Decenas de migrantes, entre los que se encuentran niños y adultos, durmieron en un campamento improvisado, junto a la puerta fronteriza número 36.

Desde ayer en la tarde cruzaron el río Bravo, con el fin de evitar ser llevados a un albergue del lado mexicano.

Aunque hay una casa de campaña, la mayoría pernoctó bajo cobijas para protegerse del clima, que en ese sitio, es más fresco por las noches.

Esta mañana, un grupo de 10 personas llegó al bordo, en el lado mexicano. Ahí, con niños en los brazos, un galón de agua, bolsas y mochilas, cruzaron el río Bravo, para sumarse al otro grupo del lado estadounidense, que espera que abran el cruce fronterizo.

Un hombre lleva a un niño en los hombros, mientras unas mujer, lo toma del hombro, como para darse confianza y avanzar entre el agua.

El agua casi les llega a la cintura. Unos llevan su calzado en las manos y otros prefirieron no quitárselos.

Otro adulto se balancea con un menor en los hombros, mientras del otro lado observan su paso. Lo han logrado. Están en tierras estadounidenses.
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