Pedro Román Oseguera Cervantes avisó a su madre que iba a un operativo importante en la sierra de Chihuahua y, una vez que estaba allá, se comunicó también para decirle que todo iba bien, que no tuviera de qué preocuparse, porque iban muchos compañeros.
Entrevistada en Ciudad Juárez durante el funeral de quien fuera director de la Agencia Estatal de Investigación (AEI), Martha Cervantes explicó que se quedó tranquila, confiada en la palabra de su amado hijo.
Pedro Román nunca le dijo que iban en busca de un narcolaboratorio clandestino gigante de metanfetaminas, probablemente el más grande jamás descubierto en la historia de México.
Lo que sí supo fue lo que ocurrió después: que Pedro cayó a un barranco profundo, donde su camioneta se incendió y otros tres hombres murieron con él.
Pedro era su único hijo y, al saber que había perdido la vida, su mundo se hundió. Dijo sentirse destrozada, de repente molesta, aunque aclaró que no con Dios, sino tal vez con la vida, porque se lo arrebató.

Vocación desde niño
En pleno funeral en Ciudad Juárez, Martha explicó que desde pequeño Pedro se sintió atraído por la vida policiaca, incluso desde el kínder, donde también decía que quería ser bombero.
“Yo le decía ‘no, hijo, bombero no, porque ellos corren mucho peligro’”, recordó.
Estudió la primaria en el Colegio del Valle, después siguió en la secundaria Estatal 3 y luego en el CBTIS 114.
Los estudios profesionales los realizó en la Universidad Cultural, en la carrera de Criminología, mientras que la maestría la cursó en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez.
Recordó que en 2004 fue su incorporación a la FGE, donde empezó desde abajo, como muchos lo han hecho, pero fue escalando de puestos, siempre dando buenos resultados a sus superiores.
Un jefe que iba al frente
Señaló que, de acuerdo con lo que le han dicho los propios compañeros o sus subalternos, era apreciado y respetado por su espíritu de trabajo, por su valor, por ir al frente, no dando órdenes, sino poniendo el ejemplo.
Uno de los casos donde quedó demostrada su valentía fue en un enfrentamiento que tuvieron años atrás en el municipio de Camargo, donde los agresores estaban parapetados y él abrió campo para que sus compañeros entraran y lograran detenerlos.
“Él amaba su trabajo, le gustaba mucho y fue por eso que fue ascendiendo; no crea que fue de la noche a la mañana”, sostuvo.
La entrevistada por momentos se muestra orgullosa de su hijo, luego se entristece y en ocasiones llena sus ojos de lágrimas.
Quienes la rodean le dan muestras de cariño, de solidaridad y entonces se siente reconfortada. Se da valor para seguir adelante, para atender a todos los que llegan o se despiden luego de estar un rato acompañándola.
La promesa de un trabajo más seguro
En medio del dolor, Martha tiene tiempo para sonreír también, para agradecer a todos los que se han acercado para dar el pésame, a quienes han mandado flores o mensajes. A todos agradece, también por las palabras buenas que han dicho de su hijo, por el cariño que le profesaban, por los reconocimientos y a la FGE por encargarse de todos los detalles de la despedida.
Cuando le iban a dar el nombramiento de titular de la AEI, ella no entendía bien el grado o la responsabilidad y le preguntó a Pedro si era algo bueno, y él contestó que sí, que era una oportunidad donde además ya tendría más trabajo de oficina.
Esto último fue lo que la convenció y le dio su visto bueno, creyendo que ya no saldría tanto a la calle y correría menos peligros.
“Le dije que no fuera a salir de la oficina, pero no era de los que se quedaban sentados”, anotó.
Un final aún sin respuestas
Sobre el percance fatal de Pedro, mencionó que su nuera fue la que le avisó personalmente de lo sucedido y, desde entonces, todo ha sido muy difícil de digerir.
Indicó que no se sabe aún bien qué fue lo que sucedió, pero es muy sabido que por la sierra hay muchos caminos sin pavimentar, brechas, algunas muy angostas, donde los vehículos batallan para desplazarse y el peligro de caer a los abismos es común, sobre todo si no hay iluminación, si estaba oscuro, como fue el caso.
Refirió que, tanto a pie como en vehículo, siempre está el riesgo de caer y no se descarta que hayan simplemente derrapado por las piedras sueltas.
Dijo que, según lo que le han dicho, no se descarta que el chofer de la camioneta se haya quedado dormido al volante, pero comentó que no hay nada claro todavía.
Acerca de la familia que deja Pedro, indicó que es su esposa, así como una hija y un hijo, ambos menores de edad, de 12 y 8 años, respectivamente.
Mencionó que el tiempo que pasaba con sus hijos lo hacía de una manera total: jugando, hablando con ellos y paseando, queriendo en todo momento hacer memorias para que lo recordaran cerca de ellos el día que ya no estuviera.
—¿Cómo se siente, señora?
“Anímicamente destrozada, era mi único hijo, nunca tuve otro hijo, era mi único hijo, era todo para mí, éramos muy unidos, muy, muy unidos”.
Señaló finalmente que ella y su esposo ahora tratarán de seguir adelante con esta herida, cuidando a sus nietos, viendo a su nuera también como a una hija, sin olvidar jamás al fruto de su amor.
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