La gobernadora Maru Campos tendrá hoy agenda en esta ciudad, a la que llegará justo cuando se reactivó otro capítulo de la telenovela de desencuentros con el alcalde Cruz Pérez Cuéllar.
Eso de tener Gobiernos yuxtapuestos, con el color azul por un lado y guinda por el otro, nomás no le ha ayudado nadita a Juárez para que los gobernantes se pongan en la única sintonía que en verdad le interesa a la ciudadanía: resolver los problemas más apremiantes de la ciudad, que los hay —y muchos— en distintos rubros.
El caso es que, con las aceleradas pre-pre-precampañas rumbo al 2027, no se ven incentivos para el consenso o los acuerdos; por el contrario, la mesa está servida para la polarización y el disenso. Todo se mira con lentes electorales.
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En la trama política estatal, el nuevo diferendo se detonó tras darse a conocer que hubo una retención del Impuesto Sobre la Renta reportada al SAT por parte del Gobierno Municipal, una evasión que se arrastra desde la administración de Armando Cabada.
El punto es que, desde que se hizo la revelación desde el Gobierno del Estado, se le quiso cargar el muertito al actual alcalde juarense, Cruz Pérez Cuéllar, y al mismo tiempo se buscó dar a la administración estatal el papel de “salvadora”, al gestionar desde Hacienda una posible rebaja del monto adeudado.
Cuando fue cuestionada por periodistas en Chihuahua, la gobernadora Maru Campos arremetió contra el alcalde, a quien acusó de estar distraído por andar anticipadamente encampañado, en lugar de atender temas como el adeudo fiscal.
“Recuperamos dinero para Ciudad Juárez que traían perdidos en Hacienda. Se lo recuperamos al alcalde Cruz Pérez Cuéllar; lo hizo Gobierno del Estado a través de su Secretaría de Hacienda”, dijo la mandataria.
Y remató: “no se vale ese descaro de tantas cosas a la vez”.
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Claro que Cruz Pérez Cuéllar respondió desde Juárez y cuestionó que se maneje una narrativa “tan irresponsable”.
Según el alcalde, desde Gobierno del Estado saben perfectamente que el pendiente fiscal no corresponde a su administración, sino a la de su antecesor, Armando Cabada.
“Nunca me desmienten porque siempre digo la verdad. Ahorita aprovechan todo y ya nada más falta que con inteligencia artificial me pongan prendiendo un incendio… no estoy nada distraído, estoy muy concentrado”, soltó.
El caso es que gobernadora y alcalde no están en la misma sintonía. Y en esa discrepancia, la única que pierde es la ciudad.
Ya se verá hoy si hay coincidencias o si, más allá de la agenda oficial, cada quién seguirá tocando su propia partitura rumbo al 2027.
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La alianza entre Ariadna Montiel y Cruz Pérez Cuéllar luce, a estas alturas, como una inscripción grabada en piedra, a grado tal que las estructuras políticas que operan en torno a la secretaria del Bienestar ya comenzaron a moverse para defender al alcalde juarense.
Hasta antes del 6 de marzo, con motivo de aquel célebre “desayuno” que reunió a lo más granado de la política morenista juarense, era prácticamente impensable ver al líder de la bancada de Morena en el Congreso del Estado, Cuauhtémoc Estrada, salir a dar la cara por Pérez Cuéllar.
Antes, al contrario, predominaban el recelo, el deslinde y hasta cierto aire de reclamo cuando señalaba que los funcionarios del Gobierno del Estado atendían mejor sus gestiones que el Gobierno crucista.
Eso, por lo visto, ya quedó en el pasado.
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A 32 días de aquel desayuno en la Ciudad de México, donde coincidieron Ariadna Montiel, Cruz Pérez Cuéllar, Mayra Chávez —delegada del Bienestar y aspirante a la alcaldía— y el propio Cuauhtémoc Estrada, el legislador ya salió a poner la cara por “su” alcalde.
