Peligrosamente para toda la sociedad juarense, el alcalde Cruz Pérez Cuéllar ha entrado en una espiral de represión y autoritarismo de la que parece no estar dispuesto a salir.
Avanzan su prepotencia y su intolerancia. De los discursos beligerantes, los dichos y los amagos, pasa a la acción represiva y advierte que no dará marcha atrás en lo que, desde su visión, tiene que ver únicamente con la aplicación de la ley.
Ese talante del alcalde cobijado por Morena, más propio de un gobernante ultraderechista que el de un representante de la izquierda, que se supone reivindicaría al máximo los derechos civiles, se mostró sin careta alguna el domingo 25 de febrero, cuando se utilizó la fuerza de la policía municipal para arrestar a un grupo de activistas que realizaba una protesta en su contra, en el fraccionamiento Campestre, a donde se mudó recientemente.
Su perfil represor se reafirmó este lunes con las declaraciones en su conferencia semanera en las cuales justificó la actuación policial porque se llegó “a la invasión de un ámbito privado”, la del fraccionamiento exclusivo con acceso restringido, y señaló que nunca se ha caracterizado por “echarse para atrás”. Es decir, advirtió que seguirá actuando de la misma manera.
El riesgo para las y los juarenses es que continúe escalando en su manera de reaccionar y actuar en contra de los distintos actores que denuncian hechos de corrupción y expresan opiniones contrarias a su gestión, o de los medios de comunicación que, cumpliendo con su fin social como lo hace Norte Digital, publican toda esa información que hoy pone en tela de duda la idoneidad y elegibilidad de Pérez Cuéllar para un segundo periodo en la alcaldía.
Así empezó su cruzada represiva, cuando en la conferencia semanal del 12 de febrero, amagó con demandar, por daño moral, tanto a quienes han firmado (ante la Fiscalía Anticorrupción) las denuncias penales en su contra y han hecho señalamientos públicos, como a quienes han dado la cobertura periodística, e incluso, han hecho sus propias investigaciones, tal como lo hizo este medio.
No hablamos de un tema menor, sino de la piedra angular de cualquier régimen democrático: el respeto a las garantías y los derechos fundamentales, como lo son la libertad de expresión y la libertad de prensa.
El domingo se pisoteó además el derecho a la libre manifestación de las ideas y se criminalizó la protesta social, lo que nos coloca bajo un gobierno de características plenamente autoritarias.
Hubo un uso abusivo y excesivo de fuerza en contra del grupo de manifestantes que nunca irrumpió en propiedad privada alguna. La calle donde protestaban es pública. Las fotos y los videos dan cuenta de ello.
El hecho de que exista una reja no privatiza legalmente ningún espacio público, por lo que los agentes que hicieron los arrestos deberían de ser procesados por ese abuso de autoridad avalado por el presidente municipal.
¿Qué sigue para Cruz Pérez Cuéllar? ¿Acaso desaparecer a sus opositores?
El alcalde debe poner fin a su beligerancia verbal y repensar las acciones que lo colocan como un gobernante que no respeta las libertades más sagradas. Debe escuchar la voz de las y los juarenses que le gritan ¡Ya basta!
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