De acuerdo con varias denuncias que llegaron hasta el escritorio de este Mirone, crece la preocupación por el desabasto de medicamentos para el tratamiento de la hepatitis C entre derechohabientes del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Chihuahua.
Y no se trata de un faltante de unos cuantos días, no. El desabasto ha ido en aumento y pacientes de Ciudad Juárez y Chihuahua llevan más de mes y medio con sus tratamientos interrumpidos.
A los afectados, trabajadores del propio IMSS les han informado que no hay medicamento, que deben apuntarse en una lista y que les llamarán cuando llegue. La explicación que han recibido es todavía más preocupante: no hay dinero para surtirlo.
Así, tal cual.
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Y aquí aquello de “cómprelo mientras llega” está completamente fuera de las posibilidades de la inmensa mayoría de los derechohabientes.
Uno de los medicamentos utilizados para combatir la hepatitis C es el sofosbuvir 400 mg/velpatasvir 100 mg. Cada caja contiene 28 tabletas, suficientes para cuatro semanas, mientras que el esquema de tratamiento puede requerir 12 semanas.
Pero esa no es la bronca, el problema es el precio. En distintos proveedores especializados consultados, una sola caja se ofrece actualmente entre 160 mil y más de 212 mil pesos.
Haga cuentas mironiano lector.
Para completar 12 semanas, un paciente necesitaría tres cajas, por lo que tendría que desembolsar entre 300 mil y 600 mil pesos si pretendiera adquirir por su cuenta el medicamento a esos precios.
Sí, leyó bien: más de medio millón de pesos en algunos establecimientos para completar un tratamiento.
Así que mientras con otros medicamentos faltantes todavía existe la posibilidad —dolorosa para el bolsillo, pero posibilidad al fin— de acudir a una farmacia de genéricos, para estos pacientes simplemente no hay plan B.
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Y el asunto adquiere otra dimensión porque no hablamos de personas esperando iniciar algún día su tratamiento, sino de pacientes que ya lo comenzaron y llevan semanas con el esquema interrumpido.
Ahí está otro de los agujeros que aparecen detrás de ese 97.7 por ciento de recetas surtidas que presume el IMSS.
Porque la estadística puede verse muy bonita desde un escritorio, pero poco consuelo representa para quien lleva más de mes y medio, dando vueltas -eso sí-, esperando un medicamento que necesita para combatir la hepatitis C y recuperar su calidad de vida.
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Y ya que andamos metidos en las carencias del IMSS, hay que seguirle por otro de esos frentes que nomás no terminan de componerse: el abasto de medicamentos.
Desde el interior de la dependencia nos informan que hay una ligera mejoría, pero…
Ese “pero” que nomás no deja, porque acá se trata de decir que los que siguen faltando casi de a tiro por viaje son los más socorridos: los que se recetan para atacar la diabetes y la hipertensión. ¡Poca cosa! Las dos principales causas de muerte en el país.
Los usuarios de esa sobrecargada institución que padecen alguna de esas enfermedades —o complicaciones derivadas de ellas— ya se han cansado de hacer fila frente a la ventanilla de la farmacia de su clínica para que, al final, les entreguen “casi” todo, excepto los que más necesitan.
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Entre los medicamentos para atender diabetes e hipertensión que han sido reportados como faltantes en Chihuahua aparecen insulina, sitagliptina/metformina, metformina, losartán, nifedipino y, en los registros nacionales más recientes del IMSS, dapagliflozina y carvedilol, según diversos reportes.
El famoso losartán está señalado como de escasez “histórica”, pues su ausencia en los anaqueles del IMSS es recurrente, a grado tal que el paciente prácticamente está listo para irse a la farmacia de medicamentos genéricos a buscarlo, pues sabe de antemano que no se lo surtirán.
La “historia” de ausencias alcanza a buena parte de los medicamentos que los doctores de medicina familiar suelen recetar a pacientes con diabetes, quienes se ven en la misma necesidad: ir a buscarlos por su cuenta para dar continuidad a su tratamiento. El problema es que algunos de esos fármacos tienen precios prohibitivos y ahí sí, ni cómo hacerle.
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El parte oficial del IMSS presume que el 97.7 por ciento de las recetas emitidas durante la actual administración federal quedaron surtidas. Eso, sin embargo, no necesariamente significa que ese elevado porcentaje corresponda al número de pacientes que recibieron todos los medicamentos de su receta. El propio IMSS reconoce que una receta puede surtirse parcialmente.
Mientras tanto, la incidencia de hipertensión, diabetes y enfermedades que las acompañan sigue rampante, con tendencia al alza y cobrando miles de vidas al año a lo largo y ancho del país.
Esa es la dura realidad a la que se enfrenta el IMSS y, en general, la medicina pública del país: hay nuevos hospitales, más camas y quirófanos relucientes, pero no los medicamentos necesarios para evitar que la gente termine hospitalizada por el deterioro de su salud.
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Vaya que se han complicado las cosas para desatorar la construcción de Viviendas del Bienestar en Juárez.
Tanto así que —se enteró Mirone— en la reunión del miércoles, realizada para ver cómo se puede resolver el broncón por falta de agua y de inversión para garantizar el suministro, el director técnico para el programa de Infonavit en la Zona Norte, Juan Carlos Pérez, deslizó la posible cancelación definitiva, en cierto tono de amago.
Así la soltó, desesperado porque en Chihuahua no ha ocurrido lo que —asegura— sí ha pasado en otras entidades, que cuando se han presentado complicaciones económicas para concretar las acciones de vivienda con el concurso de los tres órdenes de Gobierno, ahora sí que “todos ponen” y se solventan los pendientes.
