Tras la muerte por rickettsiosis del pequeño Kevin Daniel Guerrero en Riberas del Bravo, el duelo que vive Sandra, su madre, es de profundo peso.
Han transcurrido más de tres semanas desde que vio cómo se extinguía su pequeña vida teniéndolo en sus brazos, sin poder hacer nada para salvarlo.
“Esto es algo horrible. Ocurrió de un día para otro. Fue inesperado. Mi hijo murió en mis brazos”, fue lo que declaraba Sandra Contreras a representantes de un medio fronterizo antes de tener certeza del diagnóstico final.
Desde entonces ha venido viviendo sin entender, pero sufriéndolo, el proceso de negación e intentos de aceptación que se conjugan en su mente.
Las reacciones de silencio y de mutismo, de aparente calma seguida de accesos de llanto, y un frecuente dolor de cabeza han sido la constante. En lo físico también hubo efectos negativos en su capacidad para expresarse verbalmente.
Para los psicólogos, se trata de una situación delicada que suele generar en los padres un aislamiento y una sensación de exclusión. Máxime que, en el caso de Sandra, como madre soltera, es un proceso que enfrenta por cuenta propia, con sólo el apoyo de su madre.
En su intento por encontrar apoyo psicológico acudió inicialmente al IMSS, donde le daban cita hasta el mes de diciembre.
En los días subsiguientes Norte Digital buscó para ella un apoyo en otra instancia que, por razones de organización e infaltable burocracia, no se daba.
Tanto el sector Salud del Estado como el Municipal decían tener puertas abiertas para el caso; sin embargo, al acudir de inicio, no faltó una razón para que el servicio no se diera o le fuera negado por otras razones.
Finalmente, tras una labor conjunta entre Norte Digital y activistas de la colonia, más la intervención de personal más sensible al caso, el apoyo llegó.
Sandra fue canalizada para recibir terapia especializada al Centro Familiar Para la Integración y Crecimiento (CFIC) A.C., donde tuvo su primera sesión el pasado sábado. La sesión que también incluyó a otro hijo de Sandra, estuvo a cargo de la terapeuta y tanatóloga Josefina Román Mendoza.
Según especialistas en el tema, el duelo puede durar entre seis meses y un año, y a lo largo del mismo se atraviesan diversas fases.
Esto depende de varios factores como la forma en que ocurrió el deceso o la cercanía con la persona fallecida, entre otros.
Por ello, el período de duración del duelo puede prologarse dependiendo de las variables presentes y cómo reacciona la persona al vendaval de emociones.
Ante la necesidad de mantener el secreto profesional entre paciente y terapeuta, la especialista de CFIC se concretó a confirmar el inicio de las terapias. “Su proceso se inicia con esta sesión” expone en un oficio con su firma y logo oficial.
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