La estación migratoria que se encuentra a un costado del puente internacional Lerdo-Stanton huele a plástico quemado, a muerte y dolor.

A unas horas de registrada la tragedia en la que perecieron 39 migrantes hondureños y venezolanos, el edificio del Instotuto Nacional de Migración se encuentra resguardado por autoridades federales.

La noche del martes más de 60 migrantes se amotinaron luego de enterarse que las autoridades mexicanos los deportarían a sus lugares de origen.

Algunos de los retenidos urdieron una acción que obligara al INM su liberación.

Apilaron las colchonetas, de hule y esponja sobre las que dormirían y les prendieron fuego, sin dimensionar las consecuencias de la acción.

Todo lo hicieron en el sigilo, cubriendo incluso rejas y ventanas, para evitar que los oficiales de Migración los vieran.

Ellos iniciaron la catástrofe que culminaría en tragedia. La mayoría de ellos fallecieron intoxicados.

Los lesionados continúan hospitalizados con pronóstico delicado.
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