Bien dice el dicho que Dios los hace y ellos se juntan.
Se refiere Mirone a los dirigentes estatales de los chiquipartidos que andan preparando el camino rumbo al 2027 para no quedarse fuera del reparto del pastel político.
Circuló bastante la fotografía del encuentro entre Alejandro Domínguez (PRI), Francisco Sánchez (Movimiento Ciudadano), Tania Aguilar Gil (PT) y Octavio Borunda (Partido Verde).
Fue el dirigente tricolor el primero que la compartió y comentó que en la encerrona se habló del análisis sobre las distintas iniciativas que en materia electoral han entrado al Congreso del Estado, a 18 días de que venza el plazo para que se procese y apruebe cualquier reforma si se pretende que adquiera vigencia para el proceso 2026-2027.
“Cuando se trata del futuro de Chihuahua, el diálogo entre distintas fuerzas políticas siempre suma (…) Escuchar distintas visiones y construir espacios de diálogo fortalece nuestra democracia y enriquece cualquier propuesta de cambio”, escribió el presidente del PRI y también diputado federal.
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Domínguez anda en lo suyo, construyendo acuerdos con el resto de los partidos pequeños, al mismo tiempo que presiona al PRI y al PAN para concretar la alianza o coalición para la elección del 2027.
En el actual momento electoral, parece que ya no se sabe quién está con quién y quién está en contra de quién, porque hay mucha dualidad y contradicciones.
Ahí está el caso de la forma de operar del PT y el Partido Verde, partidos que a nivel federal mantienen la alianza político-electoral con Morena, pero que en Chihuahua caminan al ritmo que les marcan el PAN y Palacio.
El PRI anda en los dos escenarios con todo contra Morena, igual que el partido naranja, y todavía está por verse si en la próxima elección los tricolores serán amigos o enemigos formales del PAN en Chihuahua.
Respecto a MC, todo pinta a nivel federal a que el partido fosfo-fosfo mantenga su apuesta de ir por vía separada, aunque a nivel estatal no se descarta que opere algún tipo de alianza o coalición con el PAN, partido del cual han caminado muy de la manita, incluso el año pasado cuando se dio la elección judicial.
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En lo que ya se vio que coinciden los cuatro partidos, a los que les gusta aquí vender caro su amor, es en la propuesta de reforma electoral para que en el reparto de regidurías plurinominales se incluya a las candidaturas perdedoras por las alcaldías.
De alguna manera quieren manejar ese incentivo para quienes de antemano se avienten a una elección que saben que van a perder, con el objetivo de subir, por la operación política, la votación que finalmente les ayude a mejorar sus prerrogativas, además de facilitarles el reparto de los espacios y el control de sus franquicias electorales.
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Sean o no futboleros de corazón, las principales figuras que aspiran a los cargos que estarán en juego en 2027 se pusieron la camiseta de la Selección Mexicana para el partido inaugural de la Copa Mundial de Futbol.
Y como si no hay publicación no cuenta, se llenaron las redes de fotografías dando cuenta de su participación en la fiebre mundialista.
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El alcalde y aspirante a la gubernatura, Cruz Pérez Cuéllar, se aventó el juego junto a sus hijos menores y su esposa Rubí, portando todos el jersey color negro con vivos tricolores.
“Viviendo la emoción mundialista junto a mi familia”, compartió el alcalde.
Desde antes del juego, la senadora Andrea Chávez, también en el carril de competencia por la gubernatura, se puso la verde y posó para lucir su embarazo con el siguiente mensaje: “Pura buena vibra para nuestra Selección Mexicana”.
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Del lado blanquiazul, el alcalde Marco Bonilla, el más adelantado prospecto para hacerse de la candidatura por ese partido, se descolgó junto con su familia a la Plaza del Ángel, en la capital del estado, y compartió con los asistentes al convivio que organizó el Gobierno del Estado para la transmisión del partido.
“Rodeados de miles de familias chihuahuenses, gritamos y celebramos juntos que arrancamos el Mundial con el pie derecho, ganándole a Sudáfrica con un golazo de Quiñones y otro de Jiménez”, escribió el alcalde.
Otro alcalde, pero de Delicias y también suspirante por la candidatura azul, se fue a ver el partido con toda la raza que se juntó en el Gran Estadio Delicias, también bajo el patrocinio y la convocatoria estatal.
Daniela Álvarez, la presidenta estatal del PAN que, por el tema de género, todavía se menciona como prospecto azul para la gubernatura, también realizó su publicación luciendo el jersey verde. Lo hizo desde la sede partidista en la capital del estado y, al parecer, no se fue a ningún espacio público.
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A poco menos de un año de que el electorado salga a las urnas para elegir a un nuevo gobernador o gobernadora constitucional del estado, en la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH) ya se vive un ambiente de efervescencia político-electoral comparable únicamente con el que traen los aficionados al futbol por el inicio de la Copa Mundial 2026.
Los diversos grupos que habitan las aulas, oficinas y salones de maestros comienzan a perfilarse para apoyar a uno u otro aspirante, tanto en los procesos internos de los partidos como en la elección constitucional del próximo año.
