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La fiebre no cedía, las manchas aparecieron y la familia insistía en que era rickettsia, pero ninguno de los médicos ordenó estudios ni inició tratamiento oportuno y Victoria murió seis días después de que comenzaron los síntomas

Blanca Elizabeth Carmona

A Victoria Aryleth Sánchez Aguiar le gustaba cantar y bailar. Era una niña alegre, inquieta y risueña, de esas que llenan de vida una casa. Tenía apenas 10 años cuando comenzó con fiebre y malestar, síntomas que llevaron a su familia a buscar atención médica desde el primer día.

Mientras el malestar avanzaba, sus abuelos repetían con insistencia que Victoria convivía con perros y podía haber sido “picada” por una garrapata.

Durante casi una semana consultaron a cuatro médicos distintos. Uno tras otro descartaron esa posibilidad, atribuyeron los síntomas a otros padecimientos y enviaron a la niña de regreso a casa. Cuando finalmente fue hospitalizada, ya era demasiado tarde.

La tarde del 20 de agosto de 2025, Victoria murió a causa de la bacteria rickettsia. Para su familia, además del dolor de la pérdida, permanece la convicción de que su muerte pudo evitarse.

Días antes, María Teresa Osorio llegó de trabajar y encontró a su nieta Victoria acostada, algo poco usual, pues era muy inquieta.

María Teresa, quien crió como hija a Victoria, la revisó y se dio cuenta de que tenía temperatura.

Casi de inmediato, Victoria fue llevada a una sucursal de Farmacias Similares ubicada en la misma colonia. En la consulta, María Teresa le confió a la doctora que sospechaba que, al jugar con los perros, alguna garrapata le hubiera picado a la niña de apenas 10 años.

“Le dije ‘no sé si me puede dar algo o me la puede mandar a hacer unos estudios, porque me da miedo que me la haya picado una garrapata’. Porque a ella le gustaban los perros. Ya me la revisó y todo, y me dijo ‘No, no creo que haya sido una garrapata porque, si tuviera eso, hubiera empezado a ponerse así’, y me dio medicamento”, recordó Osorio.

Esa doctora prescribió un medicamento contra la infección y, durante unas 24 horas, Victoria lo estuvo tomando.

Como la fiebre no cedía, en lo que fue el segundo día de síntomas, María Teresa llevó a Victoria Aryleth al Hospital Infantil de Especialidades. Sin embargo, personal de la institución les negó la consulta porque eran derechohabientes del IMSS.

Además, un funcionario estatal se tomó la libertad de afirmar que no se trataba de la mordedura de una garrapata porque, en ese momento, la niña no presentaba otros síntomas compatibles con la rickettsia, como petequias, que son pequeñas manchas rojas o moradas que a veces aparecen en la piel en casos positivos a esa bacteria.

Del Hospital Infantil, la abuela de Victoria se trasladó a otra farmacia Similares, ubicada en la avenida Juárez, porque le dijeron que el médico que ahí atendía tenía experiencia y buen ojo clínico. Ese doctor señaló que la niña tenía la garganta irritada; descartó que pudiera tratarse de la bacteria que transmiten las garrapatas cuando la familia le comentó su sospecha; y prescribió otros medicamentos.

La enfermedad avanzó mientras buscaban ayuda

Al cuarto día de haber iniciado con la fiebre, Baldwin José Sánchez Jiménez, abuelo de Victoria, la llevó a consulta a la Clínica 56 del IMSS porque la temperatura era intermitente y le habían empezado a salir unas manchas muy pequeñas en el rostro. La doctora del Seguro Social consideró que se trataba de manchas causadas por los rayos solares.

Para ese momento, Victoria seguía comiendo, pero ya casi no se levantaba, no salía a jugar y continuaba enferma.

“En la mañana me levantaba para ir a trabajar y yo la miraba así, pues apachurrada, y le decía: ‘Mi amor, ¿no voy a trabajar y me quedo contigo?’. ‘No, mamá, estoy bien’. Ella siempre fue bien madurita. Me decía: ‘Estoy bien, mami. Sí, vete a trabajar’”, cuenta María Teresa.

En medio de la desesperación, un domingo por la mañana María Teresa buscó otras opciones. Llevó a su nieta para que le realizaran estudios de laboratorio y, al día siguiente, se acercó con la enfermera de la maquiladora donde labora para pedirle que le recomendara un pediatra. La enfermera se dio a la tarea de revisar los resultados de laboratorio y horas después fue a la línea de producción para hablar con Teresa.

