Morena le echó toda la carne al asador con su marcha contra María Eugenia Campos Galván y, a duras penas, le alcanzó para una orden de tacos.
Eso, más allá de la nota de bajo tono y de las fotografías donde se apreciaban grandes claros en la Plaza, termina siendo un triunfo político para la administración de Campos Galván, que vio cómo su plaza, su ciudad y su enclave siguen bajo el absoluto dominio de su partido… y de ella misma.
La operación —criticable desde cualquier ángulo por el impedimento al libre tránsito de las personas— también dejó claro que Morena necesita mover gente de otras partes del estado, si no es que del país, para pintar un poco en la capital.
La noche del sábado, María Eugenia pudo irse a dormir tranquila. Todo seguía quieto en el frente de batalla. El enemigo llegó con muy poco parque en sus carabinas.





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Las cifras dejan margen para pensar que Morena hizo su mejor esfuerzo y le salió una manifestación no tan mala, pero tampoco lo suficientemente fuerte como para inquietar a nadie.
Si el objetivo era avanzar terreno político en la capital, la marcha terminó quedando “marchita”.
¿Cómo queda entonces el acomodo de piezas después de este primer “gran” intento por golpear políticamente a la gobernadora en su propio feudo?
Por un lado, el PAN puede irse a dormir tranquilo pensando que la disputa real sigue estando dentro de su propia militancia. Su problema no parece ser quién pueda enfrentar al único partido de oposición real en Chihuahua, sino quién será la mejor opción para retener la capital.
Vale revisar los números para entender cómo anda el marcador después de esta “primera entrada”: el PAN ganó el municipio de Chihuahua con 41.49 por ciento de la votación, contra un 29.3 por ciento de Morena. Casi trece puntos de diferencia.
Y eso ocurrió en una elección donde los guindas arrasaron prácticamente en todo el país… menos en Chihuahua.
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Si alguna reflexión puede sacar el panismo local de todo esto, es que no los movieron de su lugar ni les redujeron el margen de ventaja, pero también que todo puede venirse abajo ante el más mínimo error.
A su contrincante de boleta no le alcanzó para más, pero una ruptura interna por una mala designación de candidatura sí podría echar a perder toda la decoración.
Faltan todavía semanas para que lleguen esas definiciones, pero, por lo pronto, a los panistas de Chihuahua capital bien se les puede decir: felices sueños.
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Este fin de semana bien puede quedar inscrito como el día en que el Estado se detuvo. Desde la noche del viernes y hasta bien entrada la tarde del sábado, las fuerzas políticas asumieron el control de las instituciones, de la aplicación de la ley y del “todo se vale, con tal de ganar”.
En ese lapso, cientos de automovilistas, pasajeros de transporte foráneo e incluso operadores de carga quedaron sometidos a la “ley” impuesta por un grupo de particulares sin placa, uniforme, insignias y, mucho menos, facultades legales, que decidió quién pasaba y quién no.
Así, con ese abuso autoimpuesto, los “activistas” se tomaron la atribución de detener el tránsito foráneo, bajar personas de los autobuses y exigirles que mostraran el boleto del pasaje o alguna credencial que los acreditara como “chihuahuenses”; de lo contrario, los regresaban por donde vinieron.


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Mientras todo eso sucedía, la Guardia Nacional permaneció impávida. Se quedó viendo cómo una partida de sujetos, salidos quién sabe de dónde, se tomó la facultad de trastocar el derecho a la movilidad y al libre tránsito y, durante medio día o más, decidió declarar extranjero a cualquiera que no viviera en territorio chihuahuense.
A lo más que llegó el cuerpo de seguridad pública más grande del país fue a publicar un post en X para avisar que la carretera entre Chihuahua y Jiménez, a la altura del kilómetro 170+500, estaba cerrada por manifestantes.
¿Y los usuarios de esa vía? Bien, gracias. No digan que no les avisaron.
El mal ejemplo cundió rápido y poco después ya había otros tramos carreteros cerrados entre Chihuahua y Juárez por grupos que pedían exactamente lo mismo.

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Mientras tanto, en Chihuahua capital, Morena realizó su marcha sin correr siquiera los procedimientos mínimos para garantizar la protección de los manifestantes y la correcta conducción del tránsito vehicular.
Los grupos comenzaron a llegar alrededor de las tres de la tarde del sábado y el cruce entre División del Norte y Universidad seguía abierto a la circulación. Ahí podían verse contingentes de morenistas, bandera tricolor en una mano y pancarta en la otra, esquivando autos y camionetas que seguían pasando con absoluta libertad porque ninguna autoridad cerró el paso.
Si al menos se hubieran tomado la molestia de hacer la solicitud correspondiente a la Subsecretaría de Vialidad, todavía. Aunque también vale preguntarse si la habrían atendido, considerando que quien encabeza esa área despacha, además, como dirigente del PAN Municipal.
Toda la estructura de gobierno, que debería servir y atender a la comunidad, terminó puesta al servicio de la grilla y los intereses partidistas.
Los unos no cuidaron las formas por no ir a verle la cara a los otros, mientras los otros actuaron como auténticos señores feudales, impidiendo el paso a “extraños” que no tuvieran pinta de chihuahuenses.
Lo bueno es que la disputa entre ambos bandos, según dicen, es para salvar al país.