En su tradicional “mañanera” de los miércoles, Estrada respondió al señalamiento de que el Gobierno del Estado había “salvado” a Cruz por el adeudo de más de 108 millones de pesos con el SAT.
No fue menor lo que hizo: sacó a Pérez Cuéllar de la conversación sobre un acto que en su momento incurrió el Gobierno municipal juarense: no reportar al SAT las retenciones de ISR a los trabajadores, conducta considerada defraudación fiscal y castigada con cárcel.
Pero ahí estaba Cuauhtémoc para atajar el balón en el último minuto: la deuda corresponde a las administraciones 2016-2018 y 2018-2021, encabezadas por Armando Cabada, entonces alcalde “independiente”.
Con precisión, el diputado ariadnista detalló la cuenta: 75 millones en 2017, 37 millones en 2018, 22 millones en 2019 y 21.5 millones en el tramo final.
Y remató con una frase que cerró filas: “Lo que está haciendo la administración de Cruz es dar cumplimiento a eso. Ya le queda el último pago”.
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En política, dicen los clásicos, no existen las casualidades, y lo de Estrada no es la excepción.
Un día antes, el legislador desairó una invitación de la gobernadora Maru Campos dirigida a todos los grupos parlamentarios del Congreso. ¿No fue o no le dieron permiso? Tampoco acudieron otros diputados leales a Ariadna Montiel. ¿Desaire o disciplina?
Lo que hizo José Granillo, secretario de Hacienda estatal, al exhibir los adeudos “de Cruz” con el SAT, fue mucho más que un comunicado: dio el banderazo de salida de una batalla preelectoral.
Una que, por lo visto, ya empezó… y no terminará sino hasta antes del domingo 7 de junio de 2027.
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La pregunta que se hacen en los cuarteles de guerra de los aspirantes a ocupar la gubernatura de Chihuahua es a quién beneficia o a quién perjudicaría una candidatura del vocero de la comunidad mormona en el estado, Julián LeBarón.
La interrogante queda flotando en el ambiente luego del activismo que tuvo el líder de una de las fracciones de los LeBarón de Chihuahua en medios de comunicación nacionales, donde le dieron amplios espacios en entrevistas poco incómodas y más bien complacientes.
Quienes conocen del tema saben que no es casualidad que una seguidilla de entrevistas a modo en medios nacionales se consiga por la chula cara del entrevistado, ni por lo buenas gentes que son los medios.
No: ahí hay algo más.
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Entre las apariciones que destacaron estuvo la entrevista con Adela Micha, una de las conductoras de mayor rango en la radio y televisión de México. Los entrevistados que aceptan ir a los programas de la señora Micha saben que no van a un día de campo y que enfrentarán, en algún momento, duros cuestionamientos. No fue el caso de Julián LeBarón.
Tampoco se ha hecho un análisis serio sobre las probabilidades que tiene de reunir todos los pesados requisitos establecidos en la legislación electoral del estado y del país para registrar una candidatura independiente.
Como quien dice, ya lo tratan como candidato, ni siquiera como uno de esos ocurrentes que siempre salen al paso en temporada electoral. ¿En serio ya lo ven encampañado? Si es así, ¿por cuál partido?
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Porque, si se escucha con atención el discurso del líder LeBarón, las premisas son casi las mismas que enarbola la oposición a la 4T, sobre todo la identificada más claramente con el PAN.
Frases como “no hay libertad”, el país que quiere “heredarle a sus hijos” o que la prosperidad depende del esfuerzo individual de cada persona —sobre todo cuando destaca la condición de holgura económica en la que viven los miembros de su comunidad— se parecen mucho al discurso panista.
Si así van las cosas, bien vale preguntarse: ¿es la carta escondida del panismo, por si la candidatura de Marco Bonilla no logra prender fuera del municipio de Chihuahua, o irá a quitarle votos en la próxima elección?
