El reloj marca la 1 de la tarde en el Centro Histórico de la ciudad y el tráfico empieza a concentrarse con intensidad cerca del cruce de las avenidas Francisco Villa y Vicente Guerrero.
Aquí yace uno de los edificios que más misterio y admiración ha causado a los habitantes de esta frontera: la Garita de los Metales, edificio que se construyó en 1889 y que formó parte de la Aduana Fronteriza que funcionó en esta zona de la ciudad, desde finales del siglo XIX y durante el XX.
Cuando la Aduana cambió de lugar, el edificio quedó inutilizado y prácticamente en abandono. Durante décadas, ha quedado como un testigo silencioso de los cambios del Centro Histórico.

Aunque en 2010, sufrió un incendio que prácticamente lo consumió en su totalidad, fue reconstruido, para conservar su posición de privilegio en la ciudad, siendo custodiado por una barda de metal negra, a lo largo de su perímetro.
Sin embargo, al observar un costado de la barda, se observan daños considerables en su estructura, de tal magnitud que da acceso, sin mayor dificultad, al interior del inmueble.
Algunas de las ventanas, se encuentran visiblemente rotas, por golpes de algún objeto, así como la entrada principal de este lugar, cuyos vidrios de la puerta, yacen en el suelo, junto con algunas envolturas y basura que quedaron atoradas sobre el árbol que da sombra al edificio.


Al acercarse a esta zona, se percibe un ligero olor a madera quemada, que se extiende a aquellos peatones que pasan al lado del edificio. Dicha situación se explica, debido a la información compartida por la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM).
Este fue el lugar en donde, casi, sucede una tragedia; Gustavo Adolfo C. M., de 30 años de edad, fue observado por cámaras de videovigilancia entrando a la garita para provocar un incendio en su interior.
Gracias a la oportuna intervención de las autoridades de seguridad pública, así como del H. Cuerpo de Bomberos, la historia solo quedó en una anécdota que le garantizará a Gustavo Adolfo algunos días tras las rejas, o los que decidan los agentes del Ministerio Público, encargados de imputar la probable comisión del delito de daños.
Por ahora, se hace evidente que, una reja negra visiblemente dañada ya no es suficiente para cuidar a uno de los edificios más importantes en la historia de esta ciudad.