Para viajar por México no solo se necesita un mapa, gasolina y buena música; también se requiere un excelente sentido del humor y, de ser posible, una dicción impecable.
Detrás de las autopistas principales y las grandes capitales del país, se esconde una geografía alterna: un fascinante atlas de ranchos, pueblos y ejidos con nombres tan absurdos, poéticos o francamente pícaros que parecen inventados por un comediante, pero que son 100 por ciento reales.
No es un insulto, así se llama donde vivo
Si algo caracteriza al mexicano es el doble sentido y la capacidad de reírse de la adversidad. El mejor ejemplo está en Veracruz, donde la geografía rural se pone ruda.
Ahí se encuentra Está Cabrón, una ranchería bautizada así debido a lo accidentado y hostil de sus caminos de acceso.
En la misma sintonía, los habitantes de La Chingada (en Perote) llevan décadas viviendo en el destino más mencionado por los mexicanos cuando están enojados.
El bajío y el norte no se quedan atrás en el mapa del doble sentido.
En Guanajuato, está la famosa localidad de La Nalga de Ventura que compite en popularidad vecinal con La Verija (San Antonio de la Gavia), demostrando que la anatomía humana siempre ha sido una gran fuente de inspiración para los fundadores de pueblos.
Esto mismo ocurre en el ejido Las Tetillas, en Zacatecas, llamado así por la sugerente silueta de sus cerros, y en Gatas Mochas, Coahuila, que despierta la curiosidad de cualquiera por su descriptivo y felino nombre.
También la comida y la fauna tienen su ranchito
El ingenio popular también se alimenta del entorno y de la comida.
Para los amantes de la gastronomía está El Pozole, una localidad real en Durango.
Si de fauna se trata, el mapa se llena de sorpresas: desde el imponente Pitorreal en Chihuahua y el clásico El Coyote en Coahuila, hasta el curioso Perros Bravos en Sonora y el misterioso poblado de Agua del Perro en Michoacán.
Incluso la calidad de los antiguos pozos dejó huella, como en el caso de Agua Puerca, un pueblo ubicado en la hermosa Huasteca Potosina.
Ahí te encargo con el garbo: entre la apatía burocrática y la internacionalización
La creatividad mexicana también se alimenta de la confusión internacional. ¿Para qué viajar a Oceanía si puedes ir a Nueva Zelandia, Tabasco? Si prefieres el continente asiático, Coahuila te recibe en el ejido Corea, y si buscas un nuevo comienzo, el mismo estado te ofrece el ejido Nuevo Mundo.
Sin embargo, el premio a la apatía creativa se lo llevan los desarrolladores de Baja California Sur.
En un despliegue de nula inspiración poética, decidieron saltarse los nombres de santos o héroes patrios para fundar el Ejido Ley de Aguas Federales 1 y 2, convirtiendo un artículo constitucional en el código postal de cientos de familias.
En una línea similar de misterio burocrático, Coahuila alberga el ejido 8 de Enero, una fecha grabada en el mapa pero cuyo motivo de celebración original casi todos han olvidado.
Este misticismo se repite en lugares como No Me Olvides (Durango), que suena a historia de amor, o en aquellos con tonos de terror como Paso de las Calaveras (Jalisco), El Infierno (Coahuila) —bautizado así por sus sofocantes temperaturas desérticas— y el enigmático Pueblo Que No Pasa (Veracruz), un asentamiento abandonado que se quedó atrapado en el tiempo.
Del mito de la televisión al trabalenguas indígena
Para quienes creían que Tangamandapio (Michoacán) era solo un invento nostálgico de “Jaimito el Cartero” en El Chavo del 8, la realidad es que el municipio existe, prospera y su nombre en purépecha significa “bazar de transición”.
La riqueza lingüística de México aporta los nombres más bellos, aunque difíciles de pronunciar para los turistas. El ejemplo clásico es Parangaricutirimícuaro (Michoacán), el pueblo sepultado por el volcán Paricutín que inspiró el famoso trabalenguas.
A la lista se suman Tzintzingareo (“lugar de colibríes”), también en Michoacán; Bacadéhuachi (“en la entrada del carrizo”) en la sierra de Sonora; y el místico Yucuquimi de Ocampo (“Cerro de la Estrella”) en Oaxaca.
Finalmente, Yucatán sorprende a todos con X’box, que no alberga consolas de videojuegos, sino una vieja leyenda maya sobre una “mujer negra” (pronunciado sh-bosh).
Y Chihuahua, no se queda atrás, algunos nombres municipios o pueblos de la sierra Tarahumara, resultan impronunciables para los mismos chihuahuenses, ejemplos de ellos son: Basíhuare, Baquiriachi, Sisoguichi, Baborigame, Totorichi, y Cusihuiriachi, por mencionar algunos.
Al final, recorrer estos rincones demuestra que en México el territorio no solo se habita: se platica, se alburea y se celebra.
La próxima vez que se pierda en la carretera y termine exclamando Válgame Dios (Zacatecas) o se encuentre atrapado en Salsipuedes (Baja California), no se asuste; está entrando al verdadero e increíble corazón del ingenio nacional.
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