En otra ocasión les hablé ya del poeta Balam Rodrigo, a propósito de su Libro centroamericano de los muertos, Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes en 2018. Tiene varios libros de poesía publicados, como Colibrije (Premio José Emilio Pacheco 2016), Cantar del ángel con remos en la espalda (2019), Machete sin hoja al que le falta el mango (XVII Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón 2023), entre muchos otros. También cuenta con libros de ensayo, como su más reciente Kraken, libro en el que colaboró su esposa, Itzel Durán Fuentes; este poema ensayo científico ganó el Premio Bellas Artes de Ensayo Literario José Revueltas 2024.
Hoy les hablaré de Icarías (2020), poemario que el propio Balam Rodrigo advierte que ganó el XXXII Premio Nacional de Poesía San Román en 2007 y que lo escribió ese mismo año mientras se desplazaba por la Ciudad de México en bicicleta o a pie, muchos poemas fueron escritos en papel del pan, en servilletas o en hojas sueltas. Este libro, entonces, habla de las calles, del bullicio, de las personas, de los animales, de la vida en la capital del país en su recorrido poético.
Asimismo, Icarías busca una expresión poética inusitada, lleva el lenguaje a una tensión extrema que intenta retratar esta Ciudad de México en la tensión del lenguaje, es una ciudad ruda y bestial, ajena a aquella de la que habla Bernardo de Balbuena en Grandeza mexicana, llena de flores, “primavera inmortal y sus indicios”, sino que ahora “tú no vives la ciudad: la mueres”. En este sentido, pareciera que la capital ha caído como Ícaro con las alas derretidas.
Balam Rodrigo desde los paseos en la ciudad se vuelve extranjero en ella y extraña su pueblo del sureste, busca y no encuentra “los sendos muy pescados a las brasas” ni “aquellas tortillísimas” ni “los caldísimos de bagre pa’l contento botanar mío”. Alrededor del flaneur deambulan sin cesar los citadinos insomnes, sonámbulos sin memoria, son “ciegos ícaros que beben un sol muerto”.
La apuesta de Balam Rodrigo golpea fuerte en la consciencia y forma parte de lo que también es la gran ciudad mexicana, con sus ambivalencias, sus rostros múltiples, es cierto que a veces podemos maravillarnos como lo hizo Balbuena, pero también podemos sentirnos acongojados, melancólicos, como lo expresa el poeta chiapaneco en su Icarías. Anímense a leerlo.
* Los comentarios del autor son responsabilidad suya y no necesariamente reflejan la visión del medio.