Los primeros días que su hija ingresó al kínder, en el Colegio Americano de Ciudad Juárez, antes de la nevada del pasado 25 de enero, la madre, cuyo nombre se omite para proteger la identidad de la víctima, notó un cambio en su conducta.
Antes era alegre, siempre estaba platicando, convivía con sus compañeros de preescolar y asistía a clases con entusiasmo.
Pero entonces empezó a no dejarse tocar a la hora del baño. Después comenzó a sufrir pesadillas y despertarse asustada en las madrugadas.
Hubo un día que llegó al extremo de negarse a entrar al colegio, algo que nunca había ocurrido, ni cuando estaba en maternal.
“Era una niña muy tranquila, todo lo hacía muy tranquila, muy apegada a mí, dormía su siesta normal, nunca hubo ningún problema”, dice la mamá, quien aceptó contar su historia a Norte Digital, después que la semana pasada una juez decidió no vincular a proceso a la presunta responsable.
Sus amigas le dicen que romantiza mucho la maternidad, porque -ella lo dice- siendo una mujer madura y que apenas tuvo su primer parto, ha disfrutado mucho todo lo que significa ser mamá.
“Me dicen mis amigas que romantizo mucho la maternidad, pero la verdad he disfrutado mucho cada etapa de mi hija”, comenta.
Antes de enero de 2026, los tres primeros años de la vida de su hija habían sido tranquilos y seguros.
“Cuando comenzó maternal, al ver que ella tenía la capacidad de aprender muy rápido, decidimos ingresarla en el colegio para que aprendiera más, pero como estaba muy chiquita, tuvo que repetir maternal y hubo un gran progreso y vimos que se adaptó muy fácilmente”, recuerda.

Le encantaba estar en el colegio, tenía mucha iniciativa en todo, era muy comunicativa, le gustaba participar mucho, estaba pendiente de sus otros compañeros y todo se lo platicaba a ella, pero -añade- llegó el día en que todo cambió.
“Un día salió muy triste de la escuelita y todavía recuerdo su carita y cómo iba jalando su loncherita, así, muy triste, y le pregunté si estaba bien y me dijo que ya se quería ir a casa”, refiere mientras trata de contener las lágrimas.
Ese día, del que no recuerda la fecha exacta, pero tiene certeza que fue a mediados de enero, antes de la nevada, la nena ya no salió corriendo a abrazarla cuando la recogió del colegio.
Llegó a su casa y no quiso comer. Se fue a su cuarto y se quedó dormida toda la tarde.
A los pocos días del incidente, después de mucho insistirle, recién salida del baño en donde ya no dejó que su madre la tocara, la pequeña contó lo que le había pasado.
Consternada por tener que recordar lo ocurrido, pero con la determinación de que se sepa la verdad de los hechos, y se exponga a quienes no le creyeron a su hija, la mujer cuenta cómo fue ese momento:
“Le pregunté, quiero que me digas si alguien te tocó, alguien que no sea yo, y me dice: sí. Y le digo ¿Fue un hombre? Y me dice, no ¿Una mujer?, sí. La única persona que se me vino a la mente fue la miss, y le digo ¿Fue la miss? Y luego me dice, no, no fue la miss y le digo ¿Quién fue mami, dime quien fue? Y luego me dice: La doctora panzona…y se suelta llorando”, para ese momento, ya no pudo contener las lágrimas.
Empezó ahí un largo peregrinar para que agentes investigadoras de la Fiscalía Especializada de la Mujer (FEM) recabaran evidencias y las presentaran a la juez que, después de revisarlas, autorizó que se girara una orden de aprehensión.
Pero algo sucio ya había estado ocurriendo porque -dice la entrevistada- la enfermera señalada por su hija, se había enterado de que la estaban investigando y el mismo día que se giró la orden de aprehensión, tramitó un amparo para no ser detenida.
Lo peor vino cuando en una audiencia judicial el día miércoles 8 de abril, una juez decidió que no había elementos para relacionar a la presunta con el delito perseguido.
“Siento que hay como una cadena (de complicidades) para que se retrasara todo y no estuviera nada a nuestro favor; siento que dentro del camino no solo mi hija fue agredida, siento que nosotros también hemos sido agredidos, por quienes debieron estar de nuestro lado y apoyándonos”, advierte.
Desde que denunció lo ocurrido, la eliminaron de grupos de WhatsApp de la institución y cortaron toda comunicación con ella.
“Yo le entregué (al colegio) a mi hija para una educación, y me la regresaron violada, así fue como me la regresaron, y ellos manejándose como si ahí no hubiera pasado nada”, reprocha.
Lo más grave -agrega- es que además de no dar ningún tipo de acompañamiento ni apoyo, están tratando de restarle valor a lo dicho por su hija y que ya fue documentado en una investigación criminal.
“Me siento tan agredida por parte de ellos, porque invalidan que mi hija declaró que algo pasó ahí, invalidan el hecho de que mi hija recibió una violación, invalidan todo el sufrimiento que estamos pasando y se sienten ajenos a todo esto, siento que es hasta una burla hacia nosotros”, afirma.
“Es como decir que la violación de esa niñita, no nos afecta a nosotros como colegio, eso es lo que siento y me puede, porque yo sé que hay padres que tienen la inteligencia y el sentido común de decir, están pasando muchas cosas en esta ciudad y en los colegios, y no porque sea un colegio de paga, está exento a que pueda pasar algo así”, agrega.
A la fecha, el Colegio Americano de Ciudad Juárez, no ha respondido una petición de este medio para conocer su postura.
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