El desarrollo del juicio 170/26, presidido por el juez de Primera Instancia, José Marco Arredondo Ávila, transcurrió de manera inusual al resto de juicios orales que a diario se llevan a cabo en Ciudad Judicial.
En tan solo dos audiencias, el Ministerio Público y la defensa cumplieron con la presentación de alegatos de apertura, desahogo de pruebas y alegatos de clausura necesarios para que el juez resolviera la situación jurídica de Ramón R. G., alias “El Gordo”; José Juan C. C., alias “El Seco”, Edgar Ossiel J. R., alias “Fury”; y Daniel Aaron M. P., alias “El Compa”.
Todos ellos fueron señalados como los presuntos responsables de la desaparición forzada de Dibanhi E. C., de 17 años, quien permanece ausente desde el 16 de abril de 2022.
Al inicio del juicio, compareció la principal afectada por los cuatro años de ausencia de la adolescente: Su madre.
Con dificultad, por que debido a una condición médica tiene que utilizar un andador que se atora en el estrecho espacio de la sala de audiencias, la mujer logró acomodarse y llegar hasta el estrado de testigos.
Tras unos momentos consiguió sentarse y comenzar su testimonio, mediante el cual aseguró que perder a su hija ha sido uno de los dolores más grandes de su vida; se nota en la voz, que se le quiebra constantemente conforme va relatando los hechos que la obligaron a comparecer ante el juez.
Recordó que aquella noche del 16 de abril de hace cuatro años estaba con Génesis dentro de su casa, en la unidad habitacional Infonavit Solidaridad. Todo transcurría con normalidad, cuando observó que a su hija le llegó un mensaje de texto.
Era de una amiga suya llamada Dulce, quien le dijo que fuera a su casa y hablara con “Ramón” (su esposo, alias “El Gordo”) para recoger un dinero. La reacción de la joven fue inmediata, se levantó del sillón donde veía la tele y comenzó a alistarse para salir.
La madre recordó que la víctima le dijo que tenía hambre y que iría a un puesto cercano a comprar unas tortas. Vestía un pijama gris con rosa, unos tenis de la marca Nike y cargaba una bolsa de color negro.

Fue alrededor de las 10 de la noche cuando la menor de edad se subió a un carro gris “que parecía un Uber” para, supuestamente, ir al puesto de comida que estaba a unas cuadras.
Relató que en ese momento no percibió una situación inusual ya que, debido a que no tenían carro, era común que pidiera viajes por medio de aplicaciones como Didi o Uber.
Paro conforme pasaron las horas, su angustia aumentó al darse cuenta de que ya se había tardado demasiado yendo por unas tortas, por lo que comenzó a llamarla a su celular.
Sin embargo, no hubo respuesta; “me mandaba a buzón”, comentó.
Anteriormente, mencionó, habían ocurrido episodios en los que la adolescente salía de casa por varias horas. No obstante, solía avisar y tener comunicación constante para avisar dónde y con quién se encontraba.
La mujer llamó a su hermano y a su madre, quienes también tenían una relación cercana con la joven, pero ellos tampoco sabían dónde estaba Génesis.
Narró que, junto con sus vecinas, colocó pesquisas que elaboró con la foto de su hija a lo largo del sector donde habita con la esperanza de que alguien le pudiera dar información valiosa para ubicarla.
Afirmó que en la Fiscalía General del Estado (FGE) aceptaron el reporte de ausencia hasta el 19 de abril, tres días después de que la vio por última vez, hasta entonces fue atendida por un agente de la Fiscalía Especializada de la Mujer (FEM).
Durante ese tiempo de idas y vueltas a la sede ministerial, manifestó que recibió una llamada de extorsión, a través de la cual un hombre le dijo que trabajaba con un grupo criminal y que tenían a su hija dentro de una casa “por la Henequén”, que se la habían llevado por error, pero que de todos modos debía pagar un rescate por ella.
Como parte de las indagatorias para dar con el paradero de su hija, la mujer comentó que le contó sobre la llamada que había recibido al agente del Ministerio Público encargado de la investigación, pero ya no volvió a recibir alguna comunicación similar.
Tras más de cuatro años de la desaparición de su hija, asentó que todavía tiene la esperanza de encontrarla, aunque en la FEM no le hayan dado indicios suficientes que ayuden a alimentar esa ilusión.
Al hablar sobre la tristeza que siente, afirmó: “no hay palabras para explicarlo”.
Los fragmentos de la desaparición
Ante el juez compareció una agente de la Unidad Especializada en Personas Desaparecidas, que fue una de las principales encargadas de recopilar información relacionada a este caso.
Enlistó que a lo largo de su investigación realizó diversas entrevistas a posibles involucrados en estos hechos, como familiares de Génesis, amigos y conocidos que habían tenido contacto por última vez con la joven.
En específico, recordó la entrevista que tuvo con la abuela de la adolescente, alrededor de un mes después del reporte de ausencia, quien señaló que la había criado hasta los 12 años, cuando decidió irse a vivir con su madre a su domicilio del Infonavit Solidaridad.
Sostuvo que sabía que la adolescente tomaba “pastillas” y que consumía sustancias.

