Edgar Omar tenía 18 años, estudiaba mecatrónica y quería comenzar a trabajar para seguir pagando su carrera. Estaba orgulloso de haber ingresado a la universidad y esperaba recoger su nueva credencial. La noche del 16 de septiembre, ese proyecto quedó sepultado bajo una barda que se desplomó durante la tormenta en la colonia Rancho Anapra.
Este mediodía, su familia regresó al parque ubicado en las calles Hipocampo y Coahuila. Vestidos en su mayoría de negro, sus integrantes llevaban una cruz de madera que pretendían colocar en el sitio donde quedó el cuerpo del joven.
No pudieron hacerlo ya que elementos de la Dirección General de Protección Civil todavía realizaban maniobras para demoler los restos de la estructura que le cayó encima a Edgar Omar y causó heridas de gravedad a una joven que lo acompañaba.
Los bomberos explicaron a la familia que primero debían retirar lo que quedaba del muro y realizar otros trabajos en la zona. Tendrían que esperar para colocar la cruz.
En la acera de enfrente, afuera de la carnicería Los Jarochos, el sonido de las trompetas de varias canciones de cumbia retumbaba entre las casas y los rincones de Anapra. Un hombre con máscara de luchador invitaba a los vecinos a aprovechar las ofertas del día.
Para Cinthia Campos, madre de Edgar Omar, no había música ni anuncio capaz de imponerse al dolor por lo ocurrido la noche anterior.


Una salida casual terminó en tragedia
Antes de hablar sobre su hijo, aclaró una versión que comenzó a circular en redes sociales: Edgar Omar no mantenía una relación sentimental con la joven que resultó lesionada. En el mejor de los casos, explicó, eran amigos, pero enfatizó que “no eran novios”.
Aseguró que el joven dedicaba la mayor parte de su tiempo al estudio y al ejercicio. Permanecía regularmente en casa y su presencia aquella noche en el parque fue producto de la casualidad.
Edgar Omar acostumbraba acudir a ese lugar para convivir con sus amigos. Jugaba futbol y platicaba con ellos. La tarde anterior recibió un mensaje: tenían tiempo sin verlo y lo invitaron a reunirse.
Mientras estaban en el parque comenzó a llover y la precipitación se convirtió rápidamente en una tormenta y Edgar Omar no alcanzó a regresar a su casa.
Mientras buscaba dónde resguardarse, la estructura hecha de bloques y cemento se desplomó sobre él. El joven murió en el lugar y su acompañante resultó gravemente herida.
Al dolor por la muerte de su hijo se sumó el robo de sus pertenencias. Cinthia denunció que, mientras intentaban auxiliarlo, alguien tomó los objetos que llevaba consigo.
La familia se percató de lo ocurrido porque, presuntamente, alguien intentó realizar un pago con una de las tarjetas del joven. Hasta ese momento desconocían quién tenía sus pertenencias.
“Que devuelvan sus pertenencias no nos va a devolver a nuestro hijo, pero que tengan un poquito de respeto. Al menos lo que queremos es recuperar sus credenciales. Él tiene sus credenciales del Cecytech; son recuerdos de él”, expresó.



“Era un niño prodigio”
Frente a los restos de la barda, Cinthia recordó a su hijo como un estudiante dedicado, deportista y orgulloso de su desempeño académico.
“Él era un niño muy estudioso. Pueden ir a preguntar por él en el Cecytech, en la universidad. Era un niño excelente. En la página del Cecytech hay muchas fotografías de él. Fue a Chihuahua a un concurso de voleibol. Aquí hizo muchas prácticas, muchas cosas. Él estaba muy enfocado en estudiar”, afirmó.
De acuerdo con su madre, Edgar Omar había conseguido ingresar a la Universidad Tecnológica Paso del Norte, donde estudiaba la carrera de mecatrónica. El ingreso le había costado horas de desvelo, trabajos y tareas.
También se preparaba para buscar empleo. Quería obtener ingresos para continuar pagando sus estudios y estaba entusiasmado porque acudiría a recoger su credencial universitaria.
Cinthia relató que los vecinos del sector ya habían advertido las fallas estructurales de la barda. Parte del muro se había desplomado anteriormente, por lo que cuestionó por qué no fue retirado en su totalidad antes de que ocurriera la tragedia.
Al hablar sobre cómo recordará a su hijo, su expresión se tornó aún más triste y las lágrimas comenzaron a brotar.
“Era muy serio, pero era muy alegre. Sabía hacer reír a los demás. Le gustaba mucho platicar sobre sus cosas de la escuela. Estaba muy orgulloso de haber entrado a la universidad”, relató.
“Siempre fue un niño muy responsable. Nunca faltó a clase. Lo vamos a recordar como lo que era. Era un niño prodigio”, aseguró.



Una cruz todavía sin colocar
Después de permanecer algunos minutos frente al lugar donde murió Edgar Omar, la familia se retiró. Los bomberos continuaron con las maniobras para derribar completamente el muro afectado por las lluvias.
La espera también les permitiría pintar y adornar la cruz que después colocarían en memoria del joven.
Mientras la familia observaba la zona de la tragedia, la abuela de Edgar Omar se encontraba en las instalaciones de la Fiscalía General del Estado para realizar los trámites de identificación del cuerpo.
Esperaban comenzar a velarlo ese mismo día, aunque todavía no sabían con certeza cuándo podrían despedirse de él por última vez.
La familia se fue y el muro cayó, pero, en la acera de enfrente, el hombre enmascarado y su bocina jamás guardaron silencio.
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