Cada verano ocurre exactamente lo mismo. Llegan los primeros días por encima de los 38 grados, las redes sociales se llenan de fotografías de pipas repartiendo agua, aparecen funcionarios haciendo recorridos, el Municipio anuncia operativos emergentes y los ciudadanos vuelven a preguntarse por qué, después de tantos años, Los Kilómetros siguen padeciendo la misma historia.
La respuesta rápida suele ser culpar a la Junta de Agua. La respuesta sencilla es exigir más pipas. Pero ninguna de las dos explica el verdadero problema.
Lo primero que debe entenderse es que el agua no aparece por decreto. Tampoco basta con hacer un hoyo en la tierra para encontrarla.
Cada verano aumenta el consumo. Este año, la propia JMAS reportó un incremento cercano al 25 por ciento desde que comenzaron las altas temperaturas. Los especialistas saben que el pico llegará cuando el termómetro ronde los 40 grados. Eso ocurre prácticamente todos los años. No es una sorpresa. Es el comportamiento natural de una ciudad que vive en pleno desierto.
El problema es que el consumo aumenta… pero la disponibilidad de agua no lo hace al mismo ritmo.
En Los Kilómetros la situación es todavía más compleja. Existen zonas donde las perforaciones deben superar los 300 metros de profundidad y, aun así, el agua encontrada presenta concentraciones de sales que la hacen inadecuada para el consumo humano. No basta perforar. Primero hay que encontrar agua de calidad suficiente.
Y aun cuando existiera el sitio ideal, tampoco depende únicamente de la voluntad de la JMAS.
Cada nuevo pozo requiere estudios geológicos, proyectos ejecutivos, recursos económicos y, sobre todo, autorizaciones de la Comisión Nacional del Agua. Permisos que difícilmente se obtienen con rapidez.
Mientras tanto, la ciudad sigue creciendo.
Cada semana llegan nuevas familias a establecerse precisamente en esas zonas periféricas. Muchas construyen antes de que exista infraestructura hidráulica. La JMAS suele enterarse cuando las viviendas ya están habitadas y la necesidad de agua es inmediata.
Entonces aparece la solución que durante décadas ha evitado una crisis mayor: las pipas.
Conviene recordar algo que pocas veces se dice. El agua que reciben los habitantes de Los Kilómetros siempre ha sido gratuita. No es un programa nuevo ni un anuncio extraordinario. Desde hace muchos años la Junta mantiene un sistema permanente de abastecimiento para miles de personas que carecen de red de distribución.
Con el crecimiento poblacional, la operación también ha crecido. Hoy existen rutas, censos, módulos de registro y decenas de pipas recorriendo diariamente la zona. Es una logística enorme, pero sigue siendo una solución temporal para un problema estructural.
¿Por qué no traer agua desde otro punto de la ciudad?
Porque hacerlo exigiría inversiones superiores a los mil millones de pesos, además de infraestructura de conducción, tanques, bombeo y líneas de distribución. No es una obra que pueda ejecutarse de un verano para otro.
A todo ello se suma un ingrediente político que se repite año tras año.
Cuando las temperaturas alcanzan su punto máximo, el municipio también entra en escena repartiendo agua. El problema es que, en muchos casos, el líquido proviene exactamente de los mismos pozos que abastecen a la J+, adquirido mediante esquemas preferenciales. Al ciudadano poco le importa quién conduce la pipa; necesita agua. Pero institucionalmente termina generándose una duplicidad de esfuerzos y, con frecuencia, diferencias públicas entre ambas autoridades mientras el problema de fondo permanece intacto.
La realidad es menos espectacular que los discursos y mucho más terca que las campañas de verano.
Los Kilómetros no enfrentan una crisis provocada por una administración en particular. Es el resultado de décadas de crecimiento urbano desordenado, asentamientos alejados de la infraestructura hidráulica, restricciones geológicas, limitaciones regulatorias y una demanda que aumenta todos los años porque el calor también aumenta y la población sigue creciendo.
Por eso conviene ser honestos con los juarenses. Este problema no terminará este verano. Tampoco el siguiente. Ni probablemente el que siga.
Podrá mejorar poco a poco conforme se perforen nuevos pozos, se amplíen las redes y se construya infraestructura, pero mientras el crecimiento de la población continúe superando la capacidad hidráulica instalada, las pipas seguirán formando parte del paisaje de Los Kilómetros.
Prometer otra cosa sería vender ilusiones. Y el agua, a diferencia de los discursos políticos, no aparece por arte de magia. Así es el meollo del asunto.
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