Suele suceder: es el futurismo político de siempre. Si esto fuera futbol, ya estaríamos levantando la copa sin discusión.
Lo interesante es que algunos ya están juntando piedras para llevárselas al próximo gobernador o gobernadora con la intención de quitar a Luis Alfonso Rivera Campos de la Rectoría.
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Si desde el año pasado ya existían brotes de inconformidad por la gestión del llamado “Primer Primo del Estado”, ahora que se acerca el final del actual sexenio los operadores políticos de siempre comenzaron a afilar los cuchillos para ponerlos a disposición de quienes se perfilan para encabezar el Poder Ejecutivo estatal en el periodo 2027-2033.
Algunos de esos grupos ya se han acercado a equipos de precampaña de al menos tres de los aspirantes más visibles: Cruz Pérez Cuéllar y Andrea Chávez, por Morena, y Marco Bonilla, por el PAN, nada más para tantear el terreno y ver quién podría ofrecerles una transición tersa en la universidad más poblada del estado, evitando un foco de inestabilidad política como los que se han visto en décadas anteriores.
Dejarían de ser grillos universitarios. Muchos de ellos son los mismos que comenzaron a acercarse a María Eugenia Campos Galván (PAN) y a Juan Carlos Loera (Morena) cuando ambos competían por la gubernatura de Chihuahua.
¡Míralos! Ahí andan otra vez.
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Lo que suena y resuena en este proceso que está por arrancar es la posibilidad de repetirle la fórmula a la UACH y remover al rector antes de que concluya su periodo.
Así se la aplicaron a Luis Fierro, quien ocupaba la Rectoría cuando Maru Campos asumió la gubernatura. Lo que siguió es historia: dejó el cargo un año antes de que terminara su gestión.
Lo que buscan ahora es que quien gane —o quien llegue con mayores posibilidades de hacerlo— tenga listo un escenario que le permita remover a un rector que, según sus críticos, no ha dado una, mantiene a la UACH endeudada hasta los ranchos y no ha logrado elevar el nivel académico de la institución.
Después vendría la siguiente jugada: preparar el terreno para elegir a un nuevo rector con periodo completo, pero alineado al próximo Gobierno. No importa que no sea primo del próximo gobernador o gobernadora; basta con que cojee de la misma pierna política de la futura administración.
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Nerviosos, acalambrados, mal dormidos. Así se puede describir el estado de ánimo que priva hoy en día entre el sector industrial de Chihuahua por el anuncio del presidente Donald Trump de que no renovará el tratado comercial con México y Canadá.
Los casi dos años de incertidumbre económica que ha vivido el estado y el país desde que el actual presidente ocupó la Sala Oval de la Casa Blanca ya han sacado suficientes canas y provocado más de una gastritis entre promotores de inversiones, operadores de parques industriales y, por supuesto, entre los sectores industrial, comercial y de servicios.
Los optimistas esperaban que con la revisión del ahora llamado T-MEC se aflojaran las amarras y comenzaran a confirmarse los proyectos de inversión que quedaron en stand by desde inicios del año pasado, cuando inició la segunda gestión de Trump. Lo malo es que ya ha pasado casi año y medio y las cosas parecen empeorar.
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Para darnos una idea, el valor de las exportaciones que realiza el país desde el estado de Chihuahua superó los 21 mil millones de dólares tan solo en el primer trimestre del año, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
Aun sin un “nuevo” T-MEC, las exportaciones chihuahuenses crecieron 27.5 por ciento, el segundo rango más alto del país durante ese periodo.
Ese avance se logró sin que hubiera una resolución en torno al tratado comercial y a pesar de que las fronteras para la exportación de ganado siguen cerradas.
El sector productivo estaba haciendo la tarea y la entregaba a tiempo, pero un pequeño estornudo desde la Casa Blanca ya desató una bronquitis entre el sector productivo de Chihuahua, según le cuentan a Mirone.
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Si existe la percepción de que las reglas comerciales entre Estados Unidos y México cambien drásticamente, algunos proyectos pueden posponerse o dirigirse hacia otras regiones del mundo.
Para Chihuahua, ese riesgo es particularmente inquietante porque, durante las últimas décadas, la entidad y otros estados fronterizos han logrado atraer inversiones precisamente porque ofrecen acceso preferencial al mercado estadounidense. Si ese acceso se vuelve incierto, la ventaja competitiva se reduce.
De aquel lado de la frontera tampoco están muy tranquilos. La industria automotriz, los productores agrícolas y buena parte del sector manufacturero dependen de la integración entre ambos países.
Eso es lo que tratan de plantear ahora los negociadores mexicanos: que estados como Chihuahua no son un problema para Estados Unidos; más bien son parte de la solución. Las plantas instaladas en Juárez, Chihuahua, Delicias y Cuauhtémoc contribuyen a que empresas estadounidenses produzcan con menores costos y mantengan competitividad global.
Suena bien. Solo falta convencer a Donald Trump de que ambos países se necesitan. Y eso sí que va a estar difícil.
Don Mirone