La empresa de seguridad privada Camsa, que prestaba servicio en la estación temporal migratoria del puente Lerdo, era conocida por la irregularidad con la que operaba, de acuerdo a testimonios de personas allegadas a dicha estancia, donde resultaron 40 muertos y 27 lesionados en un incendio.
Según explican a Norte Digital, la compañía contratada por el Instituto Nacional del Migración (INM) nunca tenía una plantilla estable de trabajadores, porque la rotación de personal era muy alta en la estación referida.
Revelan que dichos guardias no eran las personas idóneas para llevar a cabo un trabajo con gente que debe ser protegida por el Estado mexicano.
Los vigilantes renunciaban principalmente porque les quedaban mal con los pagos, ya que la nómina debía ser cubierta de forma quincenal y era común que tardaran hasta un mes para cumplirles.
Otra irregularidad que tenían es que contrataban incluso a mismos migrantes que no contaban con ningún estatus migratorio que les permitiera ser empleados formales en México.
“Contrataban en ocasiones a guatemaltecos y hondureños, nomás les ponían un uniforme y ya eran los encargados de seguridad, era totalmente una empresa patito”, subraya uno de los testimonios recabados por este medio.
Los guardias de Camsa, la empresa a la que le retiraron el contrato con el INM, también era común que consumieran drogas en horas de trabajo y no estaban en sus cabales a la hora del desempeño de sus funciones, mencionaron personas entrevistadas que hablaron a condición de anonimato.
Según uno de los entrevistados, el día de la tragedia –27 de marzo pasado– en que el INM realizó un operativo para llevar a migrantes a la estación, las cosas se tornaron tensas desde que los trasladados llegaron al lugar.
Refiere que los migrantes estuvieron muy alterados en todo momento y mantenían una protesta prácticamente desde que llegaron tras ser conducidos a la celda por las autoridades.
Explica que estuvieron gritando desde temprano y ya para la noche estaban desesperados por salir y fue cuando iniciaron el incendio.
Acerca de la llave del candado de la celda donde se ubicaban los 68 migrantes, uno de los entrevistados comentó que era común que no se tuviera un control sobre la misma.
Anotó que se la dejaban a uno de los guardias, pero si tenía que salir a alguna parte, se la dejaba a otra persona y así de repente se extraviaba.
Menciona que es lo que pudo haber ocurrido el día del incendio, que con la tensión de la protesta, del fuego y del humo, de repente no supieron en dónde estaba la pieza que pudo haberles salvado la vida a esas 40 personas, por ese desorden con que se manejaban las cosas al interior de la estación migratoria.
Aunque se pone pensativo, el entrevistado no se explica aún cómo fue posible que no hubieran intentado romper el candado a como diera lugar, incluida la posibilidad de pegarle con fuerza con un extinguidor, porque afirma que sí había extinguidores, pero no sabe si tenían o no sustancia para sofocar el fuego que rápidamente se extendió debido a lo flamable de las colchonetas utilizadas.
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