Para Harald V, ser noruego no dependía del lugar de nacimiento, de a quién se amara ni del dios al que se rezara. Esa convicción, expresada en uno de sus discursos más recordados, marcó el reinado del monarca que murió este viernes 28 de agosto a los 89 años y dejó la Corona a su hijo Haakon.
La Casa Real confirmó que falleció a las 6:35 de la mañana, hora local, en el Hospital Universitario de Oslo Rikshospitalet. El comunicado señaló que murió en paz, pero no precisó la causa del deceso.
Su muerte cierra un reinado de 35 años durante el cual buscó acercar la monarquía a una sociedad cada vez más diversa. También acompañó al país en sus horas más difíciles, como después de los atentados de 2011, cuando su respuesta al dolor colectivo reforzó el vínculo con los noruegos.
¿Quién podía ser noruego?
Harald dio su respuesta en 2016: en el país tenían lugar las personas con raíces extranjeras, las parejas del mismo sexo, quienes profesaban distintas religiones y quienes no creían en ninguna. Su mensaje defendía una identidad nacional capaz de reconocer a todos ellos como parte de la misma comunidad.
Décadas antes había enfrentado las convenciones de la realeza en su propia casa. Esperó nueve años para obtener la autorización de su padre, Olav V, y casarse con Sonja Haraldsen, una mujer sin ascendencia real.
Con el tiempo, esa disposición a aceptar las decisiones de sus hijos y la cercanía que conservó con la población contribuyeron a que muchos lo vieran como una especie de abuelo nacional.
Del hospital a la despedida
El monarca permanecía hospitalizado desde el 17 de agosto por problemas relacionados con un trastorno sanguíneo. El jueves 27, el Palacio informó que su condición era “extremadamente grave”, mientras integrantes de la familia real cancelaban sus compromisos.
Tras confirmarse su muerte, las banderas comenzaron a ondear a media asta y ciudadanos acudieron al Palacio Real, en Oslo, para dejar flores y mensajes.
Haakon, de 53 años, quien ya ejercía como regente durante la hospitalización de su padre, recibe ahora el trono. Afuera del Palacio, la despedida de Harald transcurría entre los homenajes de quienes encontraron en él una figura de compañía y unidad.