La despedida de Cruz Pérez Cuéllar del Ayuntamiento tuvo mucho más de acto político que de ceremonia administrativa.
La licencia definitiva —aunque renunciable— aprobada por el Cabildo sirvió para oficializar algo que en realidad ya venía ocurriendo desde hace meses: el alcalde dejó de ser únicamente presidente municipal para convertirse en suspirante de tiempo completo a la gubernatura de Chihuahua.
Por eso la sesión del miércoles por la tarde estuvo cargada de simbolismos, reconocimientos y mensajes que apuntaban más al futuro que al pasado. En el ambiente flotaba aquella frase pronunciada hace años por Héctor “Teto” Murguía al abandonar la Presidencia Municipal: “Me voy, pero me quedo”. Y es que Cruz dejó la oficina principal, pero conservó una estructura política construida durante cinco años, un grupo compacto de colaboradores y una maquinaria electoral que lo acompañará en la ruta estatal.
El Ayuntamiento no despidió al alcalde; despidió al candidato. El propio Pérez Cuéllar terminó por asumir ese papel cuando habló de buscar “la transformación de Chihuahua”, una forma elegante de evitar la palabra gubernatura mientras todos entendían en esa sala exactamente a qué se refería.
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La sesión también dejó claro quién se queda al frente del proyecto mientras Cruz recorre el estado.
Héctor Ortiz Orpinel asumió la alcaldía con un discurso que sonó más a compromiso de continuidad que a inicio de una administración propia. La emoción con la que recordó tres décadas de amistad y cercanía política con Pérez Cuéllar terminó por convertirse en uno de los momentos más comentados de la jornada.
Se le quebró la voz al agradecer la confianza recibida durante los últimos años y al reconocer que fue Cruz quien le abrió las puertas de las principales posiciones que ha ocupado dentro del Gobierno municipal.
No fue casual que prometiera gobernar “en la misma sintonía” ni que hablara de extender el legado de la actual administración. Tampoco pasó inadvertido que, desde su lugar en la mesa del Cabildo, Pérez Cuéllar escuchara los mensajes con evidente emoción, los ojos enrojecidos y el semblante de quien entiende que está cerrando una etapa política importante, aunque sin perder el control de la siguiente.
Ortiz será el responsable legal y político de las decisiones del Ayuntamiento, pero nadie en la sala pareció imaginarlo distante de quien sigue siendo el principal referente político del grupo gobernante.
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Donde las cosas comienzan a ponerse interesantes es en la ruta que viene para Morena. Porque mientras en el Cabildo prácticamente todos cerraron filas alrededor de Cruz, la competencia interna por la candidatura de 2027 está lejos de resolverse.
Hubo mensajes de apoyo, sí, pero también señales de cautela. El regidor Antonio Domínguez Alderete le deseó éxito en la búsqueda de la coordinación estatal de la 4T, aunque con el tono de quien procura no comprometer todas sus fichas en una sola apuesta.
En tanto, Cruz saldrá a recorrer Chihuahua para construir las condiciones que le permitan disputar la candidatura al Gobierno del Estado.
Algunos colaboradores podrían seguirlo en esa ruta durante las próximas semanas, mientras otros permanecerán en la administración municipal resguardando la fortaleza de uno de los principales activos políticos de Morena.
La batalla apenas comienza y nadie puede asegurar hoy quién terminará encabezando la boleta guinda en 2027. Lo que sí quedó claro durante la despedida es que Pérez Cuéllar se marcha con una ventaja que pocos políticos consiguen, con una estructura funcionando, un relevo alineado y un Cabildo más concentrado en su futuro político que en la administración de la ciudad.
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Cuando Cruz Pérez Cuéllar dejó la Presidencia Municipal en manos de Héctor Ortiz Orpinel, resumió en una palabra lo que sentía frente a esa decisión y al cambio en la Administración Municipal: tranquilidad.
