Conocido como el “padre Marcelo”, este sacerdote tzotzil, asesinado el domingo pasado, ha puesto en evidencia la cruda realidad de violencia que azota a la región mexicana de Chiapas.
El hecho sacudió a la comunidad de San Cristóbal de las Casas, dado que el párroco era una figura emblemática en la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, en la lucha contra el crimen organizado y en el activismo por la paz en uno de los estados más violentos de México.
Marcelo Pérez Pérez nació en San Andrés Larráinzar, Chiapas, una comunidad indígena tzotzil, que marcó profundamente su identidad y su misión en la vida.
A lo largo de más de dos décadas de labor pastoral, el padre Marcelo se dedicó a servir a las comunidades indígenas más vulnerables, convirtiéndose en un defensor inquebrantable de sus derechos.
Uno de los hitos de su vida fue su servicio como párroco en Chenalhó y Simojovel, dos municipios chiapanecos marcados por conflictos sociales, pobreza y una creciente presencia del crimen organizado.
Desde 2014, Pérez Pérez se convirtió en un líder visible en la resistencia contra el crimen organizado en Chiapas, ya que ese año encabezó una peregrinación para denunciar el creciente tráfico de drogas y la penetración de grupos criminales en las comunidades indígenas.

Perseguido y amenazado
En 2020, el sacerdote denunció públicamente que había recibido amenazas a través de llamadas telefónicas. Detalló que su cabeza tenía un valor que oscilaba entre 150 mil y un millón de pesos.
A pesar de esto, sus pedidos de protección no fueron respondidos de manera adecuada por las autoridades.
El 13 de septiembre de 2024, el padre Marcelo participó en la Marcha por la Paz en Tuxtla Gutiérrez, donde más de 20 mil personas se unieron para exigir un alto a la violencia en Chiapas.
Marcelo Pérez fue fundador del Movimiento en Defensa de la Vida y el Territorio, una organización conformada por indígenas tzeltales, tzotziles y ch’oles de 13 municipios en la región de los Altos y la Selva de Chiapas.

Asesinato y reacción pública
El asesinato de Marcelo Pérez Pérez ocurrió la mañana del 20 de octubre de 2024, cuando el sacerdote fue interceptado por dos hombres armados a bordo de una motocicleta en el barrio Cuxtitali de San Cristóbal de las Casas.
Los atacantes, presuntamente de la banda criminal de Los Motonetos, le dispararon a quemarropa mientras él se encontraba dentro de su vehículo.
La diócesis de San Cristóbal de las Casas, encabezada por el obispo Rodrigo Aguilar Martínez, condenó enérgicamente el crimen y exigió al gobierno una investigación exhaustiva y justicia.
Al mismo tiempo, el obispo emérito de San Cristóbal de las Casas, Cardenal Felipe Arizmendi Esquivel, lamentó el homicidio y exhortó al gobierno en el poder a buscar soluciones para desmantelar a los grupos armados que tanto daño hacen a la comunidad.
El asesinato de Marcelo Pérez no pasó desapercibido en el ámbito internacional. La Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH) emitió un comunicado condenando el crimen y solicitando a las autoridades mexicanas que realicen una investigación “pronta, exhaustiva y eficaz”.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) también expresó su consternación, recordando que desde 2015 el padre Marcelo contaba con medidas cautelares, debido al constante riesgo que enfrentaba.
Cabe apuntar que la presidenta Claudia Sheinbaum aseveró que ya se investiga el caso y dará más detalles sobre ello este lunes.
Miles de personas se unieron en una marcha en San Cristóbal, siguiendo el féretro del sacerdote hasta la parroquia de Guadalupe, clamando por “justicia” y portando banderas blancas.
EC
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