«Desde que inició la pandemia y el movimiento quédate en casa, la Red Mesa de Mujeres advirtió que habría un riesgo más elevado, pues eso significaba estar al alcance de los agresores», dijo Yadira Cortés representante de la red.
«Luego se dieron cuenta que, aún sin la estancia obligada en el hogar, los casos de violencia iban en aumento, entonces no hay diferencia», añadió.
Apuntó que las mujeres víctimas de violencia no tienen acceso a una atención inmediata y gratuita.
“Entonces sabíamos que sucederían aumentos en los índices de violencia; sin embargo, también hablamos claramente de la pandemia universal e histórica que se llama violencia contra las mujeres, y es esta la que hemos visto durante toda la historia de la humanidad”, expresó la activista social.
Señaló que, antes del Covid, los índices de violencia contra la mujer ya estaban en aumento, ya estaban presentes; recordó que desde 1993 hay un seguimiento intenso del feminicidio sistémico, que responde a esta cultura patriarcal en la que el hombre se siente dueño y poseedor del cuerpo de las mujeres.
Acusó que tan dueño y poseedor se siente un agresor, que, si una mujer deja la relación, ese tipo de hombre decide antes matarla que dejarla estar con otro; y así es como suceden muchos de los homicidios en esta ciudad.
La pandemia no marcó diferencia
“La pandemia no hizo la diferencia y no es la excepción, y los índices siguen en aumento de acuerdo a datos proporcionados por la Fiscalía Especializada en Atención a Delitos Contra la Mujer por razones de género, de que este año 132 mujeres han sido asesinadas en la ciudad” reveló Yadira Cortés.
Advirtió que los índices no bajan, y que la pandemia sigue vigente y la vulnerabilidad que tienen como mujeres está presente.
Los riesgos persisten: Red Mesa de Mujeres
“Seguimos corriendo riesgos por el simple hecho de ser mujeres”, expresó.
Informó que organizaciones civiles como Casa Amiga compartieron que, durante el regreso a clases, muchos casos de violencia contra la mujer se ventilaron por parte de las profesoras; porque sus alumnos les tienen mayor confianza y les dicen lo que pasa en casa sobre situaciones de riesgo y de violencia.
“Existe una necesidad imperante de aumento de presupuesto a organizaciones civiles e instituciones públicas, para dar seguimiento y acompañamiento a este tipo de casos”, urgió la luchadora pro derechos de la mujer.
Una larga espera
Reveló que existen casos en los que las mujeres señalan que tardan hasta tres meses en obtener la primera cita para atender su caso; un tiempo largo en el que la víctima de violencia podría ser asesinada o caer en una grave depresión que la lleve al suicidio.
Y como ejemplo citó el caso de la mujer que se arrojó al agua de un dique ubicado sobre el eje vial Juan Gabriel.
En ese entonces, la versión de la mujer era que quería mojarse los pies, pues tenía problemas con su esposo y sufría de violencia familiar; y fue por eso que se introdujo al dique y caminó hasta el árbol que se encontraba en el centro.
Cortés dijo que era claro que se trataba de un intento de suicidio, pues no tenía disponible un servicio de atención inmediato y gratuito.
Advirtió que esa falta de alternativas provoca y deja como la solución más viable el suicidio, ya no existir.
“Miles de mujeres llegan a este punto en el que dicen: ‘es mejor no existir que seguir viviendo así'», concluyó.
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