El problema es que acá nadie quiere poner o nadie tiene suficiencia presupuestal para algo que no se pensó bien antes de definir los terrenos para el programa: construir, habilitar o ampliar la infraestructura hidráulica necesaria, tanto si se habla de agua potable como de drenaje sanitario y en materia pluvial.
Quien ha sabido manejar bastante bien la situación y suavizó la discusión fue José Antonio Chávez Rodríguez, el director general de la Comisión Estatal de Vivienda, Suelo e Infraestructura (Coesvi), el organismo descentralizado de Gobierno del Estado.
Una y otra vez ha insistido, y así lo dijo nuevamente en la reunión, en que justamente para eso están en las mesas interinstitucionales, para resolver “cómo sí” se pueden hacer las cosas y no para buscar los “cómo no”.
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Por lo pronto, ya se supo que le bajaron a la cifra hasta los 272 millones de pesos, como proyección presupuestal mínima para dotar de la infraestructura hidráulica al predio de casi 20 hectáreas donado por Coesvi.
Con ese recurso podrían ejecutarse las obras requeridas para que se puedan construir en el predio ubicado en los rumbos de Ciudad Universitaria 2 mil 112 viviendas, aunque no se haría lo requerido dentro de un Plan Maestro para toda la zona, porque la inversión es mucho mayor —hasta de mil millones de pesos, se comentó al inicio de las mesas—.
Ese es uno de los problemas a resolver: la suficiencia presupuestal para esa fase, pero resulta que tampoco se ha terminado de solucionar la infraestructura para el predio de 5.4 hectáreas que compró el Gobierno Municipal, en la zona de bulevar Fundadores, y donó para construir las primeras 728 viviendas.
Para acabarla de amolar, precisamente fue la representación municipal la que hizo el vacío en la reunión del miércoles, dejando en el limbo la atención a la solución del problema.
Quienes sí participaron de la mesa, además del director general de Coesvi y el representante de Infonavit, fueron Alberto Paredes, director ejecutivo de la Junta Municipal de Agua y Saneamiento (JMAS) Juárez; Román Alcántar, delegado de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), y Nohemí Sotelo, la directora regional de la Comisión Nacional de Vivienda (Conavi).
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Precisamente por la manera en que se está complicando la solución al problema del agua, trascendió que ya está sobre la mesa la opción de buscar terrenos con mejor ubicación, en el suroriente, para no batallar por las factibilidades.
Nada más que si no hay suficiente terreno que sea de algún ente público, la bronca será la misma: con qué ojos lo van a comprar si nadie trae dinero en la bolsa.
Quizá el Gobierno Federal tendría que hacer una excepción en Juárez y aportar financiamiento especial para los terrenos, más allá del subsidio aplicado a la construcción de las viviendas.
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Varias figuras morenistas de Chihuahua se han colocado muy bien junto a Ariadna Montiel Reyes, la presidenta nacional de Morena y exsecretaria de Bienestar.
Digamos que quedaron bien parados y que la presidenta morenista sigue mostrando su AMOR por Chihuahua, dándoles jugada a quienes acá ha conocido desde que llegó como delegada política para la elección presidencial de 2018.
Por lo pronto, le dio la oportunidad de aventarse al ruedo de las ligas mayores de la grilla guinda a Edin Estrada, el hijo del coordinador del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada.
Edin trae mucho trabajo de territorio y ya carga trayectoria, aunque había estado más acotado a las tareas juveniles.
Ahora anda el juarense en curso intensivo de aprendizaje, nadando literalmente con tiburones en el estado de Zacatecas, a donde fue enviado como delegado del CEN para coordinar los trabajos políticos y organizar las asambleas informativas en los 58 municipios, además de lidiar con los grupos que quieren imponer la candidatura a la gubernatura y se han dado con todo, abierta y soterradamente.
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Recientemente también se jaló Ariadna hasta las oficinas de Morena en la Ciudad de México a otra joven política, Karen Mora López, hija de una pareja de fundadores del Movimiento 4T en Parral.
Primero tuvo contactos con el también fundador Martín Chaparro y luego trabajó en el Congreso del Estado. Ana Estrada, la exdiputada y hoy síndica municipal, la acercó al equipo de Cruz Pérez Cuéllar, con quien colaboró un tiempo, primero como directora de Desarrollo e Infraestructura de la Dirección General de Desarrollo Social y luego como titular de la Coordinación de Atención Ciudadana del Suroriente.
Terminó tronando con ese equipo, pero fue rescatada por el grupo montielista, vía la diputada local y exdirectora regional de Programas para el Bienestar, Lizzy Guzmán. Pues ahora trabaja como asistente de la presidenta nacional de Morena.
En la misma área de la Secretaría Particular, también lleva colaborando con Montiel desde que estaba en Bienestar Nohemí Cañedo, una juarense que hizo bastante talacha partidista como coordinadora territorial.
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Además, está el caso de Diego Villanueva, operador y amigo de Ariadna de toda la vida como parte del Grupo Coyoacán, quien de alguna manera se volvió chihuahuense cuando se casó con la hoy delegada de Programas para el Bienestar, Mayra Chávez.
Diego ya tiene su residencia en Chihuahua e, igual que Mayra, se la pasaba entre Juárez y la capital, pero Ariadna lo mandó llamar a la Ciudad de México cuando se convirtió en presidenta de Morena y lo nombró coordinador nacional Jurídico.
Antes de ese nombramiento, Villanueva se desempeñaba como asesor del Grupo Parlamentario de Morena en el Congreso del Estado.
El caso es que los morenistas vinculados a Chihuahua siguen creciendo y empoderándose en el ámbito nacional.
Don Mirone