Lo dijo así porque considera que está poniendo el cargo en manos de quien mejor conoce la administración, ya que fue durante cinco años secretario del Ayuntamiento y, a su vez, es conocido por todo el equipo municipal que, de alguna manera, se ha mantenido compacto y sin grandes cambios.
En otras palabras, es la continuidad garantizada, por toda la experiencia que trae Ortiz Orpinel, el abogado que ha compartido proyecto con Cruz desde hace unos 30 años.
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Pues ahora que Ortiz hizo sus primeros nombramientos como presidente municipal, prácticamente se puede decir lo mismo respecto a su decisión de dejar al frente de la Secretaría del Ayuntamiento a Miguel Mendoza Escamilla.
No tanto porque mantengan una relación añosa, sino porque Mendoza ha estado ahí al menos desde hace 16 años. Cuando Héctor “Teto” Murguía llegó a su segundo periodo en 2010, el funcionario ya era abogado en la Dirección Jurídica. Desde entonces daba seguimiento a demandas, indemnizaciones, acuerdos, negociaciones y ordenamientos.
En la administración de Armando Cabada subió a la Dirección y a Héctor Ortiz le tocó ratificarlo para que ahí permaneciera.
O sea que se ganó la confianza del hoy presidente municipal, quien ayer lo nombró nuevo secretario del Ayuntamiento.
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Por lo visto, lo que pesó en la decisión de Ortiz es el manejo que trae al dedillo Mendoza en cuanto a todos los expedientes jurídicos que involucran al Municipio.
Siempre ha estado ahí, en la representación legal, ya sea para asumir la defensa o para promover algún recurso ante cualquier instancia judicial o cualquier otro poder.
Así que, sin problema alguno, podrá hacer lo mismo desde la Secretaría del Ayuntamiento, para no colocar al Municipio en alguna situación de desventaja en cualquier conflicto legal o litigio en curso.
A ver ahora quién asume el hueco abierto en la Dirección Jurídica.
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Mientras la atención está puesta en la disputa por la coordinación estatal de Morena, donde hasta ahora compiten Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, en los territorios ya comenzó otra batalla menos visible, pero igual de intensa: la pelea por las cuatro candidaturas a diputaciones federales de Juárez.
La lista de tiradores crece cada semana y amenaza con dejar a más de uno destapado cuando llegue la hora del reparto.
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Ahora sí que en Morena no va a alcanzar la cobija para tanto aspirante que tiene la mirada puesta en las diputaciones federales.
Ya empiezan los movimientos de quienes sueñan con llegar a San Lázaro para cobrar sus más de 100 mil pesillos mensuales, libres de polvo y paja.
En el calendario morenista primero serán los registros para las coordinaciones distritales federales, incluso antes que las municipales, porque para el CEN morenista es más importante esa definición que las alcaldías, aunque acá sea diferente la perspectiva por el tamaño y la importancia de un municipio como Juárez. Como quiera que sea, ya saldrá la convocatoria cuando se acabe la Copa Mundial.
Pero, por mientras, ya andan varios desatados buscando los cuatro huesillos federales y competirán no únicamente con las figuras de otros equipos o hasta de los grupos políticos a los que pertenecen; también se pelearán el espacio con quienes hoy tienen la diputación y conservan el derecho a la reelección.
Entre los más movidos está el actual director de Asentamientos Humanos del Municipio, Julio César de la Cruz, lo mismo que el regidor Antonio Domínguez, ambos con el ojo puesto en el Distrito 03, ese que hoy está en manos de Lilia Aguilar, quien llegó con el apoyo de la alianza con Morena, pero siglada por el PT.
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Ahí mismo levantó la mano el joven abogado Diego Curiel, uno de los apoyadores de Andrea Chávez, y también podrían anotarse las regidoras Mary Adame y Paty Mendoza, aunque si no les alcanza para la diputación federal, están listas para buscar la local.