Además, dos años atrás, había vivido una situación similar, cuando la menor de edad se fue de casa durante días, pero al final regresó por su propia cuenta, luego que su familia interpuso el reporte de ausencia ante la FEM.
Declaró que la noche en la que sucedieron los hechos, su nieta se comunicó con ella por última vez, diciéndole que su celular se había descargado, pero que estaba con un amigo.
Una semana antes, dijo, la adolescente le platicó que quería irse a vivir a Estados Unidos.
De igual manera, confirmó que alrededor de dos semanas después de la desaparición de Génesis, recibió mensajes desde el perfil de Facebook de la joven, en los que “El Seco” confesaba que la había asesinado y enterrado.
La agente mencionó que, durante los meses de mayo y junio, se entrevistó con “El Gordo”, así como con su esposa Dulce y un hombre identificado como Eloy.
En dos entrevistas realizadas a “El Gordo”, una de ellas en sede ministerial, el hombre expresó que conocía a Génesis debido a que era amiga de su esposa y que ella la invitaba a platicar a su casa, mencionando que también entabló relación con su suegra.
Sabía que la adolescente “vendía de todo” y que también consumía mariguana en su casa y que la última vez que la vio estaba con “Eloy”, a dos o tres cuadras de su casa.
Por su parte, el aludido declaró a la agente que tenía cerca de un año y medio de conocer a la joven, que “El Compa” se la presentó diciéndole que era amiga de “El Gordo” y “El Seco” y que, además, vendía sustancias.
Aseveró que la vio por última vez una noche de abril, aunque no recordó más detalles.
La agente agregó que, como parte de sus investigaciones, recibió una llamada el 17 de mayo, un mes después de la desaparición, en la que una persona le compartió que había visto a Génesis internada en un centro de rehabilitación.

El 14 de junio, un mes después de la llamada, la agente realizó recorridos en dos centros de rehabilitación gratuitos, cercanos al domicilio de la joven, en los que preguntó por su paradero, sin lograr dar con ella.
Después del testimonio de la oficial, diversos peritos, encargados de realizar cateos en relación a este caso testificaron ante el juez que las indagatorias los habían llevado a solicitar las acciones ministeriales en diversos domicilios en los que se presumía que la desaparecida había estado por última vez.
En un domicilio cercano a la calle Henequén, en el suroriente de la ciudad, un perito de Criminalística testificó que encontraron manchas de sangre en una pared así como en una cama.
Sin embargo, en su declaración, admitió que no se hicieron mayores pruebas en torno a las muestras encontradas y aseveró que ni siquiera tenía la certeza de que se tratara de sangre humana.
Dos agentes aseguraron haber participado en cateos en diversos domicilios, pero señalaron que no se encontraron indicios relevantes para dar con el paradero de Genesis.
Una analista táctica, que compareció por medio de videollamada desde la capital del Estado, informó que se encargó de realizar el rastreo del número telefónico de la joven.
Aclaró que, para el análisis, le dieron cuatro números telefónicos, entre estos el que usaba la menor de edad, el último número por el que se comunicó con su familia y dos más que tenían comunicación constante con ella.
El aparato de la joven, así como el último que usó para comunicarse, tenían como última conexión registrada el 20 de mayo en una torre de comunicación en el Ejido Jesús Carranza, al suroriente de la ciudad, mencionó.
Destacó que, de acuerdo con el registro telefónico, los chips de los teléfonos habían sido colocados en dispositivos diferentes a los que usualmente habían estado.
En cuanto a los teléfonos que tenían mayor contacto con la joven, la analista aseveró que tenían conexiones cerca de una torre telefónica del Centro de Reinserción Social número 3, por lo que infirió que podrían ser teléfonos de personas que se encontraban recluidas en la prisión.
Una vez que se desahogaron los testimonios de los peritos, tocó el turno tío de la joven, identificado como Leonardo, cuya presentación se retrasó debido a que acababa de salir de prisión y no contaba con una identificación oficial, por lo que tuvo que tramitar una “carta de identidad” para que las partes tuvieran certeza sobre su identidad.
Al ser cuestionado sobre si sabía a qué se dedicaba su sobrina, fue crudo y directo; confesó que ella era parte del grupo criminal “Los Mexicles” desde que tenía 14 años y se encargaba de vender cristal bajo las órdenes de “El Seco”.
Lo sabía no solo porque tenía una relación cercana por la joven, sino también porque en ocasiones le tocaba acompañarla a recoger la mercancía.

