Del circo a la prisión
Don Valetu di Nario, maduro caballero, clamaba con tono de reproche dirigiéndose al buen Dios: “¡Señor, Señor! Pusiste 206 huesos en el cuerpo del hombre, ¡y se te olvidó poner uno donde lo necesitamos más!”. A don Augurio Malsinado lo persigue siempre un hado adverso. Cierto día le preguntó a su anciana madre: “Mamá: ¿quién es mi padre?”
Por Catón