La presidenta Claudia Sheinbaum aseguró que se mantiene “tranquila” frente a la polémica que involucra al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y a la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, en medio de tensiones con Estados Unidos.
En su posicionamiento, la mandataria dejó claro que su gobierno no actuará bajo presión externa y que el tema debe leerse desde un principio que considera innegociable: la soberanía nacional.
“La presidenta está fuerte, está sólida, segura… yo estoy tranquila, sin ningún problema… es tiempo de la defensa de los principios y hay un principio que se llama soberanía y esa no se negocia”, afirmó.
Las declaraciones se dan luego de que desde Estados Unidos surgieran señalamientos contra Rocha Moya, lo que ha escalado en el debate público y ha colocado también en la conversación a Chihuahua, en medio del contexto reciente sobre la presencia de agentes extranjeros en operativos en la entidad.
Sheinbaum rechazó que su gobierno esté atrapado entre presiones políticas o en una situación de vulnerabilidad frente a estos señalamientos.
Por el contrario, sostuvo que su administración actuará con base en la verdad y conforme a los procedimientos legales, descartando versiones que apuntan a una supuesta crisis o a decisiones condicionadas por el entorno internacional.
En ese mismo tono, cuestionó a sectores de la oposición por lo que calificó como difusión de información falsa alrededor de estos casos, lo que —dijo— contribuye a generar confusión en lugar de claridad.
El mensaje de la presidenta se inserta en una narrativa más amplia que ha sostenido en días recientes, en la que insiste en la defensa de la soberanía frente a cualquier tipo de intervención o presión externa.
En el fondo, el posicionamiento no solo responde al caso de Rocha Moya, sino al momento que atraviesa la relación bilateral con Estados Unidos, donde el gobierno mexicano ha reiterado que cualquier señalamiento debe sustentarse con pruebas y apegarse a los canales institucionales.
El tema ha escalado más allá de lo judicial y se ha convertido en un frente político que involucra a distintos actores y niveles de gobierno, en medio de un entorno marcado por tensiones, señalamientos cruzados y lecturas electorales.
En ese escenario, Sheinbaum optó por cerrar filas: sin confrontación directa, pero marcando con claridad el límite de su postura.
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