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Por lo visto hasta ahora, Ada Miriam Aguilera llegó a la Comisión Estatal de Derechos Humanos no solo con la espada desenvainada, sino además recién afilada para empezar a darle a propios y extraños y, en particular, para quitarle la gruesa capa de polvo a algunos expedientes que dormían el sueño “de los justos”, para beneficio de dos o tres injustos.
En los casi cuarenta días que lleva en el cargo, la CEDH ya emitió cuatro recomendaciones, una más que las de su antecesor, quien estaba en calidad de encargado de despacho. Y no solo eso: al menos una de ellas va directa y sin escalas contra la Fiscalía General del Estado de Chihuahua, la misma dependencia donde trabajaba antes de asumir su nuevo encargo.
Otras más parecen rodeadas de alambre de púas, porque amenazan con sacar más de un rasguño: denuncias de acoso sexual y laboral, maltrato infantil y expedientes empolvados sobre hechos ocurridos hace años, investigaciones que no tenían para cuándo.
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Desde que se paró frente a la tribuna del Congreso del Estado con la mano derecha extendida para decir “¡protesto!”, Ada Miriam cargó con el estigma de ser la “consen” del Palacio de Gobierno; la excolaboradora de César Jáuregui Moreno, quien por aquellos días era un político en ascenso —ahorita, ni se lo recuerden—, y cuya elección se logró con el voto de una diputada de Morena que le hizo a la Miguel Ángel Yunes Márquez, aquel senador que se le volteó al PAN para aprobar la reforma judicial.
Lo que le han contado a Mirone es que esa espada recién salida de la piedra de afilar la estrenó primero dentro de sus propias oficinas, donde se encontró con que había más de un recomendado y/o recomendada cuyo perfil no encajaba precisamente con el de una institución protectora de los derechos humanos.
Después le entró duro a la revisión de quejas para meterle acelerador a las que sí procedían como recomendación y, pues, al corte del 15 de mayo, ya llevaba cuatro emitidas. Y según los cables que llegan a la “telefónica Mirone”, vienen otras más en camino, igual de peliagudas.
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Hasta ahí, Ada puede presumir que ha estado acertada, pero todavía le falta la prueba de ácido: estrenar las uñas y los dientes que desde hace años le dieron a la CEDH para jalarles las orejas a los funcionarios que no aceptan recomendaciones, no las acatan o ni siquiera responden.
Desde hace varias legislaturas, el Congreso del Estado aprobó reformas para que la CEDH solicite la comparecencia de aquellas autoridades que rechacen las recomendaciones. ¿Cómo para qué? Pues para que, ahí mismo, de frente al Legislativo y ante la cobertura mediática que generan esas sesiones, expliquen por qué rayos no aceptaron el regaño ni están dispuestos a corregir lo que en su dependencia está torcido.
Han pasado ya tres presidentes y un encargado de despacho desde que se aprobó esa especie de “balcón legislativo” para los desobedientes de la CEDH, y hasta hoy nadie lo ha estrenado.
A ver si a Ada le toca quitarle el papel de envoltura a esa herramienta y pegarle, ahora sí, la primera regañada pública al funcionario que se hace guaje para no acatar.
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Por andar de metichón, Mirone se enteró que nada contenta está la presidenta Claudia Sheinbaum con su “examigo” Javier Corral Jurado por las actitudes que ha mostrado y, en particular, por ese comentario arrogante y perdonavidas que se aventó recientemente, cuando dijo que él no se acercó a Morena, sino que el partidazo guinda y blanco fue el que lo buscó.
El desplante no solo cayó mal por el tonito de suficiencia con el que lo dijo a un entrevistador, sino también porque sonó a uno más de los desmarques que suele hacer respecto de los colores, las siglas y, muy importante, las decisiones que toma el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena).
Sus no pocos morenistas que lo abominan le han respondido que no fue la presidenta ni la dirigencia del partido quien fue a “buscarlo”, sino los policías de la Fiscalía Anticorrupción del Estado de Chihuahua, que ya lo tenían bien ubicado en un restaurante de la Ciudad de México.
Ahí sí vale decir que la fuerza pública de la capital del país sí lo “buscó”, pero para evitar que se lo trajeran a su entidad para iniciarle proceso penal.
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Palabras más, palabras menos, esa es la opinión que le han dado a este Mirone comunicativo cuando sale a relucir el tema del senador por Chihuahua que se dice “sin partido”, aunque llegó a la Cámara Alta postulado por los morenistas.
El dato que más ha irritado es que él presume de una supuesta invitación que le habría hecho la candidata presidencial Claudia Sheinbaum, en persona, allá por los inicios de la campaña del 2024, para que se “sumara al movimiento”.
Fiel a su tradición, Corral alardea que trae sus contactos en las meras alturas y que los de más abajo no tienen por qué andarle dirigiendo la palabra, menos aún llamarlo a cuentas.
Él sí que, como aquella canción mexicana que dice: “tú pa’ abajo no sabes mirar”.
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Lo que más ha molestado, según los chismosos que buscan a este Mirone —igual o más chismoso que aquellos— es que se ha colocado en una posición de reventador del proceso interno para designar la candidatura al Gobierno del Estado, con su insistente campaña en contra del alcalde de Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, una de las figuras que podría alzarse con semejante premiesote.
Porque, si el primero en acusar de corrupción al candidato de Morena es otro que es morenista cuando le conviene, pues doble trabajo les pone a los cuartos de guerra de la 4T, porque tendrán que responder ataques que les lleguen desde el PRIAN, más los morteros lanzados desde el teléfono móvil de Corral.
Al parecer, el exgobernador, senador de la República y vendedor de libros no ha entendido que quien resulte postulado llegará con la bendición de las mismas alturas que ordenaron mover a 200 agentes policiales para evitar su captura en la Ciudad de México.
En una de esas piensa que el fuero le durará para toda la vida, pero no. Al menos el que le dieron en el 2024 se acaba en el 2030.
¿Será que ya está pensando en lanzarse para diputado y prolongar su fuero hasta el 2033? No lo duden.
Don Mirone