En el Poder Judicial todo es un juego de tronos y a Mirone le llegó otra lectura sobre la jugada que se aventaron en el Tribunal Superior de Justicia, con ayuda del Órgano de Administración, para el cambio de sede de las Salas Regionales de Parral a la ciudad de Chihuahua, con las correspondientes readscripciones de las magistraturas.
Si bien el tema se movió a partir del interés inicial del titular de la Sala Civil y Familiar Regional, el magistrado Yamil Athié Gómez, además de la petición que ya llevaba tiempo por el lado de la magistrada de la Sala Penal Regional, María Elizabeth Macías Márquez, las mandonas del Poder Judicial habrían aprovechado el viaje para otra jugada política.
Esa tiene que ver con desarticular el control que en Parral mantiene el magistrado Gerardo Acosta Barrera, quien ocupó la titularidad de la Sala Penal Regional de 2018 a 2021 y se empoderó más en Chihuahua desde el 2021, cuando pasó a la Cuarta Sala Penal.
En sus orígenes de su carrera judicial tuvo el apoyo del duartismo, lo mismo que en las elecciones de 2025, cuando siendo magistrado en funciones, compitió y ganó con la cuarta mejor votación, por lo que en ese orden asumirá la presidencia rotativa de dos años del Tribunal Superior. Ahora está nuevamente en la Cuarta Sala Penal.
Le cuentan a Mirone que en su momento las salas regionales de Parral se crearon justamente para facilitar las movidas de Acosta Barrera y no tanto porque interesara el acercar la justicia en segunda instancia a la gente.
El caso es que el magistrado sigue teniendo demasiado poder y conectes con Parral, por lo que la jugada de los cambios de sede, obviamente palomeada desde la estructura estatal al más alto nivel, estaría buscando minar esa influencia.
La grilla sigue, y con independencia del juego de tronos interno, conoció Mirone que un grupo de abogados se preparara para tumbar el cambio, bajo el argumento de que el Órgano de Administración se extralimitó en sus facultades.
Creen que pueden echar para atrás el movimiento y ya preparan los amparos para atacar el acuerdo, antes de que pasen los 15 días de la publicación. Aseguran que el Órgano podía asignar titulares, hacer adscripciones o readscripciones, pero no cambiar sedes de Salas Regionales.
Viene pues esa batalla legal, aunque también seguirá la presión política y seguramente mediática, ya que consideran que la medida les complicará los procesos cuando se trata de revisar resoluciones, además de impactar en los tiempos, si hablamos de quienes trabajan en Parral y ahora tendrán qué trasladarse a la capital.
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La reciente reunión que promovieron los Rogelios hoteleros (Ramos y González) para crear una organización alterna al Consejo Coordinador Empresarial (CCE), dejó ver cómo hay quienes están más interesados en buscar escaparates políticos o espacios de poder, que en impulsar las agendas de los organismos que presiden.
En eso andan gastando su tiempo y su energía, sin importar que sus agremiados los eligieron para defender los intereses de sus sectores, fortalecer sus cámaras y ofrecer resultados concretos. Sus prioridades andan extraviadas en busca del interés o el beneficio personal, particular o sectario.
Ciudad Juárez ya cuenta con organismos que representan prácticamente a todos los sectores económicos. Tan solo la Canaco agrupa a decenas de giros especializados: farmacias, corredores públicos, agencias de seguridad privada, restaurantes, hoteles, agencias de viaje, comercios, aduanales, servicios profesionales y muchas otras actividades.
La industria maquiladora en Index, la industria nacional en Canacintra, los patrones en Coparmex, los desarrolladores de vivienda en la Canadevi y los hoteleros, agentes aduanales, transportistas y diversos profesionistas, en otras tantas agrupaciones y colegios.
¿Para qué entonces puede servir otro Consejo? ¿Se trata de fortalecer al empresariado o todo se reduce a construir un nuevo espacio de poder? ¿En verdad necesita eso Ciudad Juárez?
Los consejos empresariales tienen su razón de ser en la unidad, no en la división. Si cada vez que una decisión mayoritaria no favorece a un grupo la respuesta es crear un nuevo organismo, se desvirtúa el propósito mismo de la representación empresarial.
En los últimos meses, el empresariado de Ciudad Juárez había logrado algo que pocas veces se veía: una agenda común para impulsar proyectos estratégicos para la ciudad, particularmente en torno al mejor destino de los recursos del Impuesto Sobre Nómina.
