La sombra de Julián LeBarón, el probable candidato a gobernador por el partido de nueva creación Somos México, ya le empieza a calar al Partido Acción Nacional (PAN) o, en su defecto, al frente electoral que podría volver a conformar con el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Según la encuesta de Mitofsky publicada la semana pasada, el líder mormón obtendría entre 7.7 y 11 por ciento de la votación en la elección para gobernador, dependiendo de quién termine siendo el candidato de Morena.
En los cinco escenarios planteados por Mitofsky —con Cruz Pérez Cuéllar, Andrea Chávez, Rosana Díaz, Martín Chaparro y Luis Carlos Arrieta como posibles abanderados morenistas—, LeBarón obtendría más votos que el PRI y, en algunos cruces, incluso superaría a Movimiento Ciudadano.
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De confirmarse esa tendencia, sería el colmo para el tricolor: pasar de ser el partidazo que hasta regalaba votos y diputaciones plurinominales a disputar el cuarto lugar, cuando no el quinto.
No por nada el dirigente nacional priista, Alejandro “Alito El Huerfanito” Moreno, pegó el grito en el cielo cuando vio que el partido que ahora preside Guadalupe Acosta Naranjo recibía el registro para contender en las elecciones de 2027, en las que se renovarán la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas y cientos de presidencias municipales.
Se entiende la muina del tal Alito, porque al menos en Chihuahua, el PRI podría salir más raspado que en otras entidades con la aparición de esa nueva organización política, al perder votos de ciudadanos que jamás respaldarían a Morena.
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No olvidemos que fue el propio PRI el que se cargó hacia la derecha y dejó vacante el centro político que ahora ocupa Somos México.
Sin embargo, el Revolucionario Institucional no sería el principal damnificado de esa irrupción. Quien realmente podría resentir el golpe es el PAN, que perdería votos de un espectro político que ya daba por suyo. Esos siete u once puntos hoy le resultarían indispensables para competir con Morena sin tener que cargar permanentemente con el PRI y, de paso, conservar espacios con candidatos propios.
Algo no se cocinó bien en la oposición mexicana para que el frente encabezado por Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Álvarez Icaza y compañía ya no quisiera hacer campaña junto al prianismo. Ahora, al menos en Chihuahua, tendrán que sentarse a observar cómo un candidato con dos décadas de activismo social, como Julián LeBarón, le va rebajando la votación al PAN de migaja en migaja.
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Tal parece que al Partido Acción Nacional (PAN) no le gusta comer de las que guisa. ¡Ah, pero qué bueno es para repartir la receta para que otros la prueben!
El comentario mironiano viene a propósito del intento del PAN de modificar, una vez más, la tasa del Impuesto al Valor Agregado (IVA), para reducirla del 16 al 10 por ciento. Esa fue la propuesta presentada por su dirigente nacional, Jorge Romero.
El argumento es que bajar el IVA significaría “un alivio inmediato para la economía de los hogares”, al dejarles más recursos disponibles gracias a una menor carga fiscal sobre el consumo.
¡Ah, pero qué desmemoriados son estos del blanco y azul!
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Si ya se les olvidó, para eso está este Mirone, que con gusto les refresca la memoria.
El IVA pasó del 10 al 15 por ciento al inicio del sexenio del presidente Ernesto Zedillo, en aquella sesión tristemente célebre por los ademanes grotescos del diputado priista Humberto Roque Villanueva al celebrar la aprobación del incremento: la famosa Roqueseñal.
A partir de entonces, el PAN y el resto de la oposición construyeron buena parte de su discurso rumbo a las elecciones federales de 1997 sobre la promesa de reducir el IVA a 7.5 por ciento.
¿Cumplieron? A medias.
La oposición, que para entonces ya era mayoría en la Cámara de Diputados, aprobó la reducción por un estrecho margen, pero la iniciativa no prosperó en el Senado. El impuesto permaneció en 15 por ciento.
¿Y luego?
Pues nada. El PAN llegó a la Presidencia de la República en el año 2000 y ya ni se acordó de bajar el IVA. Todavía más: intentó gravar con ese impuesto los alimentos y las medicinas, pero el PRI —hay que reconocérselo— votó en contra y frenó la propuesta.
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A Jorge Romero y a los personajes “libertarios” que lo acompañan también parece habérseles olvidado que fue el presidente panista Felipe Calderón quien propuso elevar el IVA del 15 al 16 por ciento para enfrentar la crisis financiera internacional y la epidemia de influenza A(H1N1).
La pandemia pasó, la crisis quedó atrás y el IVA siguió en 16 por ciento. Ni el PAN, ni mucho menos el PRI, volvieron a intentar una reducción de la tasa.
Vale decir que la 4T, con todo su discurso de “primero los pobres”, tampoco ha hecho el menor ademán por bajar el IVA. Mucho cariño al pueblo, pero le siguen cobrando el 16 por ciento en prácticamente cada compra que realiza.
Para darnos una idea del tamaño del boquete, el Gobierno federal recauda alrededor de 1.5 billones de pesos al año por concepto de IVA. Reducir la tasa al 10 por ciento implicaría dejar de percibir aproximadamente 560 mil millones de pesos, por lo que la recaudación se reduciría a unos 940 mil millones.
¿Y Chihuahua?
Según datos del SAT obtenidos por este Mirone, en 2023 el fisco federal recaudó la entidad 47 mil 576 millones de pesos por concepto de IVA. Si se aplicara la reducción de seis puntos que propone el PAN, la recaudación caería a alrededor de 29 mil 973 millones de pesos.
