En una ciudad donde los espacios seguros y educativos no sobran, La Rodadora apostó por crecer y renovarse para seguir siendo un lugar donde niñas, niños y familias aprenden jugando, conviven y se reconectan con la ciencia.
Cada año, el museo recibe cerca de 200 mil visitantes, muchos de ellos estudiantes en condiciones de vulnerabilidad que encuentran en sus salas una forma distinta de acercarse al conocimiento. El objetivo es claro: despertar curiosidad, fortalecer vínculos familiares y aportar al tejido social.
El fortalecimiento se refleja en el área Rodásica, donde nuevos animatrónicos y experiencias inmersivas permiten a las y los visitantes interactuar con el mundo de los dinosaurios. La experiencia va más allá de observar: invita a correr, explorar y preguntar.
El biodomo de paleontología sumó cuatro juegos interactivos que permiten viajar por las eras geológicas, conocer la anatomía de especies prehistóricas y aprender a través del movimiento y la tecnología.
El proyecto también actualizó el esqueleto del mamut colombino, renovó los contenidos del cine 3D y reforzó la seguridad y operación del museo, además de integrar un escenario para ampliar su programación educativa y cultural.
La directora de La Rodadora, Mónica Félix, destacó que el valor del proyecto consiste en mantener el aprendizaje a través del juego, la interacción y el asombro, principios que guían la misión del museo.
Con una afluencia mensual de entre 15 mil y 20 mil personas, el museo funciona como un punto de encuentro familiar y comunitario en una ciudad con retos profundos.
Desde Fechac, su presidente en Juárez, Juan Carlos Orrantia, señaló que la fundación impulsa proyectos que amplían oportunidades educativas, sin importar el contexto socioeconómico, y que fortalecen a la comunidad a largo plazo.
Más allá de dinosaurios y tecnología, La Rodadora reafirma su papel como un espacio que educa, conecta y cuida a Ciudad Juárez.