Otra figura que está empujando para conseguir alguna de las posiciones federales, luego de que se bajó de la contienda municipal para dejarle la cancha libre a Mayra Chávez, es Ana Carmen Estrada, la síndica municipal que antes fue regidora y también diputada local.
Muy cotizados estarán los cuatro distritos y seguramente también acabará en la lista de aspirantes el hoy coordinador de la bancada de Morena en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada, otra figura del equipo de Ariadna Montiel que estaba listo para buscar la alcaldía, pero podría “conformarse” con la diputación federal.
Todo mundo está levantando la mano. También lo hizo la diputada local Jael Argüelles, quien, igual que algunas otras de sus compañeras de bancada montielista, está más que puesta para brincar a la curul federal.
En todos los grupos hay aspirantes. Por ejemplo, está la delegada de Economía, Belinda Díaz, quien trae el respaldo del secretario Marcelo Ebrard, al mismo tiempo que hace equipo con el senador Juan Carlos Loera.
Otro que se promociona con todo porque quiere brincar de la Torre Legislativa de Chihuahua a San Lázaro es el diputado local Óscar Avitia, quien hace equipo con Andrea Chávez y con Loera.
También faltan otros crucistas que seguramente no quedarán fuera del reparto y que, si no alcanzan en lo federal, caerán en lo estatal, como el caso del regidor Jorge Bueno, quien trae todo el respaldo de la alianza del SNTE con la Presidencia Municipal.
Ahí está otra grilla cocinándose, mientras la atención se concentra en el proceso por la coordinación estatal.
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El mensaje emitido por el presidente Donald Trump en la reunión del G7, donde habló de “entrar por tierra” a combatir a los cárteles mexicanos, causó revuelo en los medios informativos de todo el mundo y, por supuesto, en los nacionales y los de Chihuahua, estado particularmente afectado por la actividad de esas organizaciones.
Sin embargo, el discurso del mandatario estadounidense no se quedó solo en un “ahí voy con mis tropas” a México, como muchos lo leyeron, ni tampoco en un derrocamiento del actual Gobierno federal, como lo deseaban otros.
Lo que sí quedó claro en su discurso es que, por primera vez, admite la complejidad con la que operan los cárteles mexicanos, lo cual les ha permitido eludir una serie de barreras legales en ambos lados de la frontera para traficar su ilegal mercancía en todas partes y a todas horas.
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Ante los líderes del G7, el presidente estadounidense dijo lo que ya leímos hasta el tope: que México está controlado por cárteles y que la presidenta es una buena mujer, pero que les tiene miedo. Sí, pero no solo señaló eso.
En un tono irónico, tal vez sarcástico, “elogió” la creatividad de quienes trafican drogas, señalando que “si usaran esa genialidad para el bien, serían personas muy ricas”.
Mencionó que la mercancía ilícita es escondida en lugares difíciles de detectar de los vehículos, tales como motores, tapas de ruedas y otras estructuras de los autos.
Eso lo oímos los mexicanos incluso en uno de los corridos más famosos dedicados al trasiego de drogas: “Contrabando y traición”, donde se hablaba de una pareja que transportaba marihuana en las llantas del auto. Por lo visto, Trump no había siquiera oído esa popular canción de Los Tigres del Norte.
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Quienes esperaban que al día siguiente estuvieran las tropas del “U.S. Army” en México deberán esperar para la otra.
Si algo dejó en claro el conflicto con Irán es que el Ejército estadounidense se la piensa dos y más veces para enviar a sus efectivos a combatir, porque esas operaciones son sumamente impopulares.
En Chihuahua, como en otras partes del territorio, esos cárteles operan en zonas urbanas, pero también en escarpadas montañas y en profundos valles, donde conocen al dedillo el terreno y la forma de eludir a las partidas que mandan a combatirlos.
Los que apostaron por esa ventana de oportunidad para hacerse del poder podrían, mejor, ponerse a armar una plataforma política que les permita llegar al Gobierno mediante el voto de los mexicanos.
Don Mirone