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Fotografía: Norte Digital

Análisis y opinión

¿Quién los dejó entrar?

Los comentarios del autor son responsabilidad suya y no necesariamente reflejan la visión del medio

Por Daniel Valles | Norte Digital | 10:48 am 6 mayo, 2026

La nota es incómoda. Y cuando una nota incomoda, normalmente apunta a algo que no se quiere decir en voz alta.

Cincuenta funcionarios citados a declarar en Chihuahua. No por corrupción de escritorio, no por licitaciones amañadas ni por contratos inflados. No. Por algo más serio: la posible presencia de la CIA en territorio mexicano.

Y aquí es donde se rompe el discurso oficial.

Porque el debate no es si estuvieron. Eso ya suena a pregunta ingenua. El verdadero problema es otro: ¿quién los dejó entrar y bajo qué reglas?

El contexto no ayuda. Estados Unidos ha endurecido su postura en materia de seguridad. La presión no es nueva, pero sí más frontal. La frontera ya no es solo línea geográfica: es zona estratégica, zona de inteligencia, zona de control. Y México, como suele ocurrir, llega tarde a su propio problema.

Porque mientras se presume soberanía en el discurso, en los hechos aparecen tres escenarios posibles —y ninguno es cómodo.

Primero: sí hubo autorización. Entonces hablamos de cooperación, sí, pero con cesión parcial de control. Traducido: México permitió que otro país operara en su territorio en temas sensibles.

Segundo: no hubo autorización. Entonces no hay cooperación, hay intervención. Y eso, en cualquier manual serio de política internacional, es una violación directa a la soberanía.

Tercero: nadie sabe. Y este es el peor de todos. Porque entonces no hay Estado. Hay vacío.

Ahora bien, hay un punto que cambia completamente la narrativa y que no se puede ignorar: no es comprensible que se persiga o se cite a declarar a quienes participaron en un decomiso enorme de droga y en la captura de un narco laboratorio de gran escala en Chihuahua, algo que el propio Gobierno federal no ha logrado en esa magnitud hasta la fecha.

Aquí la pregunta ya no es jurídica. Es política. ¿Se está investigando una irregularidad o castigando la eficacia?

Porque si quienes hicieron el trabajo que la Federación no ha podido hacer terminan bajo sospecha, entonces el mensaje es claro: no se castiga la ilegalidad, se castiga el resultado incómodo.

Y mientras tanto, desde el norte, la presión no disminuye. Al contrario.

El presidente Trump ya lo había señalado: “México necesitaba hacer más” a pesar de haber enviado a una treintena de narcos, detenidos y extraditados de manera expedita. “No es suficiente”, dijo.

Y no lo es, porque el problema no es cuántos se entregan, sino quién controla el terreno. Estados Unidos no confía. Y cuando una potencia no confía, actúa.

Aquí entra el punto fino: la presencia de la CIA no es el problema en sí mismo. Es el síntoma. El indicador. La señal de que algo no está funcionando del lado mexicano. Porque si el Estado tuviera control real sobre su territorio, sobre sus redes criminales y sobre su inteligencia, no habría espacio para operaciones externas. Pero lo hay. Y eso abre una grieta peligrosa.

México hoy está en una posición incómoda. Quiere defender su soberanía, pero no logra garantizar seguridad. Quiere autonomía, pero depende de la presión externa. Quiere controlar, pero reacciona. Y en política, reaccionar es siempre llegar tarde.

Las hipótesis están sobre la mesa: Operación encubierta tolerada. Intervención discreta. Desorden institucional.

Cualquiera de las tres revela lo mismo: fragilidad. Porque un Estado fuerte no duda sobre quién opera dentro de su territorio. Lo sabe, lo regula o lo impide.

Aquí, en cambio, se cita a 50 funcionarios para intentar reconstruir algo que ya ocurrió. Eso no es control. Eso es ir detrás de los hechos. Así que no, el problema no es la CIA. Es lo que evidencia su presencia. Ahí, el meollo del asunto.

* Los comentarios del autor son responsabilidad suya y no necesariamente reflejan la visión del medio.

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