A pesar de las campañas de esterilización que emprenden Gobiernos y organismos civiles, la reproducción de perros en situación de calle continúa fuera de control, representando un peligro mortal para la ciudadanía.
Así lo manifestó Verónica Murillo, activista pionera de la Asociación de Pro Defensa Animal (Aprodea), tras el reciente y fatal ataque en la colonia Eréndira, donde una jauría provocó la muerte de un hombre de 50 años que caminaba rumbo a su trabajo.
A su consideración, Murillo señaló una falla crítica en la estrategia, ya que al concentrar recursos casi exclusivamente en la atención de mascotas con dueño, se ignora el foco principal del problema: los animales que nacen, crecen y se reproducen sin supervisión humana en la vía pública.
“A esos animales que están en las calles no se les aplica dicha intervención”, explicó Murillo, al advertir que, mientras no existan brigadas específicas para capturar, esterilizar y retornar —o resguardar— a la población callejera, tragedias como la de la colonia Eréndira seguirán repitiéndose.
Recordó que, en los inicios de Aprodea, fueron de los primeros en implementar campañas de esterilización gratuita en colonias, apoyados por una asociación de Estados Unidos.
“La verdad es que yo pensé que se iba a disminuir un poco la sobrepoblación (de perros), pero ahora veo que está peor. La gente no toma conciencia; el abandono es más frecuente”, resaltó.
Consideró que es en las familias donde se decide abandonar a los perros y, aunque esto no es correcto, tampoco lo es aplicarles la eutanasia como solución.
Añadió que no se trata de un remedio a corto plazo y que las autoridades también deben enfocarse en los animales en situación de calle.
“Se están enfocando en reportes de perros maltratados en hogares, pero a los perritos en situación de calle no se les está poniendo atención”, señaló.
“Se siguen reproduciendo, los atropellan, se enferman. Yo creo que debería haber más atención en ese ámbito. Atenderlos en las calles, por ejemplo, recogerlos y entregarlos en adopción”, subrayó.
Murillo agregó que otro problema es que quienes desean adoptar un animal buscan características específicas y, al no encontrarlas, los rechazan.
Indicó que los juarenses prefieren perros pequeños, de razas determinadas, ya que resulta más económico alimentarlos y porque los perros grandes no caben en las viviendas pequeñas.
“Como la mayoría son perritos mestizos, es más difícil que la gente los quiera. También influye el tamaño, porque muchas personas adoptan perros chaparritos por el espacio en sus casas”, explicó.
En relación con las campañas de esterilización, la entrevistada informó que Aprodea también realiza estas acciones y que el año pasado efectuaron un total de 2 mil 164 intervenciones en su clínica.
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