Erik, Daniel, Enrique y Tony no tendrían nada en común, sino es porque los cuatro estuvieron en la cárcel.
Sin embargo, no es esa coincidencia la que hoy los mantiene unidos en un propósito común y con un nuevo sentido para sus vidas.
Los cuatro son alcohólicos, y sin dejar de lado que también consumieron otras sustancias, es un hecho real que llegaron a un grupo dentro del Centro de Readaptación Social número 3 de Ciudad Juárez (Cereso).
Uno de ellos incluso estuvo en la desaparecida Colonia Penal Federal Islas Marías.
La noche del viernes pasado, participaron en una reunión especial, a propósito de la 24ª Semana Nacional de la Persona Alcohólica Privada de la Libertad, que se realizó en el grupo “Sí se Puede”, uno de los 60 que la agrupación Alcohólicos Anónimos Central Mexicana (AA), mantiene abiertos en esta frontera.
“Un compañero llevaba cargando en su morral las fotos de Bill y Bob y los axiomas, como el de Poco a Poco se va Lejos, a cada reunión en el penal de las Islas Marías”, recordó Erik, quien después de varios años de haberse tomado el último trago, hoy es un tipo dedicado a su trabajo, su familia y el servicio en AA.

En las Islas Marías -recordó- los compañeros que lo recibieron hacían cosas tan sencillas y tan significativas, para inspirar en él la idea de un programa espiritual, como preparar una fogata, a escondidas de los guardias a la orilla de la playa, con tal de poder ofrecerle una taza de café.
Con todo, Erick no pudo mantenerse sobrio después de esa experiencia. Pasaron tres años más y fue apresado nuevamente, ahora en el Cereso 3 de Juárez, para finalmente, decidir que ya no tenía nada que hacer con la bebida.
Igual que él, Dany, bajo de estatura, moreno y con cierta cualidad para las ventas, también realiza tareas de servicio en AA: coordina el servicio voluntario de “pasarle el mensaje” a personas encamadas en hospitales o centros de tratamiento.
Pero su ir y venir de hoy, no tiene nada que ver con lo que vivía antes de conocer el programa.
“Me decía Benito (uno de sus compañeros de grupo) cuando andábamos en el servicio: aguas padrino que ahí viene una patrulla”, recordó Dany anoche en su participación.
Tenía dos órdenes de aprehensión pendientes. Que terminara en la cárcel nuevamente, era casi inevitable.
Cuando empezó a quedarse en un grupo, su padrino le dijo que tenía que enfrentar su responsabilidad y entregarse.
No fue una decisión fácil, pero lo hizo. Esa fue la última vez que piso un juzgado. Desde entonces, su récord quedó limpio y, aun así, no es esa la razón de que ahora se sienta totalmente liberado.
Vivir sin alcohol, para un enfermo de alcoholismo, compartió, es la verdadera libertad.
Tony y Enrique también compartieron su experiencia. Como personas que vivieron años en reclusión, también les tocó que miembros AA del exterior, les hablaran de cómo estaban dejando de beber en un grupo.
Eso los animó, y después que obtuvieron su libertad, continuaron asistiendo a reuniones.
También, como Dany y Erick, se involucraron en actividades de servicio. Ahora son ellos quienes asisten al Cereso 3, como visitantes, para decirles a quienes están ahí, que sí hay esperanza y que la cárcel más dura no es la de los barrotes, sino la del espíritu.
Su tarea se resume en una sola frase: “Ellos no pueden salir, nosotros, sí podemos entrar”.
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