Una declaración de la pastora y asesora espiritual de Donald Trump, Paula White-Cain, desató una ola de críticas luego de que lo comparara con Jesucristo durante un evento religioso en la Casa Blanca.
Durante una reunión de Pascua con líderes evangélicos, White afirmó que Trump, al igual que Jesucristo, fue “traicionado, arrestado y acusado falsamente”. La declaración estableció un paralelismo directo entre el mandatario y la figura central del cristianismo.
El mensaje no pasó desapercibido. En redes sociales y entre distintos sectores religiosos, la comparación la calificaron como excesiva, inapropiada e incluso ofensiva, al considerar que mezcla política con símbolos religiosos de manera extrema.
El episodio generó aún más ruido luego de que el video del evento fuera retirado de plataformas oficiales, mientras fragmentos del discurso comenzaron a circular ampliamente en Internet.
White-Cain es una figura cercana a Trump desde hace años y actualmente encabeza la Oficina de Fe de la Casa Blanca, lo que refuerza el peso político de sus declaraciones.
El caso vuelve a encender el debate sobre los límites entre religión y poder político, especialmente cuando las comparaciones cruzan una línea que muchos consideran sagrada.
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