¡Viva la hueva, y más si se cobra por ella!
Alguien abrió la puerta de la calle. Exclamó con alarma la señora: “¡Es mi marido! ¡Rápido, métete en el clóset!”. El hombre, confuso, respondió: “Pero si yo soy tu marido”. “¡Desdichado! –le dijo ella con enojo–. ¿Entonces por qué no vas a ver quién es?”
Por Catón