Fragmentar la unidad por diferencias internas o por aspiraciones personales significa un claro retroceso y no parece deseable bajo ningún escenario.
En el CCE se han quedado organismos que son pilares del desarrollo económico de la ciudad, como los que representan a la industria maquiladora, la construcción y el transporte, así como los dedicados al abastecimiento de alimentos, pero siempre será mejor que estén todos los sectores alineados en un mismo objetivo.
En la reunión convocada por quienes pretenden construir la otra organización, no todos los asistentes quedaron comprometidos con la aventura divisionista y buena parte de los liderazgos con mayor representatividad prefirieron mantenerse al margen, por lo que todavía podría prevalecer la unidad en beneficio de la ciudad.
Además, no a todos gustó que en la encerrona se planteara la idea de que el nuevo organismo sea encabezado por un empresario independiente, ajeno a cualquier cámara o asociación, como si ya se estuviera pensando en un traje a la medida para el expresidente de Canaco, Rogelio Ramos.
Si se pretende abrir la puerta a un presidente sin representación gremial, la discusión no debería centrarse en nombres, sino en requisitos: trayectoria empresarial comprobada, calidad moral, independencia, credibilidad y capacidad de construir consensos.
Un organismo verdaderamente legítimo tendría que estar dirigido por alguien sin aspiraciones políticas, y sin denuncias penales, lo que dejaría fuera a Rogelio Ramos, además de que no se encuentre en conflicto de interés, participando en administración de fideicomisos o consejos de administraciones que permiten hacer negocios con el poder mantener sociedades con figuras políticas, lo que excluiría en automático a Rogelio González.
Un consejo empresarial no puede construirse alrededor de una persona o un club de socios: debe construirse alrededor de principios.
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Cuando falta poco más de un mes para que comiencen a perfilarse las candidaturas al Gobierno del Estado, los distintos frentes políticos empiezan a mostrar grietas y amenazas de resquebrajamiento. Todo, a causa de las luchas internas por sacar adelante al favorito —o favorita— de cada grupo y, de paso, desacreditar al rival para evitar que termine compitiendo bajo otro sello partidista y les robe votos.
Del lado de la 4T, la disputa entre el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y el Partido del Trabajo (PT) por respaldar, respectivamente, a Cruz Pérez Cuéllar o a Andrea Chávez, ya comenzó a preocupar a los estrategas de Morena, que hasta hace poco daban por “ganable” la gubernatura de Chihuahua.
En el bloque del PRIAN, los tironeos entre los aspirantes impiden que desde ahora puedan presentar una precampaña “espejo” frente a Morena y decantarse, de una vez por todas, por quienes encabezarán las candidaturas al Gobierno del Estado, la Presidencia Municipal de Chihuahua y la de Ciudad Juárez.
El PRI, por su parte, sigue deshojando la margarita. Hasta ahora no existe una postura clara sobre si volverá a sumarse a una alianza con el PAN o si buscará competir por cuenta propia para conservar ese ocho o diez por ciento de votos que bien podría convertirlo en un actor decisivo en la próxima Legislatura.

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En el frente de la 4T, los estrategas de Morena estaban tranquilos porque tanto el PVEM como la familia que controla al PT se peleaban, al final de cuentas, por postular a perfiles surgidos del propio morenismo.
“No hay problema; son nuestros candidatos”, decían hasta hace muy poco.
Sin embargo, durante la semana que termina apareció una amenaza que no tenían contemplada: una fractura que podría llevar a que los dos aspirantes morenistas, Andrea Chávez y Cruz Pérez Cuéllar, salgan a hacer campaña por separado, cada uno bajo las siglas de un partido distinto, dividiendo así el voto de la 4T.
Ahí sí que la cosa cambia.
No es para menos la preocupación. El tono de las declaraciones fue subiendo, el PVEM mantuvo firme su respaldo a Cruz Pérez Cuéllar y el PT, aun con los truenos que se escuchan al interior de la familia Aguilar, ratificó su alianza con Morena… siempre y cuando la candidata sea Andrea Chávez.
El caudal de votos de Morena en Chihuahua es importante y, en condiciones normales, podría alcanzar para ganar la elección. Pero si ese caudal se divide en dos, el beneficiario difícilmente será alguien vestido de guinda.
