La mañana del jueves miles de juarenses despertaron con una escena que ya comienza a resultar familiar. Los cerros del poniente desaparecieron entre una espesa capa de humo gris que redujo la visibilidad y despertó una pregunta inevitable: ¿se había registrado otro incendio de grandes dimensiones?
Después de los recientes siniestros en el confinamiento de llantas, recicladoras y basureros clandestinos, el cielo brumoso hizo pensar a muchos que la ciudad enfrentaba una nueva emergencia ambiental.
Pero esta vez no hubo otro incendio. Autoridades municipales explicaron que la grisácea mañana fue consecuencia de la combinación de dos fenómenos: las partículas suspendidas que permanecían en el ambiente tras el incendio de 30 mil llantas de la madrugada del martes y el humo procedente de los incendios forestales que desde hace días afectan amplias zonas de Estados Unidos y Canadá.
La baja visibilidad generó preocupación entre habitantes de Los Kilómetros e integrantes de Guardianes del Medio Ambiente, quienes por su cercanía con el confinamiento de llantas y otros puntos de quema clandestina son de los más afectados por los episodios recientes de contaminación.

El director de Ecología del Municipio, César Díaz Gutiérrez, informó que, de acuerdo con modelos desarrollados por especialistas de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ), con quienes el Municipio opera la estación de monitoreo al sur de la ciudad, el incendio del confinamiento liberó alrededor de 1.6 toneladas de partículas suspendidas.
Explicó que los especialistas determinaron que esos residuos se dispersaron por distintos sectores del municipio, aunque el mayor impacto se concentró en el sur de la ciudad, particularmente en el área de influencia de la estación de monitoreo instalada en la colonia Enríquez Guzmán, cuya cobertura alcanza la zona de Los Kilómetros.
Con base en los registros del Sistema Nacional de Información de la Calidad del Aire (Sinaica), después del incendio la calidad del aire llegó a 153 puntos, un indicador que corresponde a una muy mala calidad del aire.
Conforme avanzó la mañana y aumentó la radiación solar, las partículas comenzaron a dispersarse. Para la tarde del jueves, la concentración de partículas PM10 descendió a 106 puntos, un nivel menor, aunque todavía clasificado como de mala calidad del aire.
Díaz Gutiérrez señaló que los incendios son solo uno de los factores que deterioran la atmósfera en esa zona de la ciudad. También contribuyen las emisiones de los vehículos de carga que utilizan diésel, la actividad industrial, la operación de la cementera y el polvo generado por los caminos de terracería.
Recordó que apenas un día después del incendio del confinamiento, el miércoles, la zona amaneció con indicadores considerados de riesgo muy alto para la salud.
El funcionario también destacó un comportamiento atípico registrado por la estación de monitoreo ubicada en los institutos IIT e IADA de la UACJ, sobre la avenida del Charro.
A las 7:00 de la mañana, cuando miles de estudiantes ingresaban a clases, el monitor registró 250 PM10, uno de los niveles más altos de contaminación observados durante la jornada.
Sin embargo, para el mediodía ese indicador descendió a 62 PM10, reflejando una recuperación considerable de la calidad del aire.
«En términos generales podemos sostener que la calidad del aire en la ciudad se mantiene entre buena y regular«, afirmó el director de Ecología, aunque reconoció que la persistencia de la bruma llamó la atención de especialistas y ciudadanos.

Explicó que una de las hipótesis que analizan es que el humo proveniente de los incendios forestales en Estados Unidos y Canadá se mezcló con las partículas remanentes del incendio del confinamiento de llantas, provocando la pérdida temporal de visibilidad sobre buena parte del norponiente de Juárez.
La preocupación se reflejó en redes sociales y grupos ciudadanos donde se reportan incendios y problemas ambientales. Desde temprana hora comenzaron a circular fotografías del cielo gris y mensajes de personas que preguntaban si el confinamiento de llantas se había incendiado nuevamente.
Al final, las autoridades confirmaron que no hubo un nuevo siniestro.
Lo que cubrió el cielo de Juárez fue una mezcla de contaminación local y humo transportado por corrientes atmosféricas desde incendios ocurridos a miles de kilómetros de distancia, un fenómeno que evidenció cómo los efectos de la degradación ambiental ya no conocen fronteras.
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