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Lo vimos venir y no estábamos preparados

El paciente cero (Parte 2)

Y la vida siguió como siguen todas las cosas.

La frontera no se detiene, su vocación es la movilidad.

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Es trajinar de mercancías. Lo atestiguan los trabajadores en pie de madrugada.

La industria y el comercio, la escuela, la iglesia y la fiesta… Al menos, eso creíamos.

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El secretario de Salud vaticinó que la pandemia no “llegaría tan fuerte como en otros países”.

Su estimación la basó en la temporada de calor que estaba próxima.

En ese momento, poco se sabía del comportamiento del virus.

Las autoridades exhortaron a la población a mantenerse alerta por 15 días.

Grajeda invitó a la población a lavarse las manos y conservar la distancia social.

No había, entonces, un programa preventivo estructurado.

La Cámara Nacional de Comercio hizo un llamado a bares y centros nocturnos para el cierre de negocios durante dos semanas, para evitar posibles contagios.

Ese día del anuncio, los neones rojiazules, naranja y amarillos de los antros de la avenida Manuel Gómez Morín todavía brillaban.

Con el tiempo, en confinamiento, algunos seguían abiertos, solo que en penumbra.

Al tiempo, los empleados, los estudiantes, se instalaron en casa para continuar.

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La pandemia mandó a todos a casa

A excepción de quienes trabajaban en empresas consideradas esenciales, el grueso de la población: empleados, profesionistas, prestadores de servicios, estudiantes, debieron adaptarse al trabajo remoto.

Mientras tanto, las autoridades locales de salud se dijeron listas para la guerra: 40 pruebas y 4 camas.

Gumaro Barrios, subdirector de Epidemiología de la SS, dijo que el sector contaba con insumos para aplicar 40 pruebas PCR de detección de Covid-19.

Su compañero de batalla, Arturo Valenzuela, dijo: “El Hospital General cuenta con un área especial para Covid, en donde hay dispuestas 4 camas para pacientes”.

Más cauto, el IMSS en Chihuahua guardó silencio.