Porque, visto el panorama como está, es difícil imaginar que la clientela electoral de Morena opte por una figura como Julián LeBarón, quien tiene añejas rencillas con sus vecinos “mexicanos” y acusaciones recurrentes por acaparamiento de agua en la región noroeste del estado.
No le queda mucho tiempo a Julián LeBarón para juntar todas las fichas necesarias para ser candidato independiente. Tampoco se ve de dónde pueda sacar estructura operativa en municipios que no sean los del noroeste y, tal vez, en la capital.
¿Será acaso que le están echando sus “treinta libras” a una candidatura que retrata bien en televisión los perfiles ideológicos del conservadurismo mexicano? Aquí bien vale hacerse la pregunta que hacía el ingenioso líder priista Artemio Iglesias cuando se le aparecía un repentino aspirante a candidato: “Y a este, ¿qué marca de jabón lo patrocina?”
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El tema de la alianza del PAN con el PRI rumbo al 2027 sigue dando mucho de qué hablar en el escenario nacional, estatal y local.
Ya está muy cantado que desde la dirigencia nacional quieren sepultar los acuerdos con Alito Moreno, que tanto le costaron al PAN y tanta ventaja le dieron al PRI a la hora de repartir posiciones.
Nada más hay que ver lo que pasó en Chihuahua con el reparto de las diputaciones federales en 2024, para ilustrar lo ventajoso que resultó la alianza para los tricolores: el PRI logró tres posiciones de mayoría relativa y el PAN únicamente una. Con las “pluris”, cada bancada sumó un asiento más.
A final de cuentas, hay cuatro diputaciones del PRI y dos del PAN.
Y en términos de identidad y posicionamiento de marca, también tuvo un alto costo para el PAN, que ahora quiere soltar el lastre del PRIAN como amalgama convenenciera de la oposición a Morena.
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Pues a nivel estatal también le están haciendo “fuchi” a la marca PRI, pero le hacen guiños a su operación política real en territorio, a partir de liderazgos específicos, no necesariamente los formales u oficiales que representan los Alitos, tanto a nivel nacional como estatal.
Por eso dice Mirone que no quiera el PAN reconocer su amasiato con el PRI, pero bien que quieren ponerles a los liderazgos locales sus respectivas casas chicas.
Eso es lo que se ve que se está perfilando en todo el estado, incluyendo a Ciudad Juárez, rumbo al 2027, para las distintas elecciones locales: no formalizar la alianza con el PRI y sus dirigentes, pero operar de facto un acuerdo con sus operadores y figuras más visibles y vigentes.
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En Juárez existen liderazgos que operaron territorio en tiempos de Patricio Martínez, José Reyes Baeza y hasta del encarcelado César Duarte, que están dispuestos a activarse en favor de la causa azul y que, además, ya traen una alianza de facto con Palacio de Gobierno, al menos desde 2024 y, en algunos casos, desde 2021.
Lo que sabe Mirone es que se estarán afinando los acuerdos para tener compromisos directos con todas esas figuras tricolores, con quienes podría continuar la alianza electoral y de Gobierno, sin tener que pasar por las dirigencias formales.
De esa manera, el PAN no cargaría con los negativos de la marca PRI, pero sí se beneficiaría de la operación territorial que saben hacer sus generales, coroneles y hasta soldados rasos, pensando en un ganar-ganar para el priismo local y el PAN, sin tener que saldar una factura cara frente a los dirigentes.
Hay muchos expertos tricolores que bien pueden revivir “el compromiso político” en favor del PAN, aquella estrategia de padrinazgos de funcionarios que tenían a su cargo —o debían rendir cuentas— por secciones electorales, tareas que apenas anda ahora explorando el PAN con sus estructuras gubernamentales.
El calorcito, pues, se lo darían mutuamente el PAN y el PRI, pero en lo oscurito, no a la vista del electorado.
Don Mirone