El riesgo de sufrir inundaciones desastrosas está determinado por las condiciones de precariedad o vulnerabilidad social de las personas que habitan lugares donde el agua de lluvia busca su cauce de manera natural, indicó Lourdes Romo Aguilar, geógrafa con maestría en administración integral del ambiente, e investigadora del Colegio de la Frontera Norte (Colef).
Es por eso que el mayor daño, después de una lluvia torrencial, como las que ocurrieron en junio del año pasado -planteó- se presenta en áreas donde hay deficientes servicios públicos y en general, condiciones de pobreza.
“Analizar ciertas variables como cuestiones geomorfológicas (forma del terreno), incluyendo la concentración de cauces pluviales y, en algunos casos, el déficit de infraestructura pluvial, así como ciertas condiciones de desvío de cauces, permite crear un modelo para identificar el índice de densidad de peligro de inundación”, precisó.
De esa forma -dijo- es posible expresar qué tanto peligro o amenaza, puede significar una inundación, en zonas donde hay asentamientos humanos.
En otras palabras: La interrelación de las condiciones del terreno, con la gente que lo habita, determina qué tanto riesgo hay por vivir ahí, indicó.
“Si usted tiene un territorio -explicó- cuya forma, relieve y condiciones, puede tener amenaza de inundación, en caso de lluvia extrema, pero ahí no hay personas, no hay riesgos; pero si hay personas, el riesgo aparece y es mayor según la vulnerabilidad social de esas personas”.
Esa condición de vulnerabilidad, se determina por las características de la población, sus edades, si son derechohabientes de servicios de salud, si tienen alguna capacidad diferente o enfermedad.
También por las condiciones de infraestructura del entorno, la densidad poblacional y el tipo de materiales de las viviendas, acotó.
“Esa amenaza de inundación -reiteró- puede incrementarse a un riesgo muy alto, si las condiciones sociales de las personas que habitan ese territorio, no son las mejores para enfrentar el peligro o la amenaza”.
La amenaza o el peligro que puede ocurrir en un territorio, se va a quedar en amenaza o en peligro, si no hay personas que lo habiten; (pero) si hay personas que habiten ese territorio, ya se convierte en un riesgo, repitió.
Otros factores de vulnerabilidad, son la densidad poblacional y las edades de las personas.
“Tenemos lugares donde hay densidad poblacional más alta y otros con más baja; lugares donde tenemos mayor concentración de personas mayores de 65 y menores de 5 años. Estos dos grupos etarios, suponen mayor dependencia de otras personas, para su movilidad o desplazamiento”, detalló.
Esto también incluye a personas que presentan alguna capacidad diferente, o que no son derechohabientes de algún servicio público de salud, acotó.
Por eso, en lugares donde hay densidad poblacional más alta, hay más probabilidad de personas que vivan con vulnerabilidad social, asentó.
Refirió un modelo del año 2015, con el que identificó que las zonas propensas a inundaciones estaban en la parte norponiente de la ciudad.
“Estas son las zonas que, de acuerdo a este modelo, podían presentar problemas de inundación”, apuntó.
Planteó que, a partir de ese análisis, se ha establecido qué Áreas Geoestadísticas Básicas (AGEBS), tienen un índice de vulnerabilidad social mayor, ante los embates de eventos extremos, como pueden ser las inundaciones.

¿Dónde está el problema?
La zona de Juárez que entra en esta descripción, es la que se ubica a todo lo largo del eje vial Juan Gabriel y los asentamientos que se localizan en la pendiente que baja del Camino Real, apuntó.
“Aquí encontramos lamentablemente una vez más el poniente de nuestra ciudad, del eje vial Juan Gabriel hacia la parte poniente, donde se concentra un poco más de 42 por ciento del total poblacional de Ciudad Juárez”, refirió.
Detalló que en esa parte existen condiciones de rezago en equipamiento e infraestructura, y niveles socioeconómicos menores a los que hay en la parte oriente de la ciudad.
También existen algunas colonias -anotó- de la parte suroriente de la mancha urbana, que presentan un índice de vulnerabilidad social alto, como puede ser Riberas del Bravo.
Así, las partes en la ciudad que son más vulnerables a sufrir los embates de una contingencia por lluvias, están en el poniente, partiendo del monumento al Nuevo Ciudadano, en el cruce de Arroyo de las Víboras y Bernardo Norzagaray, y hasta Riberas, siguiendo el contorno natural de la sierra, por el Camino Real y el Libramiento.

Protección Civil, más reacción que planeación
Con el antecedente de haber colaborado por más de 20 años en investigaciones y estudios de riesgo, en esta frontera, Romo Aguilar indicó que el problema más grave que ha detectado es que, aunque ya están plenamente identificadas las zonas de peligro, las autoridades que deben atender la situación, siguen descoordinadas y las áreas de Protección Civil están más enfocadas en la reacción que en la planeación.
“Es muy triste y lamentable ver que siempre son las mismas áreas, las mismas colonias, pero aquí el tema es multifactorial, son varias las causas; una es que en nuestro país tenemos un sistema de Protección Civil más reactivo que preventivo”, expuso.
Enfatizó que las alertas entran después que ocurre el evento, pero hay pocos mecanismos de prevención a pesar de que son recurrentes; en el tema de riesgos, existe una memoria corta, no se recuerda que ya ocurrieron, dónde y las causas. Eso ayudaría mucho para la prevención.
Recordó que en regiones desérticas es donde ocurren los eventos extremos.
“Hemos tenido lluvias torrenciales, que funcionan como si usted vertiera una cubeta de agua en un resbaladero, y entonces el agua baja con gran velocidad”, describió.
El ejemplo sirve -alertó- para imaginar lo que ocurre con el gran número de cauces que hay en Juárez, y que a lo largo del año están secos.
“Cuando ocurren las lluvias, esos cauces se convierten en resbaladeras directas que conducen el agua y justo vienen a dar en las partes bajas de nuestra ciudad”, indicó.
Señaló que, desde la sierra de Juárez, en el poniente, a pie de monte, existe una gran cantidad de cauces, muchos que, además, han sido desviados o rellenados, obstruidos por basura, por construcciones, o que se usan de vialidades e incluso se llegan a habitar.
“Llegamos a encontrar viviendas dentro de los cauces, con la idea equivocada de que como es una zona desértica, nunca llueve y no pasará nada, pero cada vez que ha pasado, ha tenido impactos, desastres, en algunos años hasta pérdida de vidas humanas”, advirtió.
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