A las 2:30 de la tarde del lunes 9 de febrero, Gloria Fernanda Jiménez Flores regresaba de clases de Ciudad Universitaria a bordo de una unidad del Indio Bus, administrada por la empresa concesionaria Settepi.
Dicha compañía es responsable de mover varios miles de estudiantes de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) todos los días.
Tiene un contrato anual de más de 21 millones de pesos, de acuerdo a lo que informó este jueves el director de Bienestar Universitario, Pedro Yáñez.
El autobús en que viajaba Gloria Fernanda, marca Internacional modelo 2017 y conducido por Reynaldo H. E., de 24 años, chocó con otro vehículo de la misma empresa, modelo 2019, guiado por Marco Andrés P. A., de 27 años.
Ambas personas permanecieron en calidad de detenidos desde la hora del accidente, hasta pasadas las 10 de la noche del mismo lunes.
A esa hora fue dado de alta el último de los 47 estudiantes que fueron llevados a revisión en el hospital Star Médica y que, al final, decidieron no presentar cargos contra los responsables, refirió el propio Yáñez.
La estudiante, nacida en Juárez hace 24 años, cursa el sexto semestre en la carrera de Diseño Gráfico.



Todavía nerviosa por el accidente, y con una herida en el mentón que aún no termina de cicatrizar, decidió compartir con Norte Digital los momentos de desesperación que vivieron ella y sus compañeros.
Claro que también exigió que las autoridades universitarias se hagan cargo de brindarles un servicio de transporte seguro y eficiente.
En la parada de autobús de la avenida Aeronáutica abordó el camión; el chofer que lo conducía fue el mismo que unas horas después la traería de vuelta.
“Desde que íbamos de aquí para allá el chofer estaba manejando horrible en toda la avenida y prácticamente se puso a rebasar carros, yo pensé que iba a chocar desde antes”, relató.
Dijo que no era la primera vez que tenían que lidiar con conductores imprudentes, en quienes se hace evidente que no cuentan con capacitación adecuada, para transportar personas.
“Nos quejamos, pero la Universidad no hace absolutamente nada, ni con las medidas de precaución con los transportes”, reprochó.
Recordó que ese día su segunda clase fue Inglés; al salir, abordó el bus de regreso.
“Veníamos apenas saliendo porque el camión arrancó a partir de las 2:10 y en ese momento fue cuando venía rebasando a otro camión, quería rebasarlo o no sé si andaban jugando, no sé, hay muchos que dicen que estaba molesto”, contó.
Insistió en que, a ese operador, ya le conocían el mal humor, porque es el que regularmente atendía la parada de Plaza Juárez o la de Panamericana.
“Ese día como que lo regañaron por llegar tarde o no sé qué pasó, pero el señor estaba molesto, incluso nos reclamó que teníamos que pasar nuestra credencial en el checador”, recordó.
Con ese detalle en mente, Fernanda no pudo evitar hacer un gesto de molestia, porque -señaló- son muy buenos para exigir, pero no así para cumplir con los horarios y con no llevar estudiantes parados.
Empezó el recorrido y como a los 15 minutos, alcanzó a escuchar que el conductor gritó: “¡No!” y ella terminó impactándose en la barra del asiento de adelante.
Venía del lado de la ventanilla y pudo observar que un estudiante se rompió la nariz y empezó a sangrar.
“Yo sé que muchos dijeron que no habían salido graves, pero se dislocaron hombros, se rompieron narices, se lastimaron rodillas, hubo mucha sangre y pues por el golpe, creo que se puede notar la magnitud de la velocidad que traía el señor”, continuó.
El camión con más heridos fue el de la ruta Panamericana, pero también en el de la ruta Plaza Juárez hubo pasajeros que se abrieron la cabeza, se rompieron los labios e incluso hubo fracturas.
Un muchacho que iba parado salió disparado, pegó contra el vidrio y terminó en el piso y no se podía mover.
“Por lo que yo entendí, no sentía las piernas, salió caminando despacito y como decía que no sentía las piernas, lo tuvieron que sacar en camilla”, describió Fernanda.
Una vez debajo de los autobuses, los muchachos empezaron a sentarse a la orilla del camino y entonces Fernanda se dio cuenta que estaba sangrando, porque se le había abierto la barbilla.
Llegaron al lugar tres ambulancias y maestros que empezaron a auxiliarlos, junto con algunos compañeros estudiantes de enfermería, que les ayudaron a calmarse.
Una alumna que se golpeó la cabeza, se abrió la frente y perdió el conocimiento, fue trasladada en una de las ambulancias.
Otro joven, dijo Fernanda, se pegó en un tubo y terminó con la mitad de la cara hinchada.
El relato de la joven estudiante de Diseño, coincide con el parte de la Coordinación General de Seguridad Vial (CGSV), compartido con Norte Digital por su oficina de prensa.
El director de Bienestar, Pedro Yáñez, al conocer la historia contada por Fernanda, dijo que era real todo lo que había descrito.
“Si fue bastante dramático, con fracturas y hemorragias, pero lo bueno es que no hubo algo más grave y todos los estudiantes durmieron en su casa esa noche», expresó.
En el reporte oficial de la UACJ, al que Norte Digital tuvo acceso, se indicó que, de los 47 estudiantes trasladados a la institución de salud privada, ninguno necesitó hospitalización y todos los gastos fueron cubiertos por la aseguranza de la concesionaria.
La Universidad exigió a la empresa que ambos conductores fueran dados de baja del servicio y así ocurrió, indicó Yáñez, responsable de Bienestar Universitario.
Hizo un llamado a que todos los usuarios del servicio, utilicen el cinturón de seguridad, que viene instalado en todos los asientos de los autobuses, para que vayan más protegidos en los recorridos.
Actualmente, dijo, IndioBus tiene 34 autobuses para mover a los estudiantes de Ciudad Universitaria y cuatro más para los Institutos del Circuito Norte.
Al día siguiente del percance, el servicio se retomó con normalidad, aunque algunos alumnos, como Fernanda, fueron dispensados de asistir a clases para que terminaran de recuperarse de sus lesiones y -literalmente- también se les pasara el susto.
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