A unas horas de salir del Centro de Reinserción Social para Adolescentes Infractores (Cersai) número 2 de Ciudad Juárez y de ingresar al Cereso estatal número 3, un joven que dijo haber cumplido 19 años hizo una revelación estrujante, a manera de reflexión para que personas similares a él entiendan lo que se están jugando al meterse a “la maña”.
Identificado con el mote de “Delfín Optimista”, explicó que, cuando tenía 17 años y trabajaba en un negocio de venta de hamburguesas ubicado en la colonia La Cuesta, tenía el sueño de ganar más dinero para ostentarse a lo grande.
Ahí ganaba 3 mil 500 pesos a la semana, pero quería más.
Dijo que otro joven, a quien consideraba su amigo, le ofreció una conexión. Para el reclutamiento no hubo promesas de grandes sueldos, solamente instrucciones.
El primer trabajo consistió en transportar armas, acción por la cual recibió 2 mil 500 pesos.
En su mente de adolescente, la suma de ambos ingresos —el legal y el clandestino— le daba una falsa sensación de éxito, pues, según él, ganaría 6 mil 500 pesos a la semana, una cantidad que, para alguien de su edad, no estaba nada mal.
Así que él y su compañero realizaron el encargo y se dispusieron a una segunda actividad que, según les explicaron, consistía en cuidar a tres personas privadas de su libertad en la periferia de la ciudad, en un sitio del que no dio mayores detalles.
Durante una semana, él y su compañero custodiaron a las víctimas utilizando un arma de fuego, pero la inexperiencia y el cansancio jugaron en su contra.
Delfín detalló que, en un descuido, mientras se turnaban para dormir, su compañero cometió el error que terminó con su “carrera criminal” antes de empezar: le prestó un celular a uno de los secuestrados.
En solo 15 minutos, la casa de seguridad estaba rodeada por elementos policiales, luego de que la ubicación fuera enviada a la novia de la víctima.
Antes de su traslado a la cárcel de adultos, Delfín compartió la siguiente reflexión:
«Esto lo cuento para que hagan cabeza los morros mecos que andan cagándola… escuchando al Makabelico y charoleando cuando ni en su casa los conocen«, relató, en alusión a los llamados jóvenes “alucines”.
El joven advirtió a otros, sobre todo a estudiantes de preparatoria, sobre la fragilidad de las lealtades en la maña.
Explicó que, en el tiempo que lleva encerrado, ninguno de los supuestos compas con los que se involucró lo han visitado.
Lamenta que su juventud la vaya a vivir tras las rejas, pues enfrenta una sentencia de al menos ocho años más.
Su mensaje final es una advertencia para quienes ven en la delincuencia un camino rápido: «Hubiera preferido mil veces jalar en la maquila que esto«.
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