Señaló que “los cuatro que estaban vestidos de gris, detrás de la defensora” se juntaban con ella y que los reconocía perfectamente, ya que los había visto cuando llevaba a su sobrina.
Contó que la noche del 19 de abril su hermana le marcó para preguntarle por Génesis. también, al igual que su madre, recibió mensajes del perfil de su sobrina, firmados por “El Seco” diciéndoles que “nunca iban a encontrarla”.
Finalmente, la representación social tenía preparada la declaración de Dulce, quien era amiga de Génesis al momento de la desaparición. Sin embargo, a petición de la defensa, y bajo el riesgo de que podría autoinculparse, se ordenó la presencia de un defensor de oficio.
Tras poco más de 20 minutos, en los que la testigo fue informada de sus derechos, terminó por declarar ante el juez que debido al parentesco que tenía con “El Gordo”, quien ahora es su exesposo y padre de sus hijos, se acogía a la facultad de no declarar, por lo que concluyó su presentación ante el juez.
Los alegatos y la resolución del juez
Una vez que concluyeron los testimonios, las partes realizaron un argumento único: El Ministerio Público, aseguró que presentó las pruebas suficientes con las que lograba acreditar la participación de los cuatro imputados en la desaparición forzada cometida en contra de Génesis.
Por su parte, la defensa argumentó que, a lo largo del juicio, el Ministerio Público presentó evidencia únicamente de que durante cuatro años habían hecho diversas diligencias sin dar frutos para dar con el paradero de la víctima.

Enfatizó que no había presentado pruebas suficientes que demostrara el momento y el nivel de participación de sus representados, por lo que solicitó al juez un fallo absolutorio.
Luego de una hora y media de deliberación el juez, José Marco Arredondo Ávila, consideró que aunque no se había presentado evidencia digital que acreditara que la familia recibió mensajes por parte de los imputados, los testimonios de la familia indicaban que la víctima había tenido contacto cercano con “El Seco”, quien era su jefe, así como con “El Gordo”, quienes habrían tenido participación en la desaparición de la joven.
Con relación al resto de los imputados, el juez resaltó que la representación social ni siquiera presentó algún indicio que indicara que “El Compa” y “El Fury” hayan tenido algún tipo de acercamiento con Génesis.
Durante su resolución, el juez reflexionó sobre el contexto en el que se desarrolló la joven, resaltando que, aunque estaba relacionada con probables actividades criminales, no se justificaba que la víctima haya sufrido actos de violencia en su contra.
Además, puntualizó en que es responsabilidad de los jueces velar porque se protejan los derechos de todas las personas, sin importar su profesión, condición socioeconómica, género, y otras.
Por lo anterior, dictó un fallo condenatorio contra “El Seco” y “El Gordo”, mientras que “El Compa” y “El Fury”, fueron absueltos de los cargos relacionados con este juicio.
Para finalizar, el juez ordenó a los condenados, así como a las partes, comparecer el próximo 1 de julio para conocer la sentencia que los condenados enfrentarán en el Centro de Reinserción Social número 3.
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