, ya se mandó el mensaje de que no se permitirá a los funcionarios panistas darle una patada al pesebre. Y, en ese sentido, se actuó donde más cala: en el bolsillo de quienes ya no seguirán conectados a la nómina pública.
Falta ver si el efecto es el esperado o si se encienden otros fuegos en rebeldía.
Don Mirone