Las tres fuerzas políticas que han gobernado México durante el último siglo han aumentado el IVA, han prometido reducirlo y, al final, lo han mantenido o incluso lo han incrementado. No hay demasiadas razones para creer que, esta vez, la propuesta obedezca únicamente al amor por el pueblo… aunque los votos de ese mismo pueblo sigan siendo el bien más codiciado por todos.
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El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sigue con su cantaleta de que surte el 97 por ciento de las recetas que expiden sus médicos, pero no nos está contando la historia completa y, por lo visto, nos están haciendo cuentas mochas.
El director general del IMSS, Zoé Robledo, informó el 31 de marzo de 2026 que el Instituto alcanzó niveles de abasto superiores al 97 por ciento y que en las Unidades Médicas de Alta Especialidad (UMAE) llegó al 98.4 por ciento. Además, asegura que en los últimos seis meses se distribuyeron 371.2 millones de piezas de medicamentos.
Buen intento, Zoé, solo que Mirone tiene otros datos provenientes de pacientes a los que el IMSS trae, como quien dice, en órbita, porque nada más los hace dar vueltas y vueltas… y nada de medicinas.
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El dato del 97 por ciento suena bien y hasta con cierto grado de sustento, pero, como ya se los había advertido este Mirone enfadoso, el médico solo expide recetas cuando el medicamento se encuentra en existencia. Así, cualquiera la cumple.
Hasta la redacción mironiana han llegado quejas de personas con padecimientos graves, de esas que no pueden dejar un solo día sin atención ni medicamentos, a quienes les dicen el consabido “no hay” y “dese la vuelta más delante”. ¿Más delante? ¡Si tienen enfermedades degenerativas!
Luego les piden que se anoten en una lista y que les llamarán cuando llegue el medicamento. Bien, solo que la lista parece un pedazo del Padrón Electoral, de tan larga que es y, según le cuentan a Mirone, es hora que ninguna recibe el esperado telefonazo.
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Si el bueno de Zoé Robledo quiere despejar todas las dudas, podría empezar por decirnos cuáles son las 20 claves de medicamentos de especialidad con mayor número de recetas no surtidas en la delegación Chihuahua.
Otra más: cuántos reportes de receta incompleta se han presentado en 2026 y cuál es el tiempo promedio de espera para surtir medicamentos de alta especialidad. Por supuesto, con cuánto presupuesto piensan cerrar el año para la compra de medicamentos.
Después de muchas apariciones en la Mañanera y de boletines lanzados a diestra y siniestra, el IMSS sigue sin detallarnos cuántos pacientes han sido canalizados a otra unidad por falta de una clave.
Lo de menos es que informen, hagan su supercomunicado y se pongan corbata para salir en la Mañanera; lo que urge es que el paciente salga de su clínica con la bolsa —ya ni eso les dan— llena de medicamentos, todos, a receta completa.
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¡Otra vez la mula al maíz!, dirían en el rancho, y con sobrada razón en este caso, porque parece que nuestro Poder Legislativo no se cansa de recibir portazos en la cara de organismos y dependencias del Gobierno Federal.
Lo de menos es que los bateen y les digan que no. Eso, como quiera, le pasa a cualquiera; a todo el mundo le niegan hasta un vaso de agua. Así que no debería sorprendernos la enésima negativa al Congreso del Estado de Chihuahua.
Lo que duele es la forma en que se los dicen: con una especie de zape en el cogote por andar mandando exhortos a la puerta equivocada.
Resulta y resalta que el Congreso del Estado aprobó enviar un exhorto —eso sí, muy respetuoso— a la Comisión Nacional del Agua (Conagua) para que hiciera todo lo que estuviera a su alcance a fin de que la población de Ciudad Juárez contara con el vital líquido de manera suficiente y oportuna.
Buena petición, pues es sabido que nuestra querida frontera enfrenta –en algunos sectores– serios problemas derivados de una deficiente distribución del agua potable, así como de las carencias en los servicios de drenaje y alcantarillado.
Ese no es el detalle, sino la forma y, sobre todo, a quién dirigieron la petición. Porque, a juzgar por la respuesta recibida, pareciera que fueron a pedir un kilo de tortillas a una ferretería.
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La Unidad de Enlace de la Secretaría de Gobernación tuvo a bien responder al exhorto del Legislativo chihuahuense para que, “en el ámbito de sus atribuciones, se implementen las acciones necesarias a fin de garantizar el acceso efectivo, suficiente, salubre, aceptable y asequible al agua potable a todas las personas que habitan en el municipio de Juárez, independientemente de la situación jurídica de los predios que ocupan”.
Así lo dice el documento aprobado por el Pleno del Congreso. Y así les respondieron: que la prestación de los servicios de agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de aguas residuales corresponde exclusivamente al Municipio.
Dicho de otra forma: no solo tocaron la puerta equivocada, sino la de la ciudad equivocada. Ese exhorto debió dirigirse, en todo caso, al la Junta Central de Agua y Saneamiento, quién a través de sus juntas municipales, es resonsables de la administración del agua en Chihuahua y no a las oficinas de Conagua, en la Ciudad de México.
¡Paquetería gastada en vano!
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Lo más penoso es que, en su respuesta, la Unidad de Enlace de la Secretaría de Gobernación les recuerda que esa atribución municipal está consagrada en el artículo 115 de la Constitución.
¡Ah, qué caray! Eso lo sabe hasta un estudiante reprobado de Derecho; con mucha más razón debería dominarlo quien tiene como oficio hacer leyes.
Don Mirone