Poco a poco, los venezolanos tratan de regresar la normalidad tras los sismos de magnitud 7.2 y 7.5 que se registraron el pasado 24 de junio en su país, generando daños importantes y a la fecha, según cifras oficiales, se contabilizan 580 muertos, principalmente en el estado La Guaira y en la capital, Caracas.
Vía telefónica, Norte Digital habló con el periodista y sacerdote Javier Gómez Graterol, perteneciente a la Sociedad de San Pablo, ubicada en la ciudad de El Hatillo, estado Miranda, en la zona metropolitana de la capital venezolana.


Según relata el sacerdote, el edificio que ocupa su comunidad en El Hatillo tiene 76 años de antigüedad y solamente sufrió daños en sus paredes, aunque tras una revisión estructural se determinó que sigue siendo habitable; destaca que ninguna de las imágenes de la capilla sufrió daños, lo que califica como “una cosa milagrosa”.
“Se ve la afectación en las paredes, pero las imágenes todas se conservaron. A mí el terremoto me agarró en plena misa. Me sorprendió mucho que me llegó una alerta al celular y justo cuando le dije a la gente que me acababa de llegar la alerta, comenzó todo. La gente empezó a salir porque estamos en un espacio abierto. Después continuamos la eucaristía”, narra.
Entre alrededor de los 50 feligreses que estaban en la misa cuando ocurrieron los sismos, no hubo muertos ni heridos, destaca el sacerdote; mientras que en su comunidad religiosa, solamente un estudiante tuvo una subida de tensión y con ayuda de los vecinos fue trasladado a un hospital y actualmente sigue siendo atendido.


Asegura que él actuó racionalmente y el susto le llegó después: “Ayer me dediqué a dormir para procesar lo que pasó. Fue un gran susto y el cuerpo de cada quien reacciona de diferente forma. Ayer se suspendieron los oficios religiosos, pero hoy se está tratando de retomar la rutina porque la gente no quiere perder ese contacto con Dios”.
Mencionó que los vecinos se han mostrado solidarios, se han apoyado entre sí y han participado en la remoción de los escombros para rescatar quienes quedaron atrapados. Los topos mexicanos ya están en territorio del país sudamericano y se ha recibido ayuda de México, El Salvador, Estados Unidos y Catar, confirmó el también periodista.
El movimiento telúrico se originó en una zona donde chocan las placas sudamericana y del Caribe y ocurrió el 24 de junio, día feriado en Venezuela, cuando se conmemora la Batalla de Carabobo, ocurrida en 1821 y que selló la independencia del país. Además, la iglesia celebraba la fiesta de San Juan Bautista.
“Estamos en busca de recuperarnos. Estamos trabajando en la recuperación de nuestras estructuras. Parte de la iglesia ha funcionado como centro de acopio para ayuda solidaria a las poblaciones que han sido más afectadas, en este caso, La Guaira, Caracas, Galipán y las cercanías a la comunidad Tovar, pero sobre todo en La Guaira”, explica.


Señala que los sismos pusieron al descubierto la incapacidad del régimen comunista de Venezuela, el abandono de más de 20 años a la infraestructura del país y que la estructura gubernamental no estaba en capacidad de dar una respuesta inmediata, pero confía en que con la ayuda internacional, de la iglesia y de organismos privados, la población saldrá adelante.
“Se ha hecho la denuncia que las cifras de muertos que está manejando el gobierno es falsa, que pueden haber sido muchas más, pero el Gobierno está tratando de cubrir su imagen”, indicó el religioso.
Desde antes de los sismos, el país estaba bajo un racionamiento de energía que dura entre cuatro y seis horas cada día, el cual sigue vigente. Solamente Caracas cuenta con energía las 24 horas para evitar la tensión social, relata el padre Javier.
“Esto saca lo mejor y lo peor de cada quien. Afortunadamente la población venezolana siempre ha demostrado una cultura de solidaridad y se ha visto en muchas partes cómo la gente se ha dedicado a ayudar. Hay donaciones, mucha gente está en los mercados comprando cosas para donar y ayudar a las personas damnificadas, pero también ha habido algunos saqueos, aunque son muy contados”, comenta.
Insumos como ropa, y alimentos no perecederos, pero sobre todo mucha agua para tomar es lo que más se requiere en estos momentos porque hay gente que lo perdió todo.
“Muchas gracias al pueblo mexicano por la ayuda que han enviado. Si hay alguna solicitud en la que ustedes puedan colaborar, ayuden por favor. Y también, que nos apoyen mucho con la oración porque tiene mucho poder, aunque nosotros la subestimamos a veces”, finalizó el sacerdote desde Venezuela.
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