Anoche, en el cruce de Río Usumacinta y Juan Pablo II, el Chevrolet Impala azul que conducía Richard Matthew Ozeta terminó montado sobre el camellón como si fuera rampa de acceso. No lo era.
Un error al volante bastó para dejar concreto destrozado, fierros expuestos y una postal que explica mejor que cualquier campaña de tránsito lo que significa no manejar a la defensiva.
El percance ocurrió alrededor de las 23:20 horas, según el reporte de la Coordinación General de Seguridad Vial. La causa: no extremar precaución, un factor que parece pequeño hasta que sucede —y se queda ahí, firmando con metal doblado.
Richard Matthew salió ileso. El vehículo y la infraestructura urbana no tuvieron la misma suerte. Trozos de concreto desprendidos quedaron esparcidos sobre el pavimento, dejando claro que la ciudad también paga cuando el volante no se toma en serio.
A veces basta un segundo para cambiar de carril. O para subirse a uno que no existe.
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