Carlos Meza es un hombre joven, delgado, de tez morena, originario de Venezuela y viste una chamarra verde junto con una camiseta negra. En su mano derecha tiene un vendaje que cubre gran parte, mientras en su mano izquierda, carga un pequeño frasco transparente con tapa roja.
Al platicar con él, sentimientos como incredibilidad y asombro llegan rápidamente a la mente, y es que, tras varios días de viaje y en medio de un campamento migrante donde miles de extranjeros permanecen varados porque no pueden llegar hasta la fronteriza Ciudad Juárez, la historia de Carlos destaca sobre las demás debido a lo que carga en el frasco: es un dedo que perdió huyendo de los agentes de Migración.
Según distintos cálculos y testimonios de migrantes, aproximadamente 2 mil almas llegaron en días pasados a la ciudad de Chihuahua por medio de un tren que conecta Torreón con la capital del estado.
No obstante, Carlos perdió su dedo mucho antes de haber entrado a territorio chihuahuense.

“La peor migración es la de aquí de México”
Carlos relata que cuando llegaron a Torreón, al igual que en su llegada a Chihuahua, agentes del Instituto Nacional de Migración los emboscaron cuando se encontraban bajándose del tren.
Una persecución feroz se desató entre los agentes de migración hacia los migrantes. En su intento de huida, Carlos trató de brincar una cerca. Sin embargo, su dedo anular derecho quedo atorado en un resquicio del metal de la cerca.
Sin mayor opción, sus acompañantes tuvieron que cortar el dedo y huir del lugar lo más rápido posible. Tras haber conseguido escapar de los agentes migratorios, Carlos fue a un hospital en Gómez Palacio, Durango, donde le dieron las atenciones necesarias para curar su mano y le confirmaron el peor diagnostico posible: pérdida total del dedo.
A pesar de contar con la herida de gravedad, Carlos ha conseguido seguir avanzando por territorio nacional, junto con su dedo que permanece sin vida dentro de aquel pequeño frasco de cristal.
“Al menos fue el dedo y no la vida, que es lo importante”, comenta Carlos para consolarse un poco.
Al hablar de los agentes de Migración, su voz se llena de enojo y rabia. Reafirma los malos tratos que han sufrido a manos de quienes los persiguen como si fueran criminales y que por distintos medios impiden su tránsito por territorio mexicano.
Más allá de señalar algún peligro en específico, como los climas extremos que se viven en la región o la fauna silvestre que podría representar un peligro para la vida de los migrantes, Carlos enfatiza en que lo más duro que han tenido que enfrentar para llegar hasta la frontera son los agentes migratorios.
“Aquí nos están tratando mal ahorita, nos corretean, nos quieren devolver; no somos ladrones ni nada, solo venimos de paso. Es duro llegar, más que todo por Migración. De todos los países, el más duro es aquí en México”.
Pese a todas las dificultades que ha sufrido, su única determinación en este momento es “salir pa’ delante, ¿qué más nos queda?”.
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