—Esta es mi cartera, aquí es donde me tuvieron amarrado por horas— apuntó José mientras recorríamos el baldío aledaño al bulevar Talamás Camandari—, aquí es donde me trajeron con los ojos vendados y me quitaron la ropa para tenerme un buen rato.
A lo largo de los terrenos despoblados en los fraccionamientos Parajes de San Juan, Parajes de San Isidro, así como de Lomas del Desierto, están esparcidas evidencias de personas que fueron víctimas de Los Macheteros, las cuales, fueron halladas por NORTE.
Tras varias semanas de investigar a la pandilla, que asalta, secuestra y viola en baldíos, durante el segundo día de búsqueda en despoblados, quien escribe, en compañía de un fotógrafo, bajo la guía de un afectado reciente, emprendió la búsqueda de rastros que delataran la presencia anterior de víctimas y victimarios.
Detrás de lomas y matorrales, entre las espinas o sepultadas por la tierra, yacían bolsos, al igual que carteras vacías, como la que halló José (nombre ficticio), tras cuatro meses de ser asaltado.
—Aquí tenía la foto de mi padre, falleció hace poco —, dijo al tiempo en que esculcaba para encontrarla—, pero ya no está.

No muy lejos del bulevar, que señalaron está en tinieblas todas las noches, el primer indicio que encontramos fueron cintas de zapato utilizadas como mordaza, estaban detrás de un montículo, junto a un pantalón y una camisa.
—Lo que pasa es que te quitan las cintas y con ellas te amarran las manos, así como las pueden ver aquí—apuntó el acompañante—también te quitan la ropa para llevarse todo lo que traes y la dejan ahí tirada.
En la búsqueda, que se extendió al menos un par de horas, destacaron prendas íntimas de mujeres ocultas tras lomas, las cuales, podrían estar relacionadas con violaciones o abusos sexuales de los que mujeres víctimas de los pandilleros han sido objeto, ya que en al menos tres afectadas han hecho público su caso, aunque aseguraron hay más.
También fueron descubiertas tarjetas de débito, crédito, credenciales de estudiantes, gafetes de empleados de maquiladora, montones de ropa que a simple vista podrían pasar como basura, de no ser por José, quien como víctima, aseguró que pertenecieron a presas de Los Macheteros.
Pasamos de un terreno a otro, en todos, las posibles evidencias contaban con las mismas características, incluso el tipo de áreas en que fueron dejadas coincidían una con otra, sin embargo, fuimos sorprendidos por una advertencia dejada al lado de nuestro automóvil: “Aquí estubimos putos”, (sic).
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