A los 19 años, Stephany Carmona Rojas llevaba apenas unos meses como integrante de la Guardia Nacional, destacada en el 51º Batallón con sede en Acapulco, Guerrero. Su historia, sin embargo, no terminó con una ceremonia de ascenso ni con una misión cumplida, sino con una balacera dentro del propio cuartel donde debía estar segura.
La versión oficial habla de un “accidente durante práctica de tiro”. Pero su familia, sus compañeras y los mensajes que ella misma alcanzó a escribir antes de morir desmienten esa narrativa: Stephany habría sido víctima de acoso y hostigamiento dentro de la corporación, y su muerte, más que un accidente, fue un feminicidio, según lo que sostienen sus familiares y amigos.
Una joven que soñaba con servir
Nació en San José Buenavista, municipio de Ajalpan, Puebla, una comunidad rural donde los sueños suelen ir más allá de los límites del valle. Desde adolescente mostraba carácter firme y una mezcla de timidez y determinación que sorprendía a sus maestros.
Le decían “Fan”, un apodo cariñoso con el que sus amigas la describen en redes: alegre, responsable, “la que nunca faltaba al entrenamiento”.
“Ella siempre quiso superarse, servir a su país, vestir el uniforme con orgullo”, recuerda su madre, María Fernanda Carmona, quien aún no asimila que la institución a la que su hija confió su vida se la haya arrebatado.
Silenciada dentro del cuartel
De acuerdo con información recabada por medios nacionales, Stephany había denunciado acoso de superiores y compañeros, e incluso temía ser arrestada si presentaba una queja formal.
El miércoles 15 de octubre, mientras realizaba labores en el área de adiestramiento del cuartel, un sargento identificado como Yair Manuel “N” le disparó dos veces en la cabeza. Después -sospechosamente- huyó.
Horas más tarde, en el Hospital Naval Militar de Acapulco, médicos confirmaron su muerte. La Guardia Nacional difundió una versión escueta: un “incidente con arma de fuego en prácticas internas”. Ninguna palabra sobre acoso, mucho menos del agresor.
Una madre contra el silencio militar
Desde Puebla, la familia exige que la muerte sea investigada como feminicidio con responsabilidad institucional.
“Mi hija no estaba en una guerra, estaba en un cuartel”, dijo su madre en entrevista. “Quiero justicia y que nadie más viva lo que ella vivió”.
El caso ha provocado indignación en redes sociales, donde colectivos feministas retomaron la etiqueta #JusticiaParaStephany.
Los restos de Stephany son despedidos en su pueblo natal con una guardia de honor y flores blancas. Los vecinos colocaron velas frente a su casa, mientras su madre colocó la fotografía de su hija con el uniforme que tanto amaba.
En contraste, el comunicado de la Guardia Nacional omitió su nombre. No hubo duelo institucional, ni explicación pública.
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