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En el PAN también comenzó a subir la temperatura.
La disputa entre César Jáuregui y Santiago De la Peña por la candidatura a la Presidencia Municipal de Chihuahua ya salió de los corrillos políticos. Llegó a las redes sociales, a los desayunos y hasta a los salones de eventos.
Personas cercanas a ambos grupos le confirmaron a Mirone que ya no hay marcha atrás: los dos van derecho y ninguno piensa hacerse a un lado.
Más que el viejo juego infantil del “si me pegan, me desquito”, la pregunta ahora es a quién le devolverán el golpe.
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Mientras tanto, Gilberto Loya pisará el acelerador a partir de la próxima semana para intentar cerrar la brecha que todavía lo separa de Marco Bonilla en la carrera por la candidatura al Gobierno del Estado.
Quienes ya pasaron por ese trance dentro del PAN le dicen a Mirone que esa película ya la vieron… y no les gustó el final.
Un grupo terminó imponiéndose al otro, llegaron divididos a la elección constitucional, la perdieron y después tardaron más de veinte años en volver a recuperar la gubernatura.
No es spoiler. Así les pasa cuando les sucede a los panistas.
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Aunque causó más revuelo en el centro del país que en Chihuahua, el anuncio del fichaje de Julián LeBarón por Somos México para la eventual candidatura a la gubernatura, desde luego que ha generado inquietud respecto al impacto electoral que pudiera tener en la definición del 2027.
Desde que Somos México estaba en proceso de conformación y validación, sus promotores principales lanzaron la idea de ir con todo en contra del régimen de Morena; incluso, cuando estuvo Emilio Álvarez Icaza en Juárez planteó la idea de una gran coalición opositora en Chihuahua para el 2027.
Pero ahora quieren perfilar al activista y representante de la comunidad mormona de Galeana como su gallo para la gubernatura, lo que podría significar la fragmentación del voto opositor a Morena.
La clave estará en si realmente prende la candidatura de LeBarón –hay suficiente tiempo para ello– o se queda en petardo pequeño, luego del anuncio que no generó el estruendo que acá se esperaba.
Supo Mirone que del lado PAN apuestan a que se quede así, sin prender, y que cuando vengan las definiciones, el electorado opte por el voto útil y concentre las preferencias hacia la candidatura fuerte que represente el mayor dique contra Morena.
Desde luego que llama la atención de Mirone que aunque en el 2027 hablemos de una elección estatal en Chihuahua, donde el partido en el poder es el PAN, también prevalezca aquí la narrativa nacional de oposición a la 4T.
Es decir, bien podría decirse que en Chihuahua otra alternativa partidista fragmentaría el voto en contra del partido en el poder, beneficiando al PAN y perjudicando al opositor más fuerte, en este caso Morena, pero no parece ser lo que vaya a ocurrir con Somos México ante el PAN y Morena.
El caso es que hay otro jugador más sobre la mesa que podría ser igual o más determinante en el resultado electoral que los otros chiquipartidos, tanto los que juegan a la alianza con Morena (Verde y PT), como los que están más cerca del PAN, pero podrían terminar corriendo por separado.
Previamente hubo interés panista sobre la figura de LeBarón para que como alternativa externa le entrara al juego de apertura ciudadana y peleara la candidatura a la gubernatura, pero no cuajó porque el activista quería la candidatura segura, como asegurado el protagonismo por la grande.
Incluso, bien pudo conseguir alguna candidatura a la diputación por el PAN, donde tenían esa disposición, pero las pláticas ni siquiera avanzaron.
Lo que ahora se sabe es que también por el lado de Movimiento Ciudadano hubo el interés de ficharlo para la grande. Ya no quedó claro si fueron diferencias entre grupos de influencia al interior del partido naranja las que dificultaron el arreglo o LeBarón no aceptó la propuesta.
El activista mantenía la posibilidad de la candidatura independiente, hasta que esta semana se concretó el arreglo con Somos México, donde ahora coinciden figuras que antes participaron cargadas a la izquierda y otras que claramente andan o andaban por la derecha.
En Chihuahua LeBarón ha estado políticamente más cerca de Palacio y ha mantenido una postura muy crítica hacia el Gobierno federal, por lo que el PAN lo consideraba más bien aliado. Ya se verá si electoralmente no resulta todo lo contrario.
Don Mirone