Con ese título apareció por primera vez, en 1952, un libro anónimo de poemas amorosos, a cuyo cargo editorial estuvo Paolo Ricci. Un año antes Rosario de la Cerda, seudónimo que usó la cantante y escritora Matilde Urrutia, había entregado el compendio de poemas que le había dedicado el capitán a ella. El capitán era Pablo Neruda. ¿Por qué había enviado el libro anónimo y con seudónimo? Porque Neruda estaba casado en ese momento con su segunda esposa, Delia del Carril. Pero bueno, dejemos el chisme para otro día. El chileno no necesita carta de presentación, es uno de los grandes poetas latinoamericanos de todos los tiempos, así que entraremos en materia.
En 1963 Pablo Neruda reconoce la autoría del libro, el cual está dividido en siete partes: “El amor”, “El deseo”, “Las furias”, “Las vidas”, “Odas y germinaciones”, “Epitalamio” y “La carta en el camino”. El subtítulo del libro lo dice claramente: “Poemas de amor”, pero es un amor en distintos grados y de distintas caras, a veces tierno, otras sensual y erótico, otras tantas rabioso, a partir del anhelo, a través de los celos, incluso tóxico, diríamos ahora.
Si bien es cierto que no es uno de los libros más celebrados del Nobel de Literatura chileno, sí podemos encontrar poemas muy íntimos, poemas que muchas veces expresan lo que quizá sentimos en algún momento o sentimos ahora, tiene momentos, imágenes y versos muy buenos, como el inicio del poema “No sólo el fuego”:
Ay, sí recuerdo,
ay tus ojos cerrados
como llenos por dentro de luz negra,
todo tu cuerpo como una mano abierta,
como un racimo blanco de luna
En varios poemas Neruda habla de la amada como pequeña y esbelta, entonces la compara con el continente y así le dedica un poema en que se nota su conocimiento de América, como se puede leer en “Pequeña América”, en que le dice: “Y así mi patria extensa me recibe,/ pequeña América, en tu cuerpo”. En otros momentos el poeta constantemente alude a la isla en que se encuentran los amantes y así lo expresa unos versos del poema “La carta en el camino: “Arañaré la tierra para hacerte una cueva/ y allí tu Capitán/ te esperará con flores en el lecho”.
A los grandes poetas como Pablo Neruda conviene leerlos completamente, aunque la crítica haga sus descartes o clasificaciones porque podremos encontrar pequeñas joyas o grandes versos que nos hablen de nuestra humanidad. Anímense a leer Los versos del capitán.
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