“Ya yo estaba trabajando cuando la vi que llegó a mi área y ya llevaba una hoja impresa. Le dije ‘¿Qué pasó, Diana?’. Le dije ‘¡Ay, no me asuste!’, porque le miré la cara. Y ella me dijo ‘Pues sí, asústese’, y sacó la hoja del estudio, que traía toda llena de asteriscos donde todo lo que tenía dañado mija. Todo lo que traía mal en su cuerpecito”, expresa María Teresa sin poder contener el llanto.

La mujer salió del trabajo y llamó a su casa para pedir que alistaran a Victoria para llevarla a realizarse otros estudios. Por ello, se practicó un nuevo análisis de laboratorio y de ahí la paciente fue llevada a un hospital privado, donde no localizaron a la pediatra que les habían recomendado.

Enseguida, María Teresa se trasladó al Hospital Ángeles para buscar otro pediatra, y ese médico les recomendó que llevaran a Victoria al IMSS para hospitalización.

Ese mismo día la niña fue ingresada al Hospital 35 del IMSS y, a los pocos minutos, fue intubada. Permaneció dos días hospitalizada y la tarde del miércoles 20 de agosto de 2025 se apagó su vida.

El duelo, la indignación y el miedo a que vuelva a ocurrir

“Si la hubieran diagnosticado desde un principio, cuando mi esposa dijo que tenía la sospecha de que era un piquete de garrapata, yo pienso que sí estuviera con nosotros. Pero pues tres, cuatro doctores diferentes y ninguno, ninguno le atinó. A la doctora del Seguro le dije ‘Tenemos sospechas de que es un piquete de garrapata’. ‘No, trae manchitas en la garganta’. Y le digo ‘Pero le empezaron a salir unas manchitas en la cara’. ‘Ah, es por el sol’. Pero pues desde el escritorio, ya ni siquiera se acercó bien a ver las manchas de la cara”, dice con indignación Baldwin José.

La ausencia de Victoria duele y el coraje por la negligencia u omisión de cuatro médicos sigue presente. La familia no entiende por qué los doctores actuaron con tanta indiferencia ni por qué murió una persona que tenía toda una vida por delante.

“Tenía mucho coraje. Le digo a mi esposo ‘me dan ganas de ir a golpearlos, de decirles, o sea, les dije’. Yo sé que tenemos que entender que son los designios de Dios… sí da impotencia, porque dice uno ‘¡Ay, Diosito!’. Dicen ‘no preguntes por qué, pregunta para qué’. Pero ya va un año y no entiendo el para qué, todavía no me llega o no lo entiendo”, expresa María Teresa mientras llora.

La familia pide que los médicos sean capacitados y sensibilizados sobre el tema de la rickettsia para que no se repitan otros casos como el de Victoria Aryleth, a quien ni un solo día dejaron de buscarle atención médica sin encontrarla. Además, demandaron campañas de información para los ciudadanos.

“Que haya más información, porque realmente información sobre la rickettsia hay muy poca. Apenas ahorita vi algo en Facebook, que están anunciando sobre la rickettsia y los síntomas y todo. Pero antes de eso, nada. Y mi hija no es ni la primera ni es la última persona que ha muerto de eso”, pide Baldwin José.

El problema de las garrapatas sigue en la colonia Puerto La Paz. Las autoridades fueron a fumigar unas semanas después del fallecimiento de la niña y los abuelos de ella han hecho lo mismo varias veces, pero las condiciones son propicias para la sobrevivencia y reproducción de estos pequeños arácnidos, pues las calles no están pavimentadas y hay muchos perros y gatos en situación de calle, los cuales son utilizados por estos parásitos como huéspedes temporales. Además, algunas garrapatas portan la bacteria causante de la rickettsiosis.

En la zona también hay crianza de caballos, que son vulnerables a las garrapatas porque estos parásitos se adhieren a su piel y pueden causar irritación, anemia o transmitir enfermedades graves.

En esta colonia, hace algunos años murieron dos hermanos de uno y 17 años de edad, respectivamente, vecinos de la familia de Victoria. Sin embargo, ellos pensaron que eso no podría pasarles. Ahora viven con miedo de que otra persona de la familia pueda contagiarse de esa enfermedad.

Reportera: Blanca Elizabeth Carmona

Edición: Guadalupe Salcido

Corrección: Jorge López Landó y Enrique Brambila

Fotos: Blanca Elizabeth Carmona

Videos: José Zamora

Diseño e ilustración: Miguel Ángel Leos

Desarrollo web: Raúl Granados

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